El Gobierno alemán propone celebrar las elecciones en septiembre de 2021

La convocatoria marcará el final de la era Merkel tras el cuarto mandato de la política de centroderecha

La canciller alemana, Angela Merkel, tras una conferencia de prensa en junio del año pasado.
La canciller alemana, Angela Merkel, tras una conferencia de prensa en junio del año pasado.TOBIAS SCHWARZ (AFP)

El final de la era Merkel ya tiene fecha. El Gobierno alemán ha propuesto que las elecciones generales se celebren el 26 de septiembre de 2021, cita que aún debe aprobar el presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier. Se trata de una convocatoria excepcional, marcada por la pandemia, pero también por tratarse de las primeras elecciones desde 2005 a las que no se presenta la canciller, Angela Merkel. La elección de un nuevo canciller alemán marcará el futuro del país y de una Unión Europea en la que Berlín marca el paso.

La jefa del Gobierno alemán ya anunció hace dos años que se retirará cuando agote su actual mandato, el cuarto, el próximo otoño. Merkel se despide encumbrada en una popularidad sin precedentes tras 15 años de Gobierno. Y lo hace dejando a sus espaldas un escenario político plagado de incertidumbres y sin un sucesor claro en el partido de centroderecha que ha dominado durante tres lustros.

Una portavoz del Gobierno confirmó este miércoles que el ministro de Interior, Horst Seehofer, ha acordado con los Länder y con las formaciones políticas la fecha de la convocatoria para el próximo otoño, que ahora debe promulgar el presidente. Las elecciones se celebran cada cuatro años, como marca el artículo 39 de la Constitución alemana, que establece una ventana temporal para la convocatoria.

La carrera por la sucesión de Merkel está a estas alturas abierta de par en par. Al pinchazo en febrero de la designación de Annegret Kramp-Karrenbauer como candidata en el bloque conservador le siguió la irrupción de la pandemia. El virus ha obligado a postergar el proceso sucesorio en el centroderecha, que continúa estancado. El próximo enero, la Unión Demócrata Cristiana (CDU) de Merkel tiene previsto celebrar finalmente un congreso del partido, en el que previsiblemente elegirán a un nuevo presidente y candidato a canciller.

La gestión de la pandemia en un país que hasta ahora ha salido mejor parado que los de su entorno ha reforzado el apoyo de los ciudadanos a la CDU, a los que las encuestas otorgan en torno al 37% en intención de voto. No está nada claro, sin embargo, que ese apoyo se mantenga el día que Merkel deje de ser la candidata. Sobre todo, porque ninguno de los tres aspirantes a la sucesión acaba de convencer a los votantes y porque en el partido conviven dos almas. Por un lado, quienes defienden continuar con la línea marcada por Merkel y por otro, la corriente más rupturista y conservadora que aspira a devolver al partido a sus supuestas esencias.

A partir de esta semana, los tres candidatos en liza —Friedrich Merz, Armin Laschet y Norbert Rötgen— mantendrán encuentros virtuales con militantes del partido para defender su candidatura. La pandemia impide mantener encuentros cara a cara con los militantes, lo que complica aún más la carrera sucesoria. Gane quien gane, deberá redefinir los contornos de un partido desdibujado por una canciller atrapalotodo, que ha centrado a su partido hasta volverlo casi irreconocible.

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Mientras, en la sombra y sin terminar de desvelar si piensa aspirar a la cancillería, el primer ministro bávaro, Markus Söder, líder de la conservadora CSU, va ganando apoyos, según reflejan las encuestas. Falta por ver si finalmente decide presentarse y si la CDU acepta un candidato a canciller procedente de las filas de su partido hermano bávaro.

Los únicos que ya tienen un aspirante claro son los socialdemócratas, socio minoritario en la gran coalición de Gobierno actual. Olaf Scholz, el centrista ministro de Finanzas, es el cabeza de cartel de un partido que no acaba de remontar y al que las encuestas le otorgan apenas el 16% de los votos. “En los últimos 16 años, los dos partidos [CDU y SPD] se han convertido en lo que Alternativa para Alemania (AfD) [la ultraderecha] llama partidos del sistema. El gran desafío ahora para nosotros es encontrar nuestro perfil, y marcar en qué nos distinguimos de la CDU”, asegura una fuente socialdemócrata.

Cordón sanitario

La sorpresa la pueden dar, sin embargo, Los Verdes, el partido ecologista, que acumulan una elevada popularidad desde hace meses y que aún deben decidir cuál de sus dos carismáticos primeros espadas —Robert Habeck o Annalena Baerbock— encabezará la candidatura.

Mientras, AfD no logra remontar, sumida en un reguero de crisis internas, pero sobre todo descolocada en esta crisis pandémica en la que los electores valoran la gestión eficiente frente a la retórica grandilocuente. AfD aspira a rentabilizar políticamente la frustración social y que previsiblemente aumentará como consecuencia de los efectos económicos de la pandemia. Con cerca del 10% en intención de voto —en las elecciones de 2017 obtuvieron el 12,6%— no tienen posibilidad de formar parte de ninguna coalición de Gobierno, en un país que hasta ahora ha mantenido un férreo cordón sanitario a la ultraderecha.

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