La política migratoria, la intratable asignatura pendiente de la UE

Bruselas promete apoyo a Grecia y anuncia que volverá a lanzar una propuesta para un paquete migratorio y de asilo el próximo día 30

El campo de refugiados de Moria tras el incendio, este miércoles.
El campo de refugiados de Moria tras el incendio, este miércoles.ORESTIS PANAGIOTOU (EFE)

La Unión Europea no ha logrado romper la cadena de crisis que atraviesa desde hace años. Y si bien ha conseguido hallar salidas ante graves amenazas a su supervivencia, sigue encallada a la hora de dar una respuesta a la emergencia migratoria. La incapacidad de pactar una nueva política para afrontar esa crisis ha llevado este miércoles a las ONG a afear a Bruselas que podría haber evitado la tragedia del incendio de este miércoles en Moria. Después de varios retrasos, la Comisión Europea ha fijado el próximo día 30 como la nueva fecha para presentar una propuesta de pacto migratorio. Alemania, que tiene la presidencia de turno de la UE, reclama acordar “de forma urgente” una política común de acogida por parte del mayor número de Estados posible.

El Gabinete de Ursula von der Leyen se fijó como objetivo para sus primeros cien días de mandato el diseño de un gran paquete migratorio que permitiera superar el sistema europeo de asilo de Dublín, que saltó por los aires con la crisis de 2015. La idea de la Comisión era crear un plan con múltiples aristas que recogiera demandas de todos, de modo que las capitales pudieran justificar cualquier renuncia ante sus ciudadanos. El vicepresidente Margaritis Schinas y la comisaria de Interior, Ylva Johansson, viajaron a todas las capitales para tejer un posible consenso. Cien días, sin embargo, acabaron siendo insuficientes para poner orden en uno de los debates más complejos y tóxicos que mantienen los Veintisiete.

Con la carpeta migratoria atascada desde 2015 por las grandes diferencias entre los socios, Bruselas tuvo que responder otra vez tras una nueva crisis. En este caso, otra tragedia. Las instituciones comunitarias lamentaron los hechos, expresaron su consternación y solidaridad y se mostraron dispuestas a movilizar apoyos. Von der Leyen pidió a Schinas que viaje “lo antes posible” a Grecia y recalcó a través de su cuenta de Twitter que la prioridad de su Ejecutivo ahora es dar seguridad “a quienes se quedan sin refugio”. También dijo que financiaría el reparto de unos 400 menores no acompañados a varios Estados miembros.

Por la tarde, una portavoz de la Comisión confirmó que el próximo 30 de septiembre se aprobaría la nueva propuesta para el pacto migratorio. Es ya la cuarta intentona en un periodo de poco más de nueve meses, en el que Bruselas ha tenido que afrontar otra grave crisis en la frontera entre Grecia y Turquía después de que Ankara se mostrara dispuesta a incumplir sus acuerdos para frenar los flujos migratorios a cambio de ayudas.

Divergencias en la UE

El Ejecutivo de Von der Leyen ya mostró entonces las contradicciones que conviven en el seno de la UE al apoyar primero sin fisuras la política de mano dura del Gobierno griego de Kyriakos Mitsotakis, al que ofreció apoyo financiero y operativo al actuar como “escudo de Europa”. Más tarde, introdujo matices y se alejó del anuncio de Atenas de congelar la tramitación de demandas de asilo y anunció que incrementaría las ayudas para los refugiados en Lesbos que decidieran voluntariamente volver a su país. Una portavoz de la Comisión explicó que, pese a las demoras que impuso la pandemia, esas ayudas empezaron a darse en agosto con un grupo de inmigrantes que decidió regresar a Irak.

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Esa política de paños calientes debía concluir, según fuentes comunitarias, en el momento en el que se aprobara un paquete migratorio. El descenso de la llegada de inmigrantes irregulares hizo que se aplazara hasta después de verano. Ese plan tenía sobre todo cuatro patas: el refuerzo de las fronteras exteriores con 10.000 agentes de la Agencia Europea de Fronteras (Frontex); los equipos de reacción rápida; la ejecución de las órdenes de expulsión, y un mecanismo de solidaridad. La idea era que la mano dura disuadiría a Varsovia y Budapest para que abriesen la mano con un sistema que no sería de cuotas.

Ese esquema dista mucho de contentar, por ejemplo, a España, que pide un mecanismo de reparto. Por ello, fuentes diplomáticas dudan de que la propuesta de Bruselas pueda cristalizarse de inmediato en un acuerdo. En el mejor de los casos, añadieron, se podría cerrar un calendario para ir avanzando en ese pacto. Ante esa perspectiva, Alemania –que tiene la presidencia de turno de la UE— reclamó un programa de acogida común “urgente” por parte del mayor número de países miembros.

Sobre la firma

Lluís Pellicer

Es jefe de sección de Economía de EL PAÍS, donde ha desarrollado la mayor parte de su carrera. Ha sido corresponsal en Bruselas entre 2018 y 2021 y redactor de Economía en Barcelona, donde cubrió la crisis inmobiliaria de 2008. Licenciado en Periodismo por la Universitat Autònoma de Barcelona, ha cursado el programa de desarrollo directivo de IESE.

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