Las inundaciones ponen a prueba a los candidatos a suceder a Angela Merkel

Los aspirantes se ven lastrados, en unos casos, por sus tropiezos y, en otros, por la falta de tirón entre el electorado

Imágenes de 31 políticos alemanes, incluido el líder de la CDU, Armin Laschet, proyectadas en la central eléctrica Neurath in Grevenbroich, este viernes.
Imágenes de 31 políticos alemanes, incluido el líder de la CDU, Armin Laschet, proyectadas en la central eléctrica Neurath in Grevenbroich, este viernes.BERND LAUTER (AFP)

A dos meses de las elecciones generales del 26 de septiembre, las graves inundaciones sufridas por el oeste de Alemania, donde han muerto más de 170 personas y se han producido enormes daños, se han convertido en una prueba de fuego para los principales candidatos a la sucesión de Angela Merkel. Los votantes y los medios analizan sus gestos, su capacidad de gestión y sus posturas ante la lucha contra el cambio climático, que ha ganado fuerza como uno de los debates principales tras el desastre. El aspirante democristiano, Armin Laschet (CDU), la líder verde Annalena Baerbock, y el socialdemócrata Olaf Scholz (SPD) afrontan la campaña con los retos de la catástrofe de fondo y lastrados por algunos tropiezos o la falta de tirón entre el electorado.

Hasta mediados de julio, la campaña electoral se centraba en una candidata de Los Verdes cuestionada por una acusación de plagio; los esfuerzos de Laschet en afianzarse como líder nacional tras su elección como presidente de la CDU en enero, y un Scholz, ministro de Finanzas en la gran coalición encabezada por Merkel, esforzado por sacudirse la imagen de dirigente con escaso carisma y los ecos del escándalo financiero de Wirecard.

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Pero las imágenes de la devastación en los Estados federales de Renania del Norte-Westfalia y Renania-Palatinado cambiaron el escenario. Desde ese día ya nadie quiere hablar de pasajes supuestamente plagiados en el libro lanzado en campaña por Baerbock. Ahora, el protagonista es Laschet, cuyo partido aún es el favorito de las encuestas, pero que ha tropezado ante las cámaras de los medios cuando menos le convenía. El pasado sábado, en una visita a la damnificada ciudad de Erfstadt, fue grabado y fotografiado mientras se reía con algunos acompañantes en un momento en que el presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, en primer plano, transmitía en tono serio su solidaridad con las víctimas.

“Laschet ríe mientras el país llora”, sentenció el diario sensacionalista Bild en un titular que sacudió a los estrategas de su campaña. El conservador, además, no es solo candidato a suceder en el liderazgo del país a Merkel, sino que es ministro presidente de Renania del Norte-Westfalia, uno de los Estados golpeados por las inundaciones.

“Si Laschet quiere ser canciller, debe ser capaz de manejar las crisis”, escribió el periódico de Berlin Tagesspiegel en un editorial en el que estimó que ha dado motivos para dudar de su capacidad para ser canciller. “Esto no le habría ocurrido a Merkel”, remató.

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“Laschet perdió mucha credibilidad con ese gesto”, afirma Hajo Funke, un politólogo y profesor emérito de la Universidad Libre de Berlin. “Ese gesto dejó al desnudo de que no estaba del lado de las víctimas en un momento crucial. Sobre todo en un momento en que ya nadie duda de que las inundaciones se convertirán el tema central de la campana”, añade.

En contraste, la canciller mostró días después una imagen de sobriedad y empatía en Renania-Palatinado, donde visitó una zona afectada cogida del brazo de la ministra presidenta de la región, la socialdemócrata Malu Dreyer. También visitó el Estado de su compañero de partido, que obtuvo así una oportunidad de enmendar la metedura de pata, por la que se ha disculpado reiteradamente.

La fotografía de sus risas en pleno desastre probablemente resurja en campaña, pero está por ver si tendrá efecto en los votantes. De momento, las encuestas mantienen en cabeza a la CDU de Laschet (con su partido hermano bávaro, la CSU) con un 29%, diez puntos por encima de Los Verdes, que a su vez desbancan de la segunda posición al SPD, con en torno al 16%.

No obstante, una encuesta de la empresa Civey para la revista Der Spiegel, realizadas tras las inundaciones, arroja que solo el 26% considera a Laschet un buen gestor de crisis o catástrofes, por detrás del 41% alcanzado por el socialdemócrata Scholz, y no muy lejos del 24% de Baerbock.

