Brasil retrocede en la lucha contra la corrupción pese al discurso de Bolsonaro

La OCDE y Transparencia Internacional alertan de decisiones de los tres poderes con potencial de revertir los avances de los últimos años contra la malversación

Bolsonaro con el presidente de la patronal de São Paulo, Paulo Skaf, este lunes.
Bolsonaro con el presidente de la patronal de São Paulo, Paulo Skaf, este lunes.MIGUEL SCHINCARIOL (AFP)

El discurso de batalla implacable contra la corrupción y renovación radical de la clase política fue clave para que los brasileños dieran la victoria al hasta entonces irrelevante diputado Jair Bolsonaro. Por eso invitó al idolatrado juez Sergio Moro al Gobierno como ministro. Pero las vagas promesas electorales del ultraderechista en ese ámbito no se han concretado en avances en su primer año como presidente. Todo lo contrario. Los retrocesos por parte del Ejecutivo pero también del Poder Judicial y del Legislativo son de tal calibre que la OCDE envió una misión en noviembre.

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Una de las decisiones brasileñas que más alarmó al club de países ricos fue tomada por el presidente del Tribunal Supremo en respuesta a un recurso del primogénito del presidente, el senador Flavio Bolsonaro, investigado por malversación de fondos y blanqueo de dinero. El juez José Antonio Dias Toffoli limitó el uso en las investigaciones de información obtenida por el organismo público que lucha contra el lavado de dinero (la Coaf), un fallo que paralizó las pesquisas sobre el caso de Flavio y otros 900. “Tuvo un impacto sistémico, prácticamente paralizó el sistema de combate del blanqueo de dinero durante medio año”, explica en una entrevista Bruno Brandão, director ejecutivo de Transparencia Internacional en Brasil. La decisión del magistrado fue revocada por sus compañeros del Supremo a fin de año, cuando el pleno lo debatió.

El grupo de trabajo de la OCDE contra los sobornos difundió, tras su visita en noviembre, un corto pero contundente comunicado, reflejo de una honda preocupación que comparten los representantes europeos en Brasilia:“Estamos bastante alarmados de que lo que Brasil había logrado en los últimos años en la lucha contra la corrupción puede verse ahora seriamente comprometido”. La misión añadió que Brasil debía reforzar los mecanismos anticorrupción, “no debilitarlos”.

Brasil ha sacado de nuevo la peor nota de la serie histórica en el examen de la percepción de la corrupción en el mundo recientemente difundido por Transparencia Internacional. Sus 35 puntos —los mismos de 2018— le colocan en el puesto 106 de una lista que encabeza Dinamarca. “Pese al discurso y las promesas de gran renovación por parte del presidente, congresistas y senadores, 2019 fue pésimo en términos de reformas contra la corrupción”, según Brandão, el máximo responsable de la ONG en Brasil. Una de las mayores contradicciones de Bolsonaro, según el representante de Transparencia, es su abierta hostilidad contra la prensa y la sociedad civil, cuya fortaleza es clave para reducir la corrupción.

El temor a que Brasil frene sus enormes avances en los últimos años contra la arraigada corrupción que lubrificaba las relaciones entre la política y el empresariado es mayor en el extranjero que en Brasil, donde la polarización política también contamina este asunto. Aunque las maniobras de Bolsonaro para proteger a su hijo causan recelo en parte de sus votantes.

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Las protestas de 2013, las mayores de la historia de Brasil, derivaron en la operación Lava Jato, que envió a prisión a multitud de políticos y empresarios poderosísimos. Muchos de los intocables dejaron de serlo, incluidos los expresidentes Lula da Silva y Michel Temer, que se declaran inocentes, o el constructor Marcelo Odebrecht, que delató a terceros.

Brandão recalca que los tres poderes han tomado decisiones que suponen retrocesos graves. Lo peor del Gobierno, explica, son las interferencias políticas en nombramientos y destituciones en puestos clave en la lucha contra la lacra. Por ejemplo, Bolsonaro rompió la tradición de nombrar un fiscal general del Estado entre la terna elegida por los fiscales, destituyó al jefe de la policía federal en Río de Janeiro (precisamente la ciudad donde su hijo es investigado) y al jefe de la Coaf, que persigue el blanqueo.

Al Congreso le reprocha que aprobara ampliar el fondo para financiar las campañas electorales y debilitara los sistemas para fiscalizarlo y al Judicial, sobre todo, que paralizara las investigaciones contra el blanqueo, cruciales también en la persecución del crimen organizado.

Aunque alaba la contratación de 1.200 nuevos policías y otros avances, Transparencia Internacional critica que el presidente mantenga al ministro de Turismo y al jefe del grupo del Senado con el que fue elegido, investigados ambos por corrupción.

La operación Lava Jato ha sido este año noticia en Brasil más por las revelaciones periodísticas que ponen en duda la imparcialidad del entonces juez Sergio Moro y de los fiscales que por los 29 nuevos casos con 150 acusados que ha alumbrado y los 4.000 millones de reales (950 millones de euros, 850 millones de dólares) que ha recuperado, según Transparencia.

Las informaciones elaboradas a partir de archivos obtenidos por The Intercept junto a los principales medios de Brasil, incluido EL PAÍS, revelan una llamativa proximidad entre juez y fiscalía. Las exclusivas le han supuesto al periodista Glenn Greenwald una acusación de participar en el pirateo telefónico de autoridades, en un fallo criticado dentro y fuera de Brasil, donde vive. Otra consecuencia de las informaciones fue poner el foco en un sistema en el que el juez que instruye el caso es el que lo juzga. Para separar ambas funciones y dotarlas de mayor independencia, se acaba de aprobar una ley que tenía que haber entrado ya en vigor. Ante la nula planificación, su entrada en vigor se ha aplazado varios meses.

Sobre la firma

Naiara Galarraga Gortázar

Es corresponsal de EL PAÍS en Brasil. Antes fue subjefa de la sección de Internacional, corresponsal de Migraciones, y enviada especial. Trabajó en las redacciones de Madrid, Bilbao y México. En un intervalo de su carrera en el diario, fue corresponsal en Jerusalén para Cuatro/CNN+. Es licenciada y máster en Periodismo (EL PAÍS/UAM).

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