El resultado electoral en Kosovo complica el diálogo con Serbia

La UE pide un enfoque “constructivo” tras la victoria de Vetevendosje, cuyo líder ha suavizado en los últimos años sus insistentes críticas a las negociaciones con Belgrado

Una mujer deja la huella de su mano en un monumento creado para celebrar el 13 aniversario de la independencia de Kosovo, este martes en Pristina.
Una mujer deja la huella de su mano en un monumento creado para celebrar el 13 aniversario de la independencia de Kosovo, este martes en Pristina.VALDRIN XHEMAJ (EFE)

El programa político con el que la formación nacionalista de izquierdas Vetevendosje ganó con contundencia el pasado domingo las elecciones legislativas en Kosovo habla de lucha contra la corrupción, de justicia, de desempleo… 50 páginas que tocan muchas de las prioridades cotidianas de los kosovares, que le otorgaron el 48,2% de los votos, pero en las que no se menciona una sola vez el auténtico elefante en la habitación: el diálogo con Serbia, imprescindible para desbloquear el impasse actual. Belgrado mantiene el reclamo sobre su antigua provincia mientras que los 193 países de la ONU están divididos casi por la mitad entre los que reconocen la independencia que Kosovo proclamó unilateralmente en 2008 y los que no, como España.

El tema dista de ser menor. Como en las cadenas de fichas de dominó, un acuerdo aportaría estabilidad a la región y abriría a Prístina las puertas del reconocimiento universal y del ingreso en la OTAN y en Naciones Unidas (que no ha solicitado siquiera porque sabe que dos miembros permanentes del Consejo de Seguridad, China y Rusia, lo vetarían) y —potencialmente y en un futuro que se antoja lejano— también en la Unión Europea.

Más allá de esta significativa ausencia, está la hemeroteca. El líder de Vetevendosje y probable próximo primer ministro, Albin Kurti, tiene un largo historial, primero como activista y luego como político, de acciones y declaraciones críticas con el diálogo con Serbia, en el que media la UE desde 2011. De hecho, Kurti no pudo optar a un escaño en estos comicios, porque fue condenado por lanzar en 2015 un bote de gas lacrimógeno contra el Parlamento en protesta por dos acuerdos que se votaban, uno de los cuales incrementaba la autonomía de los municipios kosovares de mayoría serbia. La sentencia no le impediría, sin embargo, liderar el Gobierno si logra los apoyos necesarios.

“Tras criticar el diálogo entre Kosovo y Serbia durante más de una década, Kurti afronta un reto con un proceso en el que sentirá la presión de la UE para dialogar sin condiciones”, afirma Eraldin Fazliu, redactor jefe del medio digital Prishtina Insight. Los requisitos que Kurti ha venido exigiendo para sentarse en la mesa de negociaciones (entre los que figuran una disculpa formal de Belgrado e indemnizaciones económicas por los daños de la represión serbia y la guerra) son simplemente irrealizables. “Pero si transige en torno a sus principios, recibirá ataques no solo de sus oponentes, sino también de la gente que le apoyó”, agrega Fazliu.

Este lunes, el Alto Representante de la Política Exterior de la UE, Josep Borrell, y el comisario de Vecindad y Ampliación, Oliver Varhelyi, ya señalaron en un comunicado conjunto que esperan del nuevo Ejecutivo un enfoque “constructivo” para continuar el diálogo con Serbia y “aprovechar la oportunidad que tiene en frente de alcanzar un acuerdo global”.

El resultado electoral genera una paradoja. Por un lado, ganó un partido con una línea dura ante las negociaciones. Por otro, la victoria fue tan clara que posibilita un Gobierno estable (quizás en coalición con las formaciones que representan a las minorías), imprescindible para avanzar después de tres Ejecutivos en dos años. Otra paradoja. Probablemente Kosovo tenga por fin un Ejecutivo sólido justo un año antes de que Serbia celebre elecciones presidenciales: un mal momento para que el jefe de Estado serbio, Aleksandar Vucic, que ha venido apostando por el diálogo, presente a los votantes la pérdida definitiva de la cuna de la patria serbia.

