Los papeles anónimos sobre los Balcanes alertan a la UE

Bruselas advierte a los países de la ex Yugoslavia que el camino hacia la adhesión es incompatible con escisiones

Albin Kurti (a la izquierda) y Josep Borrell, durante su conferencia de prensa conjunta en Bruselas, el pasado jueves.
Albin Kurti (a la izquierda) y Josep Borrell, durante su conferencia de prensa conjunta en Bruselas, el pasado jueves.Kenzo Tribouillard (AP)

Bruselas ha vivido esta semana las jornadas más balcánicas de los últimos tiempos. Los líderes de Serbia, Macedonia del Norte y Kosovo han visitado la capital comunitaria para intentar impulsar sus perspectivas de ingreso en la Unión Europea. Además, el jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, se entrevistó por teléfono con el liderazgo tripartito [un serbobosnio, un bosniaco y un bosniocroata] de Bosnia-Herzegovina. Las citas han coincidido con una repentina corriente de opinión, de origen desconocido, a favor de replantear las fronteras fijadas tras la cruenta desintegración de Yugoslavia a final del siglo pasado. El mensaje de la Comisión Europea a todos los líderes balcánicos ha sido tajante e inequívoco: el camino hacia la UE es incompatible con nuevas escisiones.

“Borrell ha trasladado a todos los líderes de la zona, en particular a los de Bosnia-Herzegovina, un mensaje claro y rotundo sobre la inviabilidad de cualquier propuesta de redibujar las fronteras”, apunta una fuente comunitaria tras la intensa ronda de contactos de toda esta semana. El Alto Representante de Política Exterior también ha expresado la necesidad de acelerar las negociaciones para estrechar los lazos con la UE de los seis países de los denominados Balcanes Occidentales (Serbia, Montenegro, Albania, Macedonia del Norte, Bosnia-Herzegovina y Kosovo), que aspiran a integrarla, pero les ha advertido de que la oferta está dirigida a toda la región en su configuración actual. “Quiero subrayar el apoyo continuo e inequívoco de la UE a la integridad territorial y la soberanía de Bosnia y Herzegovina, así como de los otros países de los Balcanes Occidentales”, señalaba Borrell tras reunirse con el presidente de Serbia, Aleksandar Vucic.

El mensaje de la Comisión intenta despejar los fantasmas de la historia que recorren de nuevo los Balcanes, esta vez en forma de textos anónimos puestos en circulación entre medios diplomáticos y gubernamentales para impulsar una reconfiguración de las actuales fronteras.

El primer informe oficioso y anónimo apareció en la prensa eslovena a mediados de abril y planteaba la integración de la mayor parte de Kosovo en Albania, la disolución de Bosnia-Herzegovina y su reparto entre Croacia y Serbia, dejando solo el territorio bosniaco (musulmán), cuyos habitantes tendrían que optar entre la UE y Turquía. Otro texto similar aparecía la semana pasada en la prensa kosovar y planteaba la creación de una región autónoma en el norte de Kosovo para la población serbia del país.

Aunque las informaciones indican que las propuestas, calificadas como non-papers en la jerga diplomática, han sido remitidas a las más altas instancias de la UE, tanto la presidencia del Consejo como la de la Comisión Europea han negado haberlas recibido. Las autorías atribuidas también han sido desmentidas, desde el Gobierno de Eslovenia, sobre el primer documento, a Alemania, Francia o los departamentos de Borrell, en el caso del segundo.

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“Hay una proliferación de non-papers, parece que están de moda”, decía Borrell este jueves tras reunirse en Bruselas con el primer ministro de Kosovo, Albin Kurti. “Yo no he recibido ninguno de esos documentos, no trabajo con ninguno de ellos (…), para mí estos papeles fantasmas no son un tema”, zanjaba el jefe de la diplomacia comunitaria.

El presidente serbio, Aleksandar Vucic, durante su conferencia de prensa conjunta con Josep Borrell, el pasado lunes en Bruselas.
El presidente serbio, Aleksandar Vucic, durante su conferencia de prensa conjunta con Josep Borrell, el pasado lunes en Bruselas.POOL (Reuters)

Pero el impacto de los fantasmagóricos textos ha sido notable y ha agitado una zona ya de por sí convulsa y donde parte de la población se impacienta ante una integración europea que todavía parece muy lejana. “La fatiga es evidente y países terceros como Rusia, China o Turquía se postulan en la zona para desplazar a la UE”, reconoce una fuente europea. Los papeles han coincidido, además, con las tensiones en Bosnia-Herzegovina, donde la entidad serbia (República Srpska) ha planteado en las últimas semanas una propuesta política para una “disolución pacífica” del país.

