El monumento a la paz de Colombia en Cuba languidece junto a las relaciones entre los dos países

El Gobierno de Iván Duque toma distancia de la isla, garante de la implementación del acuerdo con la extinta guerrilla de las FARC

'Fragmentos', de la artista colombiana Doris Salcedo, el primero de los tres monumentos contemplados en los acuerdos con las FARC.
'Fragmentos', de la artista colombiana Doris Salcedo, el primero de los tres monumentos contemplados en los acuerdos con las FARC.Óscar Corral

Los diálogos de La Habana. Para hablar del proceso de negociación adelantando allí entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y la extinta guerrilla de las FARC, hoy desarmada y convertida en un partido político con representación en el Congreso, no suelen hacer falta más referencias. Como un gesto de agradecimiento, el acuerdo sellado hace ya más de tres años contempla que uno de los tres monumentos elaborados con el metal fundido de las armas de la que fuera la guerrilla más antigua de América debe erigirse en Cuba para celebrar la paz de Colombia. Pero esa postergada obra no se ha puesto en marcha y ahora languidece víctima del acelerado deterioro de las relaciones entre los dos países bajo el mandato del presidente Iván Duque.

El destino final de los fusiles de los rebeldes emergió en varias ocasiones como un foco de tensión durante los diálogos. Para las FARC se convirtieron en un punto de honor, tanto que el pacto firmado en noviembre de 2016 habla formalmente de “dejación” en lugar de “entrega”. Los negociadores pactaron que el arsenal de las otrora Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia sería entregado a la Organización de las Naciones Unidas. Posteriormente sería destruido y con ese metal se debían levantar tres monumentos: uno en Bogotá, otro en la sede de la ONU en Nueva York y el tercero en La Habana, que albergó durante casi cuatro años unas arduas negociaciones en las que Cuba y Noruega fueron los países garantes.

Fragmentos fue el primero. El espacio de arte y memoria creado por Doris Salcedo en una casona antigua del centro histórico de Bogotá, a pocas cuadras de la Casa de Nariño –el palacio de Gobierno–, condensa el espíritu de esa parte de los acuerdos. El impactante “contramonumento” de la artista colombiana, inaugurado en diciembre de 2018, está construido con el metal fundido de más de 8.000 armas transformadas en 1.300 placas. Sobre ese piso magullado a martillazos por víctimas de violencia sexual en el marco del conflicto armado, expondrán su obra cada año dos artistas colombianos o extranjeros por más de 50 años, el tiempo que duró la guerra.

El proceso para el segundo monumento, por medio de una convocatoria pública, fue un poco más tortuoso. Se encomendó en el ocaso del Gobierno de Santos (2010-2018) al artista chileno Mario Opazo, profesor de la Universidad Nacional de Colombia. Con siete toneladas de munición, construyó Kusikawsay – “vida nueva y venturosa”, en lengua quechua–, una suerte de canoa indígena que sale del suelo como un proyectil. La obra tuvo que sortear trabas burocráticas y logísticas para su traslado e instalación en Nueva York, pero ya se encuentra emplazada en el jardín de esculturas de la ONU, según detalló a este periódico el Ministerio de Cultura, la entidad encargada del proceso técnico de las esculturas.

En la Comisión de Seguimiento, Impulso y Verificación a la Implementación del Acuerdo de Paz (CSIVI) –en la que tienen asiento representantes del Gobierno colombiano, de las FARC y de Cuba y Noruega como países garantes– se acordó que representantes de la extinta guerrilla participarán en la inauguración, pero no se definió una fecha antes de que la crisis por la pandemia del coronavirus trastocara cualquier plan. “Por ahora no se ha contemplado un evento de presentación o inauguración para lo que resta del año”, señalan desde el ministerio.

El tercer monumento, a instalar en Cuba, es el que más retrasos presenta, y en la actual coyuntura se antoja como una metáfora del deterioro de las relaciones entre Bogotá y La Habana. La CSIVI decidió a finales de 2019 que se comisionaría a un artista de origen cubano, pero desde entonces no hay mayores desarrollos. Según el Ministerio de Cultura, Colombia ha realizado varias solicitudes a Cuba sin obtener respuesta. “En razón a que el Gobierno cubano aún no se ha pronunciado sobre el lugar del emplazamiento del monumento y sus requerimientos físicos, el Gobierno colombiano no puede adelantar el proceso”, sostuvo en sus respuestas a EL PAÍS.

