El partido de las extintas FARC sepulta sus siglas y se llamará Comunes

La antigua guerrilla de Colombia cambia su denominación como partido político y sepulta las siglas que la identificaron durante más de medio siglo de conflicto armado

Rodrigo Londoño, 'Timochenko', presidente del rebautizado partido Comunes, lee las conclusiones de la segunda asamblea nacional.
Rodrigo Londoño, 'Timochenko', presidente del rebautizado partido Comunes, lee las conclusiones de la segunda asamblea nacional.Luis Eduardo Noriega A. (EFE)

El partido político surgido del acuerdo de paz colombiano de 2016 dejará de llamarse FARC. Los militantes de las extintas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia han llegado a la conclusión de que esas siglas generan resistencia en múltiples sectores de la sociedad y han decidido identificarse a partir de ahora como Comunes, según anticiparon este domingo al final de su segunda asamblea tras haber dejado las armas hace ya cuatro años. La organización votó por una imagen renovada y menos asociada a más de medio siglo de guerra en un cónclave extraordinario —debido a que fue postergado casi un año por la pandemia de coronavirus—, que se celebró de manera semipresencial en 11 puntos del país. “Es una apuesta real y transformadora por la paz de Colombia hecha por la gente del común”, anunció la agrupación a través de Twitter.

“Esta asamblea ha consensuado en un debate democrático cambiar el nombre del partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común por Comunes”, reiteró Rodrigo Londoño, alias Timochenko, presidente de la agrupación, al leer una declaración política al final de la jornada. “A la sociedad colombiana le ratificamos nuestro compromiso con la paz”, destacó. “Ha llegado la hora de crear una gran coalición de fuerzas con todos los demócratas de este país. De construir, por fuera de todos los extremos, un frente que termine de consolidar la paz”, apuntó el antiguo jefe guerrillero, de 62 años, sobre la convergencia a la que aspiran con los demás sectores favorables a los acuerdos que sellaron hace cuatro años con el Gobierno de Juan Manuel Santos (2010-2018).

Comunes fue la opción elegida frente a los otros dos nombres sometidos a votación, Unidad Popular del Común y Fuerza del Común, explicó la senadora del partido Griselda Lobo, más conocida como Sandra Ramírez. “Como los comuneros de José Antonio Galán: Ni un paso atrás, siempre adelante”, señalaba el también congresista Sergio Marín, en referencia a un prócer colombiano del siglo XVIII que fue apresado y descuartizado por participar en una insurrección contra la corona española.

Fiel a su ideario, el partido decidió presentarse ante los electores colombianos a principios de septiembre de 2017 sin renunciar a sus siglas históricas, en un guiño a sus bases que también supuso un lastre electoral —y en su momento hirió susceptibilidades en varios sectores—. El propio Londoño planteó en ese congreso constitutivo la inconveniencia de mantener ese nombre, pero su postura fue rechazada por 628 votos frente a 264. Desde hace algún tiempo, Timochenko ha optado por referirse a la formación como “el partido de la rosa”, en alusión al símbolo tradicionalmente socialdemócrata que también los identifica, y que fue ratificado en el encuentro.

El acuerdo de paz que firmaron los excombatientes a finales de 2016 le garantiza al partido una bancada de diez congresistas por dos períodos legislativos —cinco en el Senado y cinco en la Cámara de Representantes—. Sin embargo, las urnas no le han perdonado las décadas de conflicto armado. En su estreno en los comicios legislativos de marzo de 2018 la organización apenas obtuvo 85.000 votos y, tras varios incidentes durante la campaña, renunció a la candidatura presidencial de Timochenko ese mismo año.

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La integración de los cerca de 13.000 exguerrilleros que dejaron las armas se ha visto desafiada por varios episodios. En medio del recrudecimiento de la violencia en varios territorios, al incesante asesinato de excombatientes que firmaron la paz —más de 250, de acuerdo con las cifras de la dirigencia del partido— se suma la aparición de disidencias que se apartaron del proceso. Entre ellas, la de Iván Márquez, el jefe negociador de la insurgencia durante las conversaciones de paz de La Habana. “La práctica nos demostró que había sido un error, que no es sostenible ese nombre por parte de un partido que se mueve en la legalidad, cuando otros grupos que regresaron a las armas o que no avanzaron hacia la dejación de las armas siguen llevando ese nombre”, le dijo a EL PAÍS el senador Julián Gallo, también conocido como Carlos Antonio Lozada, al comienzo de la asamblea que tuvo lugar a lo largo de este fin de semana.

El encuentro también debatió tanto el programa político del partido como sus orientaciones electorales, que cruzan por las alianzas con otras fuerzas favorables al acuerdo de paz de cara tanto a las próximas elecciones presidenciales como a las legislativas, ambas el próximo año. “Irnos solos a una candidatura presidencial en 2022 sería una quijotada. Lo que Colombia requiere con urgencia es una gran convergencia nacional por la paz, la democracia y la justicia social y económica. Haremos todo cuanto esté a nuestro alcance para contribuir a esa convergencia”, reconocía Londoño en declaraciones al periódico El Tiempo.

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