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“A nivel local los aspectos positivos [de la victoria de Vetevendosje] prevalecen sobre los negativos”, apunta Miguel Roán, experto en los Balcanes y autor de varios libros sobre el tema, el último de ellos Balcanismos. “El potencial acuerdo entre Belgrado y Prístina estará basado en las concesiones, y Vetevendosje ha logrado apoyos suficientes para poder maniobrar sin que la oposición sea el principal escollo. Kurti ha mostrado una posición más flexible y receptiva respecto al diálogo con Serbia sobre las elecciones de 2014. En contra del diálogo se encuentra que es un desafío incómodo para Belgrado, porque maneja códigos que rivalizan con el presidente serbio. Exige reciprocidad, defiende un discurso social de renovación política, se niega al intercambio de territorios, no tiene una posición conciliadora con Serbia y moviliza al nacionalismo albanés más allá de Kosovo”, recalca.

Suavizar posiciones

En los últimos años, sea por convicción o por prudencia según iba adquiriendo relevancia política, Kurti, de 45 años, ha suavizado su mensaje al respecto. Históricamente ha defendido la unión con Albania, con la que el 90% de kosovares comparte identidad étnica y lengua. Materializar la propuesta —popular en ambos países y más defendida por los políticos kosovares en campaña que fuera de ella— generaría una crisis con Belgrado. De hecho, los diputados de Vetevendosje, que colocaban una banderita de Albania sobre su mesa en el Parlamento, dejaron de hacerlo tras las elecciones de 2019, cuando ya fue la fuerza más votada. Un diputado de otro partido se acercó a colocársela para poner en evidencia el cambio de estrategia.

“Kurti es consciente de que Kosovo no tendrá una economía estable ni más reconocimientos sin lograr un acuerdo con Serbia”, señala en una cafetería de Prístina Agron Demi, analista de asuntos socioeconómicos en el Instituto GAP, un think tank con sede en la ciudad. También Jeta Krasniqi, investigadora senior del Instituto Democrático de Kosovo, ONG que trabaja en el asunto del diálogo entre Serbia y Kosovo, se muestra cautelosa y recuerda que en los apenas 51 días del año pasado en que Kurti fue primer ministro (antes de perder una moción de censura) mantuvo el contacto con el representante especial de la UE para el diálogo, Miroslav Lajcak. “Podemos asumir que el diálogo continuará, aunque el nuevo Gobierno querrá tener su propia voz y cambiarlo. Aún está muy poco claro cuál será su posición en el tema, pero podemos asumir de lo que han dicho previamente que quieren reevaluar todos los acuerdos alcanzados hasta ahora”, afirma en un hotel de Prístina.

Los acuerdos a los que alude Krasniqi fueron alcanzados en la primera mitad del proceso, con Catherine Ashton como jefa de la diplomacia comunitaria. Estaban basados en la denominada “ambigüedad constructiva” que permitió avanzar en aspectos técnicos, como la situación de la minoría serbia en Kosovo o la energía, sin abordar de lleno el aspecto político clave: el reconocimiento mutuo entre ambos países. En 2018, los entonces presidentes, Vucic y el kosovar Hashim Thaci, parecieron acercarse notablemente a un acuerdo total basado en un intercambio de territorios, por el que una zona al norte del río Ibar, el norte de la ciudad de Mitrovica y tres localidades mayoritariamente serbias pasarían a depender de Belgrado mientras que Kosovo integraría el valle de Presevo, de mayoría albanesa. Las críticas internas y las dudas en el seno de la UE —principalmente de Alemania— en torno a la conveniencia de redibujar fronteras en clave étnica frenaron la iniciativa.

El último avance en el proceso tuvo más de puesta en escena de la Administración Trump para ganar puntos poco antes de las elecciones. Es un acuerdo, fundamentalmente económico, que firmaron el pasado septiembre Vucic y el primer ministro de Kosovo, Avdullah Hoti, en la Casa Blanca en presencia del entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y por el que Kosovo recibió el reconocimiento de Israel a cambio de que el país balcánico sitúe su Embajada en Jerusalén, y no en Tel Aviv.

Sobre la firma

Antonio Pita

Redactor de la sección de Internacional y responsable de la cobertura de varios países de los Balcanes. Ejerció nueve años como corresponsal en Rabat, París y Jerusalén, principalmente con la Agencia Efe. Es licenciado en Periodismo y Máster de Relaciones Internacionales y Comunicación por la Universidad Complutense de Madrid

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