Brasil vislumbra la luz al final del túnel al reducirse el número de muertos con el avance de la vacunación

El camino para controlar la pandemia es todavía largo, pero tras una caída en el número de muertes y hospitalizaciones, especialistas ven la posibilidad de “un nivel más tranquilo” para fin de año

Un hombre recibe la vacuna en Río de Janeiro, el pasado 10 de julio.
Un hombre recibe la vacuna en Río de Janeiro, el pasado 10 de julio.LUCAS LANDAU (Reuters)

Tras 13 días consecutivos de descenso en la media de muertes por covid-19, más una reducción de los ingresos hospitalarios en la mayoría de los Estados y el avance de la vacunación, Brasil parece empezar a vislumbrar una luz al final del túnel para domar la pandemia del coronavirus. Si durante mucho tiempo los problemas en la campaña de vacunación brasileña llevaron a desconfiar de que se encontraría la puerta de salida de la crisis, recientemente varios estados han logrado anticipar la vacunación para los grupos menores de 40 años y se dibujan expectativas para empezar a pensar en una futura vuelta a la normalidad. El descenso de los indicadores de gravedad y muerte por covid-19 observado en las últimas semanas suena alentador en este contexto, pero los expertos consultados por EL PAÍS miran el escenario con cautela.

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Contemplan la posibilidad de alcanzar un nivel “más tranquilo” en la pandemia a finales de año con el progreso de la vacunación masiva —que ya empieza a repercutir en la caída de los indicadores—, pero consideran que el riesgo de nuevas variantes capaces de retrasar la salida de la crisis es real, sobre todo cuando el país sigue fracasando debido a la ausencia de una política eficaz para frenar la circulación del virus y, en consecuencia, sus posibilidades de sufrir mutaciones, incluidas las que pueden escapar a la protección de los inmunizadores. El camino hacia el control de la pandemia es todavía largo y requiere el cumplimiento de medidas preventivas como el distanciamiento social, el uso de mascarillas y la higiene.

En la práctica, la situación en Brasil aún está lejos de alcanzar un parámetro cómodo para una “vida normal”. El nivel de transmisión sigue siendo alto, con más de 50.000 nuevos casos notificados diariamente. La media de nuevas muertes también supera las 1.400, más que en el peor momento de la crisis el año pasado. Por otro lado, el escenario dista mucho del vertiginoso agravamiento que se observó a finales de febrero y que se intensificó en marzo y abril de este año, cuando se acumularon cientos de personas esperando una cama en la UCI, los sistemas de salud se colapsaron y el país superó los 4.000 muertos en un día.

Señales de enfriamiento de la crisis

Hay varios indicios de mejora en las cifras de la pandemia en el país, especialmente en lo que se refiere a la aparición de covid-19 grave. El Grupo InfoGripe de Fiocruz –que semanalmente hace un seguimiento de las hospitalizaciones por síndrome respiratorio agudo grave, una complicación de la covid-19 y otras enfermedades– ha venido mostrando que las nuevas hospitalizaciones están disminuyendo o se mantienen estables en casi todos los estados. Otro grupo de investigación de la institución señala que las tasas de ocupación de las camas de la UCI han seguido una tendencia a la baja durante cuatro semanas consecutivas. Según los datos desglosados en el Boletín del Observatorio de la Covid-19 de Fiocruz publicado el pasado jueves, sólo tres estados tienen tasas de ocupación de UCI superiores al 80%: Roraima, Paraná y Santa Catarina.

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Los registros de las defunciones por covid-19 realizados por las secretarías de salud estatales y recopilados por el Consorcio de Medios de Comunicación también ayudan a vislumbrar el enfriamiento: ya hay al menos 13 días de descenso en la media móvil de nuevos fallecimientos. “Tenemos una caída sostenida de los indicadores y gran parte se atribuye a la vacunación”, afirma el analista e investigador de Fiocruz Leonardo Bastos. Añade que, después de un pico tan alto como el observado por Brasil en marzo y abril, es natural que las curvas bajen. Pero señala que la disminución de las hospitalizaciones y muertes en el grupo de edad de más de 60 años –donde ya existe una elevada tasa de cobertura de vacunas– es más expresiva que en otros grupos de edad, lo que indica los beneficios que aporta la inmunización.

Hasta ahora, Brasil ha vacunado al 45% de la población adulta con una dosis y al 16% con las dos dosis necesarias para garantizar la eficacia. La ciencia estima que es necesario que al menos el 70% de la población debe estar totalmente vacunada para conseguir la inmunidad colectiva o inmunidad de rebaño. “El Programa Nacional de Inmunizaciones priorizó los grupos con mayor probabilidad de hospitalización y muerte. La proporción de los vacunados con dos dosis es baja para el conjunto del país, pero es alta para estos grupos, por lo que tiene un impacto más rápido, algo que es bueno”, destaca Bastos. “Es posible que la primera dosis ya está poniendo una cierta protección contra la enfermedad, y hay repercusiones en estos indicadores”, dice la biomédica Mellanie Fontes-Dutra. Para ellos, es posible alcanzar un nivel pandémico más llevadero a finales de año si no surgen nuevas variantes preocupantes, y a la expectativa del impacto que pueda tener la variante Delta, ya identificada en el país y que es la más transmisible. “Me parece que a finales de año tendremos una cobertura de vacunación lo suficientemente amplia como para estar tranquilos en cuanto a hospitalizaciones y muertes. Pero la transmisión continuará y tendremos que afrontarla”, añade Bastos.

