La ruptura entre Marruecos y Argelia eleva la tensión en el Magreb

El malestar por el Sáhara Occidental agrava la rivalidad histórica entre ambos países

Un hombre argelino sostiene un periódico con la foto del ministro de Exteriores, Ramtane Lamamram, en portada, el 25 de agosto, tras la ruptura de las relaciones diplomáticas con Marruecos.
Un hombre argelino sostiene un periódico con la foto del ministro de Exteriores, Ramtane Lamamram, en portada, el 25 de agosto, tras la ruptura de las relaciones diplomáticas con Marruecos.RYAD KRAMDI (AFP)

En poco más una década, el Magreb ha pasado de ser una región con una marcada estabilidad a una auténtica olla a presión. Al colapso institucional del vecino Sahel cabe añadir una severa crisis política interna en Túnez, un estado de guerra civil cíclica en Libia, y ahora también el grave deterioro de las siempre delicadas relaciones entre Argelia y Marruecos, los dos países que pugnan desde hace décadas por la hegemonía regional. La decisión de Argel de romper las relaciones diplomáticas con Rabat es fruto de la progresiva escalada de tensión experimentada durante los últimos meses, y no está claro cuánto durará y hasta dónde pueden llegar sus consecuencias.

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Tras la reunión del Alto Consejo de Seguridad argelino la semana pasada, la oficina del presidente Abdelmajid Tebún hizo pública una lista de agravios que, advirtió, llevarían a una “revisión” de las relaciones con Rabat. Entre ellos, el presunto apoyo de Marruecos a dos partidos opositores: el MAK, que defiende la independencia de la región amazig de la Cabilia, y el islamista Rachad, ambos clasificados como “terroristas” y a los que las autoridades acusan de estar detrás de la ola de incendios que ha asolado el país. Asimismo, Argel ha señalado al informe elaborado por varios medios internacionales que asegura que los servicios secretos marroquíes podrían haber pirateado los teléfonos de más de 6.000 ciudadanos argelinos con un programa de espionaje israelí, lo que confirmaría el supuesto complot de estos dos países contra Argelia.

Sin embargo, los expertos consideran que hay razones más profundas detrás del conflicto actual. “El reconocimiento de la soberanía marroquí del Sáhara Occidental por parte de EE UU durante la Administración Trump ha alterado el statu quo del conflicto, algo que, sumado a la normalización entre Marruecos e Israel, ha echado leña al fuego de unas relaciones históricamente conflictivas”, afirma Haizam Amirah-Fernández, investigador del Instituto Elcano.

Desviar la atención

Horas después del anuncio de la ruptura, el Ministerio de Exteriores marroquí publicó un comunicado en el que calificaba la decisión de “injustificada” y basada en “pretextos falaces, e incluso absurdos”. En las redes sociales marroquíes se ridiculizó la asociación de Marruecos con los incendios en Argelia, e incluso con el linchamiento de un joven por una turba que lo confundió con un pirómano. En un artículo irónico, el conocido escritor marroquí, Tahar Ben Jelloun, escribe “es Marruecos quien alumbró los incendios en la Cabilia ... y en Atenas, Estambul o incluso en California, todo el mundo sabe que los marroquíes son pirómanos redomados”. Por su parte, los analistas marroquíes argumentan que el verdadero objetivo de Argel es desviar la atención y la ira popular del conjunto de la crisis -política, sanitaria, ambiental- que se han ido acumulando este tórrido verano.

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“Está claro que las crisis internas de diverso tipo, sobre todo sanitaria y económica, estimulan a elevar la temperatura en las relaciones con el país vecino. Pero eso no vale solo para Argelia, sino también para Marruecos. Ya hace muchos meses que las respectivas prensas oficialistas se enzarzan en provocaciones creando un clima de hostilidad mutua”, comenta Amirah-Fernández que, no obstante, precisa que esta animadversión mutua no es compartida por la ciudadanía de ambos países.

Irene Fernández-Molina, profesora de la Universidad de Exeter y experta en el Magreb, también ve una relación directa entre los problemas internos y las crisis bilaterales en la región, una de las menos integradas del mundo. “Cunde la percepción de que la inseguridad es asimétrica -como ahora, que Marruecos se ve internamente más fuerte que Argelia-, tienden a deteriorarse las relaciones y a producirse crisis”, sostiene la profesora. La analista apunta a la posibilidad de que las provocaciones de Marruecos, al mismo tiempo que el rey tendía la mano a su vecino en el discurso del trono de finales de julio, respondan a una maquiavélica estrategia. “Con esta ruptura, Marruecos se puede presentar a la comunidad internacional como el socio fiable, y a Argelia, como el spoiler [saboteador]”, apostilla.

“Sin duda, esta no es una buena noticia para España, ni para la UE, ni para el Magreb, una región que afronta numerosas crisis que requieren respuestas coordinadas. Y eso es mucho más difícil cuando sus dos principales países no tienen relaciones diplomáticas”, desliza Amirah-Fernández. Diversos informes advierten de que el Mediterráneo es una de las regiones que se verá más afectada por la emergencia climática, que se suma a la actual desestabilización de su frontera sur, el Sahel.

Impacto para España

En concreto, para España, la crisis podría dificultar la renovación del acuerdo trilateral que permite la llegada de gas natural argelino a través del gasoducto del Magreb, que caduca en otoño. En principio, la ruptura entre Argel y Rabat no debería afectar negativamente al reencuentro entre España y Marruecos, escenificado por el rey de Marruecos, Mohamed VI, en un discurso la semana pasada. De hecho, podría haber sucedido más lo contrario, que en previsión del choque frontal con Argelia, las autoridades marroquíes hubieran acelerado el deshielo con España para evitar tener abiertos sendos conflictos con los dos principales vecinos.

Ante tal envenenado contexto, se teme que la espiral de provocaciones pueda incluso desembocar en algún tipo de confrontación violenta. De momento, ya se han registrado movimientos de tropas en la frontera. “Si los dos regímenes no se calman, iremos rápidamente a un choque, limitado, pero armado. Después de todo, ¿es lo que quieren no?”, ha escrito en un tuit Ali Lmrabet, un periodista disidente marroquí. No en vano, hace años que ambos países se han enzarzado en una costosa carrera armamentística -en el último lustro, sus adquisiciones de armas han representado el 70% de toda África-, y los precedentes históricos sugieren que, a menudo, es para usarlas.

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