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“No hemos vuelto a tocar el tema”, dijo la semana pasada Rodrigo Londoño, Timochenko, durante un encuentro virtual con la prensa. El presidente de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, el partido surgido de los acuerdos, condenó la “actitud mezquina” del actual Gobierno colombiano al no valorar los esfuerzos cubanos por la paz. “Quieren obligar a Cuba a que vaya en contravía incluso del derecho internacional”, señaló. Desde el partido también destacan las mil becas que La Habana ofreció para que excombatientes, víctimas y militares estudien medicina en la isla caribeña, donde ya se encuentran más de 500 colombianos.

Relaciones tormentosas

Duque fue elegido con el respaldo de los sectores que se opusieron a los diálogos. Aunque ha dicho en varias ocasiones que se propone cumplir con lo pactado, se ha ausentado de las grandes citas. No asistió a la inauguración de Fragmentos ni al inicio de las labores de la Comisión de la Verdad. La relación entre los Gobiernos de Bogotá y La Habana se ha venido deteriorando desde que llegó a la Casa de Nariño en agosto de 2018, y el monumento de Cuba sigue empantanado justamente en uno de los momentos de mayor tensión.

El distanciamiento involucra otro proceso de paz: se remonta a la ruptura del diálogo con el ELN, la última guerrilla activa en Colombia, luego de que atentó contra una escuela de cadetes con un saldo de 22 muertos, en enero de 2019. Cuba albergaba esas difíciles negociaciones, como ya lo había hecho con las FARC. Aunque La Habana condenó el atentado, ha negado a Bogotá la extradición de los negociadores del ELN, amparada por los protocolos de ruptura. En uno de varios episodios diplomáticos, Colombia fue de los poquísimos países que se abstuvo de votar en la ONU a favor de levantar el bloqueo económico a la isla en reclamo por lo que calificó como actos hostiles”.

Esa tensión alcanzó nuevos niveles el mes pasado, cuando Estados Unidos argumentó la negativa a extraditar a los guerrilleros para incluir a Cuba en la lista de países que “no cooperaron plenamente” con los esfuerzos contra el terrorismo de la administración de Donald Trump, un paso previo a una posible inclusión en la lista negra de patrocinadores del terrorismo. El comisionado de paz colombiano, Miguel Ceballos, lo celebró como “un espaldarazo” de Washington al Gobierno de Colombia y su insistente solicitud.

“La presencia de representantes del ELN en nuestro territorio, en la que descansa la acusación estadounidense, no es más que un pretexto endeble y deshonesto, carente de sentido y facilitado por la actitud ingrata del gobierno de Colombia”, sostuvo la cancillería cubana esta semana en un duro comunicado. Tanto Noruega como la ONU han destacado la importancia de Cuba como garante de la implementación del acuerdo con las FARC.

En Bogotá, los senadores de oposición Iván Cepeda, del Polo Democrático, y Antonio Sanguino, de Alianza Verde, convocaron a Ceballos a un debate de control político por “desfigurar” el cargo de comisionado de Paz. Desde la década de 1980 Cuba viene siendo un aliado fundamental de Colombia en la búsqueda de la paz, no solamente ha hecho toda clase de gestiones humanitarias, de acercamientos, facilitación y ha fungido como país garante, sino que además, ha prestado su territorio en múltiples ocasiones para que allí se hagan mesas de diálogo y largos procesos para lograr acuerdos de paz”, recordó Cepeda durante una cita en la que criticó la “subordinación” a Washington de un Gobierno que ha roto la tradición de la política exterior colombiana.

Los protocolos son para cumplirlos, argumentan los numerosos críticos de la actitud del Gobierno frente a Cuba. “Es la palabra empeñada del Estado colombiano”, apuntó recientemente el expresidente Santos. En una entrevista en el periódico El Tiempo calificó como “el colmo de la torpeza –y de la estupidez–” sacar pecho por la reciente decisión de Estados Unidos. “Es una vergüenza. Colombia en buena parte le debe a Cuba nada menos que la paz con las FARC”, valoró. El monumento de La Habana, con todo su peso simbólico, parece olvidado en medio de la vorágine diplomática.

Sobre la firma

Santiago Torrado

Corresponsal de EL PAÍS en Colombia, donde cubre temas de política, posconflicto y la migración venezolana en la región. Periodista de la Universidad Javeriana y becario del Programa Balboa, ha trabajado con AP y AFP. Ha cubierto eventos y elecciones sobre el terreno en México, Brasil, Venezuela, Ecuador y Haití, así como el Mundial de Fútbol 2014.

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