Jefes militares de EE UU y otros 11 países critican la represión en Myanmar

Las Fuerzas Armadas birmanas abren fuego en el funeral de un manifestante

Una mujer observa fotos de manifestantes muertos en las protestas, este domingo frente a la Embajada birmana en Londres.
Una mujer observa fotos de manifestantes muertos en las protestas, este domingo frente a la Embajada birmana en Londres.HENRY NICHOLLS (Reuters)

Por primera vez desde el golpe de Estado en Myanmar del 1 de febrero, los jefes de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos y de otros 11 países han condenado este domingo a los militares birmanos por la masacre que perpetraron el sábado en la que murieron más de cien personas en protestas en todo el país.

El comunicado, difundido por el Pentágono y firmado por los comandantes militares de Estados Unidos, Canadá, el Reino Unido, Países Bajos, Japón, Corea del Sur y Australia, entre otros países, critica el uso de fuerza letal contra civiles desarmados y recalca que el Ejército birmano ha perdido la “credibilidad”. Es un comunicado muy poco habitual que llega 24 horas después de que el Ejército y la policía acabaran con la vida de al menos 114 personas en la antigua Birmania, incluyendo seis menores de entre 10 y 16 años, en su campaña de represión contra las protestas masivas que piden el regreso de la democracia al país del sudeste asiático.

El texto añade: “Urgimos a las Fuerzas Armadas de Myanmar a cesar la violencia y trabajar para restaurar el respeto y la credibilidad por parte de la población de Myanmar, que se han perdido debido a sus acciones”.

Las críticas han arreciado también por parte de la comunidad internacional. El secretario de Estado de EE UU, Antony Blinken, ha acusado a la junta militar birmana de “sacrificar la vida de la gente para servir a unos pocos”, mientras el secretario general de la ONU, António Guterres, ha afirmado sentirse “profundamente consternado” por la violencia.

El ministro de Exteriores británico, Dominic Raab, ha destacado que el asesinato de civiles y niños alcanza “un nuevo límite”. La delegación de la Unión Europea en Myanmar enfatizó que lo sucedido el sábado quedará “siempre grabado como el día del terror y el deshonor”.

La condena es un revés para el comandante en jefe de las fuerzas armadas, Min Aung Hlaing, que el sábado quiso darse un baño de legitimidad celebrando un desfile militar en la capital, Naypyidó, con motivo del 76º aniversario de la rebelión contra la ocupación japonesa. Aunque la mayoría de países no enviaron representantes, Rusia, China, la India, Pakistán, Bangladés, Vietnam, Laos y Tailandia sí lo hicieron. El nuevo hombre fuerte de Myanmar describió al Ejército birmano como el “guardián de la gente”, mientras sus tropas disparaban a matar en varias localidades del país, entre ellas las principales ciudades, Yangón y Mandalay. Entretanto, el general celebraba el Día de las Fuerzas Armadas con una cena de gala al aire libre alumbrada por un retrato de sí mismo proyectado en el cielo.

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En una nueva demostración de brutalidad, este domingo las fuerzas de seguridad han abierto fuego contra los asistentes al funeral de una de las víctimas del sábado en la localidad de Bago, cerca de Yangón, según Reuters. “Mientras estábamos entonando la canción de la revolución para él, las fuerzas de seguridad llegaron y nos dispararon”, dijo una mujer llamada Aye. “Todos tuvimos que salir corriendo”, añadió. En otras partes del país, varias personas fallecían por más ataques de la policía y el Ejército contra manifestantes, según el medio local Myanmar Now.

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Las protestas fueron de perfil más bajo este domingo, sin que hubiese grandes concentraciones en las principales ciudades, muchas volcadas en la celebración de funerales por las víctimas del sábado.

La situación continuaba siendo muy tensa en zonas donde operan guerrillas que han declarado su oposición al golpe, como el Ejército de Independencia Kachin, que asaltó una comisaría de policía este domingo, lo que fue respondido con un ataque aéreo por parte de las Fuerzas Armadas de Myanmar. Además, alrededor de 3.000 habitantes del Estado suroriental de Karen, feudo de la Unión Nacional Karen (KNU, por sus siglas en inglés) —que combate al Ejército desde hace décadas—, huyeron hacia la vecina Tailandia. El éxodo se produjo después de que ataques de cazas birmanos mataran al menos a tres civiles en el distrito de Mutraw, en dicho Estado, en respuesta a un ataque previo de la guerrilla karen contra un puesto militar birmano en el que murieron 10 miembros del Ejército.

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