La ofensiva diplomática de Borrell durante esta semana parece haber apaciguado algo los ánimos y la iniciativa serbobosnia de segregación ha quedado aparcada durante varias semanas. “Es un pequeño paso, pero algo es algo”, apuntan desde la Comisión. Los encuentros en Bruselas de esta semana, además, han creado un clima positivo entre Borrell y los líderes balcánicos. “He estado cientos de veces en Bruselas y esta es una de mis mejores visitas”, señalaba el presidente serbio tras su reunión con el Alto Representante.

Impulso

El impulso iniciado esta semana se mantendrá en mayo, con una reunión de ministros de Asuntos Exteriores (el día 10) dedicada en gran parte a los Balcanes occidentales. Y Borrell será el anfitrión de una cena informal y restringida con todos los líderes de la zona el día 15 en Bruselas. Pero también hay tropiezos, como la negativa del primer ministro kosovar a asistir el día 11 a la reunión en la que se debía retomar el diálogo entre Belgrado y Prístina.

Borrell considera imprescindible para afianzar las relaciones que se confirme la perspectiva comunitaria de la zona y que se abran cuanto antes las negociaciones de adhesión con Macedonia del Norte y Albania, aparcadas desde hace más de un año. “El estancamiento de la integración envía una señal perniciosa a los Balcanes occidentales y afecta negativamente a la estabilidad de la región y a la credibilidad de la UE”, advertía el presidente macedonio, Stevo Pendarovski, tras reunirse con Borrell.

La UE intenta superar sus propios titubeos hacia los Balcanes, que parecen haber alimentado la inestabilidad en una zona donde se cruzan, cuando no chocan, las principales potencias geoestratégicas del planeta. Aunque los seis países aspiran oficialmente a integrarse en la UE (Serbia y Montenegro ya están en negociaciones para ello), varios mantienen estrechos vínculos con Moscú (como Serbia); otros se han endeudado con China; alguno como Albania desconfía del gigante asiático por el pasado maoísta de la dictadura en Tirana; y Kosovo le debe a Estados Unidos su propio nacimiento.

El mayor polvorín, sin embargo, es una Bosnia-Herzegovina en paz desde 1995 (tras los acuerdos de Dayton que pusieron fin a la guerra) pero donde se repiten buena parte de las tensiones políticas, étnicas y religiosas que llevaron al estallido de la antigua Yugoslavia. La reconfiguración de fronteras que plantean los llamados non-papers es considerada inviable y peligrosa por los expertos de la UE sobre la zona. “Es abrir una caja de Pandora”, avisa un diplomático europeo.

“No creo en soluciones que ven solo las regiones en términos de geografía y demografía, sin tener en cuenta las condiciones socioeconómicas, de seguridad ni a los seres humanos”, señalaba el primer ministro kosovar en Bruselas. “Para mí esos mapas son como fotos falsas tomadas desde un satélite, o como escenarios de una mala película de ciencia ficción”, añadía Albin Kurti, que en el Parlamento Europeo ha pedido: “No demos la paz por garantizada ni olvidemos las lecciones de la historia porque son lecciones escritas en los cementerios”.

Para países terceros como Rusia, sin embargo, las turbulencias fronterizas en la zona pueden reportar beneficios al complicar el acercamiento de los países balcánicos hacia la UE. La semana pasada, el comité de dirección del organismo internacional que supervisa los acuerdos de paz en Bosnia-Herzegovina (del que forman parte las principales potencias occidentales, Estados Unidos, Canadá, Japón, Rusia y Turquía) emitió un comunicado de “condena en los términos más fuerte posibles contra los actuales discursos políticos centrados en la llamada disolución pacífica de Bosnia-Herzegovina”. El representante de Moscú fue el único que no apoyó la declaración por considerarla demasiado sesgada, dado que señalaba expresamente a la república Srpska como el origen de los discursos a favor de la escisión.

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