El Brasil que no quiere a Bolsonaro ni a Lula consigue un tímido apoyo en las calles

Las marchas en varias ciudades este domingo son la primera ocasión de medir las fuerzas de los partidarios de una tercera vía

Manifestantes contra Bolsonaro este domingo en la avenida Paulista de São Paulo.
Manifestantes contra Bolsonaro este domingo en la avenida Paulista de São Paulo.Fernando Bizerra (EFE)

El calendario está a rebosar de manifestaciones en Brasil aunque la pandemia aún mata a cientos de personas a diario y contagia a miles. La primera marcha impulsada por los que anhelan tener en 2022 un candidato presidencial distinto a Jair Bolsonaro o Luiz Inácio Lula da Silva ha reunido este domingo a unos miles de personas en varias ciudades. El lema original, Ni Lula ni Bolsonaro, fue modificado en el último minuto en un intento de atraer la participación del Partido de los Trabajadores. Lo dejaron en Fuera Bolsonaro pero ni por esas. No acudió el PT, que incluso en horas bajas es la máquina política más potente de Brasil.

Lo que han marchado en São Paulo, Río de Janeiro y un puñado de ciudades más quieren echar a Bolsonaro con un impeachment o en las elecciones. Pero tampoco quieren a la izquierda petista.

“Cuántos más seamos, más opciones tendremos de echar a Bolsonaro, pero todavía somos pocos”, decía desilusionada la médica Denise, 53 años, en la protesta de São Paulo. Como el resto de los consultados prefirió identificarse solo por el nombre de pila. Denise añadía: “Votaré por la tercera vía, sea quien sea el candidato, cualquiera que no sea Lula ni Bolsonaro”. Hace tres años votó al militar retirado en segunda vuelta. Es una de las decepcionadas, sobre todo por su nefasta gestión de la pandemia.

Esta era la primera ocasión de medir en la calle la fuerza de la llamada tercera vía, de la que se habla mucho en la prensa, entre los empresarios y las élites, pero que las encuestas retratan hasta el momento más como un deseo intenso que como una realidad en construcción que encarne una persona concreta a 13 meses de las elecciones. Han salido a la calle los que no quieren verse arrastrados por la polarización, los que se han quedado políticamente huérfanos al abandonar Bolsonaro la agenda liberal en economía y la lucha contra la corrupción o los que recelan de Lula por sus condenas —ya anuladas—. En respuesta a la convocatoria, muchos vestían de blanco, para distinguirse del verde/amarillo bolsonarista y del rojo del PT.

El acto de São Paulo ha sido en la misma avenida, la Paulista, donde el martes pasado el presidente Bolsonaro reunió y arengó a una multitud con motivo del Día de la Independencia. El mandatario profirió diversas amenazas a los jueces del Supremo de las que se retractó el viernes. Los vendedores ambulantes de camisetas adaptan su muestrario a la manifestación de turno. El negocio es el negocio. Las mesitas que hace unos días ofrecían camisetas amarillas con la palabra “mito” al lado del rostro de Bolsonaro, hoy eran negras y junto al rostro del mandatario mostraban el lema Fora Bolsonaro.

Los discursos se han centrado en vapulear al presidente actual, pero su predecesor izquierdista no se ha librado de los golpes verbales. El partido de Lula se ha negado a participar porque entre los convocantes están dos de los movimientos de jóvenes liberales que fueron la vanguardia-antiDilma, lideraron las protestas callejeras que propiciaron la destitución de Dilma Rousseff en 2016. Esos grupos, Movimiento Brasil Libre (MBL) y Vem para a Rua (Ven a la calle), que lograron algunos diputados federales al calor de aquel traumático cambio y de la ola Bolsonaro están ahora decepcionados y coinciden con el PT en el deseo de ver al dirigente de extrema derecha lejos de la Presidencia. El partido de Lula ha apoyado la movilización pero sin sumarse.

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Símbolo de ese Brasil que no quiere a ninguno de los favoritos, un muñeco hinchable paseado este domingo por la avenida Paulista: un Bolsonaro con camisa de fuerza abrazando a un Lula vestido de presidiario.

Durante el último lustro la política brasileña parece subida en una montaña rusa, cuyos puntos culminantes fueron la destitución de Rousseff, el encarcelamiento y excarcelación de Lula y la inesperada victoria de Bolsonaro. Esos movimientos tan bruscos han visto nacer y morir todo tipo de afinidades y desencuentros.

Un muñeco hinchable exhibido este domingo en la marcha de São Paulo que muestra a Bolsonaro abrazado a Lula.
Un muñeco hinchable exhibido este domingo en la marcha de São Paulo que muestra a Bolsonaro abrazado a Lula. AMANDA PEROBELLI (Reuters)

Entre los muchos nombres que suenan como tercera vía, el gobernador João Doria, que consiguió traer de China las primeras vacunas a Brasil, el gobernador Eduardo Leite, que ha aplicado un plan de ajuste fiscal, tiene 36 años y acaba de declararse gay, el primer ministro de Sanidad al que Bolsonaro echó del Gobierno, Henrique Mandetta, y Ciro Gomes, un caudillo del nordeste de Brasil y de centro-izquierda que quedó tercero en las elecciones de 2018, etcétera. “Quien es demócrata en Brasil tiene que entender que el impeachment (de Bolsonaro) es la única salida”, proclamó Gomes.

Aunque aún quedan muy lejos, una de las claves que se vislumbra para los próximos comicios es por quién votarán los que detestan al dúo Bolsonaro-Lula, que encabeza las encuestas, si la segunda vuelta es un duelo entre ambos.

Lopes, un ingeniero de 58 años, que ha salido a manifestarse en la avenida Paulista, quisiera ver a Ciro Gomes en la Presidencia, pero si la disyuntiva final es Bolsonaro-Lula lo tiene clarísimo. “Pueden decir lo que quieran, pero Lula es un demócrata, siempre lo ha sido. Y Bolsonaro es un prototipo de golpista”.

A Robson, operador logístico, y a su pareja, Jessica, ambos de 31 años, les gustaría que el candidato fuera el antiguo juez Sergio Moro. “U otra vía más a la derecha que no sea Bolsonaro”, añade él. Pero lo cierto es que, tras su salida del Gobierno Bolsonaro y ruptura con el militar retirado, las encuestas le dan pocas opciones al responsable de la gran investigación contra la corrupción. Robson perdió la fe en Bolsonaro “cuando rompió todos los compromisos adquiridos para defender una política liberal con un Estado mínimo, que ofrezca Sanidad y Seguridad, y más eficiente”. Todavía queda mucho partido hasta que los brasileños elijan presidente en octubre de 2022.

Sobre la firma

Naiara Galarraga Gortázar

Es corresponsal de EL PAÍS en Brasil. Antes fue subjefa de la sección de Internacional, corresponsal de Migraciones, y enviada especial. Trabajó en las redacciones de Madrid, Bilbao y México. En un intervalo de su carrera en el diario, fue corresponsal en Jerusalén para Cuatro/CNN+. Es licenciada y máster en Periodismo (EL PAÍS/UAM).

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