Haití, un país en permanente convulsión

El terremoto del sábado se suma a una estela de desastres naturales, inestabilidad política, corrupción y violencia que arrasan el país caribeño

Una familia desayuna afuera de casa destruida por el terremoto del sábado en Les Cayes, Haití. En vídeo, Haití sigue buscando supervivientes del terremoto. Vídeo: JOSEPH ODELYN (AP) / REUTERS

Haití es un paciente herido que nunca termina de recuperarse. Al país caribeño lo ha azotado este sábado un terremoto de magnitud 7,2 que ha destruido varias de sus provincias y ha dejado al menos 1.200 personas muertas. Un desastre más para un país que aún no termina de reconstruirse después el terremoto del 12 de enero de 2010 en el que fallecieron más de 250.000 personas y que, a su vez, atraviesa una crisis política tras el asesinato en julio del presidente Jovenel Moïse. La nación de 11 millones de habitantes lleva décadas sin hallar un respiro de una situación de permanente convulsión.

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El país es el más pobre del continente americano y acumula una serie de tragedias que le impiden salir adelante a pesar del respaldo de la comunidad internacional. A los fenómenos naturales —como terremotos y huracanes, que son comunes por su ubicación geográfica— se le suma la rampante corrupción de sus autoridades y de los políticos que han intentado llevar el Gobierno en los últimos años, así como el surgimiento de bandas criminales que han sofisticado sus actividades —tráfico de armas y respaldo a rutas del narcotráfico— llevando a la nación a una espiral de violencia.

Tras el terremoto de 2010, la comunidad internacional se volcó a ayudar a Haití y decenas de organizaciones no gubernamentales aterrizaron en Puerto Príncipe, la capital, para establecer planes para entregar las ayudas a sus habitantes. Los recursos no han dejado de llegar a la isla: Estados Unidos estima que en los últimos 10 años han sido enviados 13.000 millones de dólares. El expresidente Moïse reconoció a este diario, cinco meses antes de ser asesinado, que los recursos enviados por la comunidad internacional no fueron aprovechados por las autoridades locales. “No supimos qué hacer con los proyectos que llegaron de los fondos internacionales”, dijo entonces.

Moïse atribuía esta incapacidad de aprovechar los recursos a la inestabilidad política y la corrupción endémica del Gobierno. El presidente fue asesinado la noche del 7 de julio por un grupo de sicarios que irrumpieron en su casa. La investigación sobre el magnicidio sigue sin hallar a los autores intelectuales y acumula incógnitas ante la detención de exmilitares colombianos que fueron contratados para la operación. Moïse buscaba mantenerse en el poder un año más del periodo por el que había sido elegido en 2016, lo que ya había provocado protestas y tensiones entre la población.

“La comunidad internacional tiene que trabajar en investigar el lavado de dinero, el tráfico de armas, los abusos a los derechos humanos y otros actos ilegales que llevan a cabo las autoridades haitianas y los líderes del sector privado”, señaló Emmanuela Douyon, experta en política pública ante el Congreso de Estados Unidos a principios de este año. Douyon ha insistido con sus testimonios ante los congresistas en que es necesaria una estrategia para buscar la estabilidad de Haití en el largo plazo para que el país deje de ser el depósito de millones de dólares que no contribuyen a mejorar la vida de los haitianos. Un 60% de la población vive en situación de pobreza, según estimaciones del Banco Mundial.

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La difícil historia de Haití muestra una gran cantidad de episodios que le han impedido dibujar una perspectiva para su porvenir. La antigua colonia francesa fue el primer país en independizarse en el siglo XIX y adquirió cuantiosas deudas con su colonizador desde su surgimiento como una nación. Tras décadas de luchar por su identidad, en el siglo XX el país padeció la dictadura de los Duvalier: en 1957 fue elegido François Duvalier, conocido como Papa Doc, que estableció un Gobierno autocrático y permaneció en el poder hasta su muerte en 1971. En ese año, su hijo Jean-Claude Duvalier, también llamado Baby Doc, continuó con el sistema autoritario hasta su caída en 1986. Desde entonces, el país ha intentado establecer gobiernos democráticos que son reemplazados constantemente.

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Sobre la firma

Sonia Corona

Es la jefa de la redacción de EL PAÍS en México. Cubre temas de Política, Economía, Tecnología y Medio Ambiente. Fue enviada especial para las elecciones presidenciales de 2020 en EE UU. Trabajó en Reforma y El Huffington Post. Es licenciada en Comunicación por la Universidad de las Américas Puebla y Máster de Periodismo UAM-EL PAÍS.

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