Crece el pesimismo en Bruselas sobre el acuerdo con el Reino Unido tras el Brexit

El negociador de la UE advierte a los Veintisiete de que sigue el bloqueo en política de competencia, pesca y la gobernanza del pacto

El negociador de la UE, Michel Barnier, en el Consejo Europeo.
El negociador de la UE, Michel Barnier, en el Consejo Europeo.DPA vía Europa Press (Europa Press)

La opción de que el Reino Unido deje definitivamente la Unión Europea el próximo 1 de enero dando un portazo sigue ganando enteros. El negociador europeo, Michel Barnier, ha trasladado a los embajadores de los Veintisiete que las intensas conversaciones mantenidas desde el domingo con el equipo británico liderado por David Frost han permitido algunos progresos, pero no los suficientes para cerrar la brecha entre Bruselas y Londres. Según fuentes diplomáticas, el bloqueo persiste en tres grandes áreas: la política de competencia, la pesca y el marco de gobernanza de la relación futura entre ambas partes.

El pesimismo sobre la viabilidad de un acuerdo empieza a cundir en Bruselas. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el primer ministro británico, Boris Johnson, decidieron darse una última oportunidad para tratar de dar un empujón a las negociaciones para atar un acuerdo comercial que entre en vigor el 1 de enero de 2021, cuando el divorcio entre la UE y el Reino Unido será completamente efectivo tras haber vencido el periodo transitorio de la salida. La llegada a Bruselas el domingo pasado del equipo liderado por Frost permitió ciertos avances, pero no se vislumbra un acuerdo antes del Consejo Europeo de este jueves.

Bruselas ve con preocupación que, después de meses de negociación, los tres grandes asuntos sigan enquistados. Y de estos, uno se antoja casi imposible de resolver en horas, puesto que las posiciones están muy alejadas. Se trata de la política de competencia. Los Veintisiete no quieren bajo ningún concepto hallarse con un rival de 66,5 millones de habitantes y semejante músculo financiero a solo 34 kilómetros de la costa de la UE que pueda practicar el dumping (competencia desleal) en los terrenos de ayudas de Estado, mercado laboral o medio ambiente. Desde La Haya, que defiende a capa y espada el Mercado Único, hasta Bucarest, que teme de la competencia desleal en el transporte, cierran filas en esa carpeta. Sin embargo, el corsé en política de competencia sigue generando enormes dificultades en Londres.

Los equipos de Barnier y Frost no han podido resolver en un domingo las diferencias que han arrastrado desde hace meses. Tampoco en los otros dosieres que hay sobre la mesa: la presencia de flotas europeas en aguas británicas, que es especialmente sensible para Francia, y la gobernanza de la futura relación entre ambas partes. Fuentes diplomáticas afirmaron que el resultado todavía es incierto, puesto que podría decantarse hacia un lado u otro. En palabras del primer ministro irlandés, Micheál Martin, en la televisión irlandesa RTE, se trata un “50/50”. La situación tiene la incertidumbre suficiente para que los mercados hayan elevado el riesgo del no deal (un no acuerdo) con un descalabro de más del 1% de la libra esterlina, el mayor en tres meses. Casi todas las Bolsas, de hecho, registran este lunes pérdidas por el temor a una salida a las bravas del Reino Unido de la UE. Este lunes, el ministro de Exteriores irlandés, Simon Coveney, se ha referido al discurso de Barnier ante los embajadores como “muy sombrío” y “pesimista”.

Von der Leyen y Johnson volverán a hablar este lunes por la tarde para ponerse al día sobre los avances cosechados y la posibilidad real de cerrar un acuerdo. Los diplomáticos comunitarios ven complejo que se pueda alcanzar un pacto con tan poco tiempo. Y a su vez, no ven otra salida que comprometerse a un texto con premura, puesto que debe ser ratificado por los Veintisiete, la Cámara de los Comunes y el Parlamento Europeo. Un portavoz de Johnson ha afirmado que el Reino Unido seguirá negociando mientras haya tiempo y posibilidades de alcanzar un acuerdo, informa Reuters.

Bruselas lamenta, sin embargo, que el Reino Unido haya malgastado los últimos meses. Barnier ha denunciado tras casi cada negociación la negativa de Londres de moverse de sus planteamientos. Es más, en los últimos meses denunció que se estaba echando atrás de algunos de sus compromisos iniciales, lo que llevó a buena parte de diplomáticos y funcionarios al convencimiento de que Londres no quería un acuerdo comercial. O al menos, no en los términos en los que se había planteado la negociación.

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El acuerdo de retirada

La desconfianza total de Bruselas con Londres se produjo tras conocerse, el pasado septiembre, el proyecto de ley de Mercado Interior, que vulnera el protocolo de Irlanda del Acuerdo de Retirada suscrito por el propio Boris Johnson. De hecho, el jefe de Gabinete de Johnson, Michael Gove, se reunirá este lunes con el vicepresidente de la Comisión Europea, Maroš Šefčovič, para abordar esos dos asuntos que llevaron a Bruselas a iniciar el procedimiento para denunciar a Londres ante el Tribunal de Justicia de la UE.

España, no obstante, sigue dando prioridad a la consecución de un pacto, aun en un “momento muy complicado”. “Preferimos un acuerdo a una salidas sin acuerdo”, ha afirmado la ministra de Exteriores, Arancha González Laya, quien ha dado su total apoyo a Barnier para alcanzar un “paquete equilibrado”.

La UE, además, afronta una semana que culminará en un Consejo Europeo en el que deberá abordar puntos clave para su futuro. El principal, el del paquete presupuestario y del fondo de recuperación, amenazado por el veto de Polonia y Hungría por su vinculación al respeto al Estado de derecho. Pero sobre la mesa también están un acuerdo sobre los objetivos de reducción de emisiones de dióxido de carbono para 2030, que debe aprobar si quiere mantener su liderazgo mundial en la lucha contra el cambio climático, y las relaciones con Turquía.

Sobre la firma

Lluís Pellicer

Es jefe de sección de Economía de EL PAÍS, donde ha desarrollado la mayor parte de su carrera. Ha sido corresponsal en Bruselas entre 2018 y 2021 y redactor de Economía en Barcelona, donde cubrió la crisis inmobiliaria de 2008. Licenciado en Periodismo por la Universitat Autònoma de Barcelona, ha cursado el programa de desarrollo directivo de IESE.

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