Otro sondeo de la misma empresa para la revista refleja que el cambio climático será un tema central, como señala Funke, y tampoco deja en buen lugar al aspirante de la CDU. El sondeo preguntó a 5.000 personas qué candidato “haría un esfuerzo decidido para abordar el cambio climático como canciller”. Solo el 26% opinó que así lo haría el líder de la CDU, frente al 35% de Scholz y el 56% de la dirigente ecologista.

El resultado en este último caso no sorprende tanto, ya que la lucha contra el calentamiento global lleva mucho tiempo entre las prioridades programáticas de Los Verdes. El partido vivió un momento de gloria en mayo tras designar como candidata a Baerbock, y llegó a superar en intención de voto a la CDU. Sin embargo, varios errores de la dirigente, como un currículum maquillado y unas primas de Navidad declaradas con retraso, restaron fuelle a Los Verdes, que han caído en las encuestas. Las acusaciones recientes de plagio en su libro Ahora. Cómo renovamos nuestro país, rechazadas por la formación, han supuesto también un desgaste a la imagen de Baerbock.

Sin embargo, las inundaciones le han brindado una nueva oportunidad para recuperar el terreno perdido. El cambio climático ha llegado a la campaña electoral para quedarse. Baerbock también ha visitado las zonas castigadas por el temporal, pero lo ha hecho de forma discreta, sin acompañamiento de medios.

Mientras, Olaf Scholz, un político veterano que ha sido casi todo en el SPD y ahora es ministro de Finanzas, ha sido el encargado de anunciar las ayudas de emergencia de 200 millones de euros del Gobierno y ha prometido que habrá dinero si hace falta. “Haremos lo que sea necesario para ayudar a todo el mundo tan rápido como sea posible”, enfatizó el pasado miércoles. Pero ha vuelto a la primera línea de un partido que no despega en las encuestas y en el que apenas hace ocho meses los militantes rechazaron su centrismo para dirigirlo frente a una opción más izquierdista. La gestión del coronavirus, acompañada de una lluvia de millones de su Ministerio, y la falta de un candidato mejor en un partido en horas bajas han acabado por encumbrarlo con la fama de gestor eficiente.

Scholz utiliza en su campaña el viejo eslogan “lo que cuenta es el canciller”. Es el mismo que utilizó el conservador Kurt-Georg Kiesinger (CDU) en 1969 y con el que perdió la jefatura de Gobierno ante Willy Brandt. El eslogan parece haberse olvidado en la sede del SPD, un partido que lo apuesta todo a Scholz, mientras que la CDU/CSU y los Verdes se centran más en el tirón de sus formaciones que en la persona.

Catástrofes naturales que inclinan la balanza electoral

Las catástrofes naturales han sido protagonistas en las carreras políticas de varios dirigentes destacados en Alemania. Han sido motivo para encumbrar a unos, y han provocado la caída de otros. En 1962, el socialdemócrata Helmut Schmidt, entonces ministro del Interior del Gobierno regional de Hamburgo, se hizo cargo, con mano de hierro, de responder a unas devastadoras inundaciones que causaron la muerte de más de 300 personas. Su gestión de la catástrofe le dio la fama de político sobrio y eficaz, de “Macher”, hacedor en alemán, y abrió su camino a la cancillería.

 

Las catástrofes pueden llevar a ganar elecciones, o perderlas. Todavía se recuerda el “momento de las botas de agua” de la campaña electoral de 2002, cuando el Elba inundó amplias zonas del este de Alemania en plena campaña electoral al Bundestag. Mientras el entonces candidato de la CSU, Edmund Stoiber, seguía de vacaciones, el canciller del SPD, Gerhard Schröder, se apresuró a entrar en escena como un gestor de crisis marchando por las zonas inundadas con botas de goma, recuperando así a tiempo la desventaja de su partido en las encuestas.

 

Stoiber dudó en su momento. Cuando Schröder ya atravesaba la zona del desastre con su chubasquero y una mirada decidida, el conservador, que entonces era el jefe del Gobierno de Baviera, seguía con su mujer y unos amigos en la isla de Juist, en el Mar del Norte. “No quería hacer campaña en la catástrofe natural”, alegó. Pero al final acudió. Se desplazó hasta donde ya había estado Schröder, vestido con un polo azul claro.

 

Perdió las elecciones. “Por supuesto, la dramática situación de las inundaciones poco antes de las elecciones federales de 2002 fue un factor importante para la posterior victoria electoral de Gerhard Schröder”, admitió el político bávaro.

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