La esperanza viene con las vacunas

La vacunación en el país empieza a cobrar cuerpo y a dar esperanzas a los brasileños como puerta de salida de la crisis, tras un inicio tardío de la campaña, marcado por la escasez de dosis y la falta de coordinación central. En las últimas semanas, varios estados han podido adelantar sus calendarios y ya empiezan a contemplar grupos de edad inferiores a los 40 años. Hay localidades, como el pequeño municipio de Guaramiranga, en Ceará, que ya han vacunado a toda su población adulta con una dosis. São Paulo, por su parte, pretende vacunar a toda la población adulta antes de septiembre y se espera que el calendario en el estado se anticipe en los próximos días. Con la vacunación en marcha, los brasileños también empiezan a retomar sus planes, aunque no necesariamente a corto plazo.

Es el caso del empresario Airton Valadão Júnior, de 54 años, que ya tiene previsto volver a contratar al 30% de los empleados de su restaurante, de los cuales tuvo que prescindir durante la crisis. Cansado del volumen de información poco fiable que recibía por WhatsApp, decidió empezar a seguir los datos de ocupación de los hospitales de São Paulo y hacer sus propias tablas para entender el curso de la pandemia. Estos análisis le han ayudado a tomar decisiones y a comprender la necesidad de las medidas restrictivas que amenazaban su negocio. Ahora, con el descenso de estas tasas y el avance de la vacunación, dice que ve perspectivas de salida de la crisis. “Las perspectivas que tengo ahora son de mejora, pero por el hecho de que veo a la gente ilusionada y poniéndose las vacunas. ¿Mejorará a corto plazo? No. Pero empiezo a tener ya condiciones en mi establecimiento para empezar a pensar en la recontratación de empleados”, señala.

“Es un alivio, pero todavía con algo de miedo”

El soplo de esperanza también lo siente el funcionario Kássyo Modesto, de 33 años. Se aplicó la primera dosis de la vacuna contra la covid-19 el pasado 5 de julio en Fortaleza, donde ya se vacuna al grupo de los nacidos en 1989, pero se suspendió la vacunación de los nuevos grupos este viernes debido a la escasez de dosis. Modesto lleva año y medio recluido con su mujer y su hija de dos años, que solía preguntar cuándo llegaría la vacuna para poder volver a ver y abrazar a sus primos. “Ahora veo una luz al final del túnel. El año pasado no veía expectativas, ahora tenemos la esperanza de volver a una vida normal. El plazo es ahora más tangible”, dice.

Con solo una dosis de la vacuna y una gran parte de la población susceptible al virus, dice que la familia sigue en aislamiento y todavía no se arriesga a planificar viajes o reducir la atención, pero comenta que se siente aliviado. “Es más difícil contagiarse de esta enfermedad, que está matando a tanta gente, pero sigo preocupada por mi hija de dos años, que no sabemos cuándo podrá ser vacunada. Así que un alivio, pero todavía con algún recelo”, explica por teléfono.

Mellanie Fontes-Dutra señala que Brasil empieza a ver los beneficios de la vacunación en el control de la enfermedad, pero dice que el control de la transmisión todavía depende de medidas no farmacológicas combinadas con una alta cobertura de la segunda dosis que el país todavía está lejos de alcanzar.

“El 16% sigue siendo demasiado poco. Tenemos que avanzar en la segunda dosis y, mientras tanto, sumarnos a las medidas para disminuir la transmisión por nuestros comportamientos, con el distanciamiento social y el uso de mascarillas”, argumenta. “Si se cumplen las estimaciones los gobernadores de los estados, que pronostican una buena cobertura entre septiembre y octubre, quizá podamos tener una Navidad diferente. Pero la perspectiva de acabar con la pandemia sigue dependiendo de muchos factores, como la aparición de variantes de mayor escape a la protección de la vacuna. El camino sigue siendo controlar el contagio con medidas preventivas”.

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Sobre la firma

Beatriz Jucá

Reportera de EL PAÍS Brasil, escribe sobre política, salud y derechos humanos. Tiene un máster de periodismo EL PAÍS/Universidad Autónoma de Madrid y está especializada en Periodismo Literario. Fue becaria de los programas '5 Sentidos' y 'Periodismo de Soluciones' de la Fundación Gabo. Licenciada en Periodismo por la Universidad Federal de Ceará.

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