Crisis política en Argentina: renuncian los ministros de Cristina Fernández de Kirchner

La medida tensiona al máximo la coalición del Gobierno peronista y condiciona a los ministros apadrinados por el presidente Alberto Fernández

El presidente de Argentina, Alberto Fernández, habla en el Senado el 1 de marzo de 2021, ante la mirada de la vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner.
El presidente de Argentina, Alberto Fernández, habla en el Senado el 1 de marzo de 2021, ante la mirada de la vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner.DPA vía Europa Press (Europa Press)

La sangre ha llegado al río en Argentina. Cinco ministros y dos altos funcionarios que responden a la vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, han presentado este miércoles su renuncia al presidente, Alberto Fernández. La jugada expone las tensiones dentro de la coalición peronista luego de la derrota electoral del domingo. La oferta de salida de los ministros kirchneristas pone bajo fuego al presidente y al resto de los miembros del Gabinete que lo respaldan. Fernández está obligado ahora a rechazarles la renuncia y ceder a las presiones del kirchnerismo; o puede dejarlos ir y armar un nuevo Gabinete sin la principal fuerza política de su Gobierno. La fractura, hasta ahora soterrada, se ha hecho evidente.

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La debacle electoral del Frente de Todos en las elecciones primarias del domingo fue épica. Los precandidatos del peronismo a disputar una banca en el Congreso el 14 de noviembre perdieron en 18 de los 24 distritos del país, incluso la provincia de Buenos Aires, bastión del kirchnerismo. Fernández dijo que había “cometido errores” y prometió subsanarlos. El kirchnerismo inició entonces un juego de presiones para sacar de sus cargos al jefe de Ministros, Santiago Cafiero, y al ministro de Economía, Martín Guzmán, al que achacan los problemas económicos que terminaron por espantar el voto hacia la oposición. Fernández no cedió a la presión y apoyó a sus hombres en distintos actos públicos. El kirchnerismo no esperó mucho más y decidió patear el tablero.

El ministro de Interior, Eduardo ‘Wado’ de Pedro, los ojos de Cristina Kirchner en el Gabinete, presentó su renuncia a Fernández con una carta muy breve. ”Escuchando sus palabras del domingo por la noche, dónde planteó la necesidad de interpretar el veredicto que ha expresado el pueblo argentino, he considerado que la mejor manera de colaborar con esa tarea es poniendo mi renuncia a su disposición”, escribió. Minutos después lo siguieron los ministros de Justicia, Martín Soria; de Desarrollo Territorial, Jorge Ferraresi; de Ciencia, Roberto Salvarezza; de Medio Ambiente, Juan Cabandié; y de Cultura, Tristán Bauer. También se sumaron las directoras del servicio de salud de los jubilados (PAMI), Luana Volnovich, y de la seguridad social (ANSES), Fernanda Raverta. El PAMI y el ANSES son dos oficinas clave del Gobierno: tienen el mayor presupuesto de la administración y oficinas en cada ciudad y pueblo del país.

El presidente debe decidir ahora si acepta la salida de los ministros kirchneristas o sacrifica a los suyos, debilitando así su posición dentro de una coalición que también integran los sectores que responden a Sergio Massa, presidente de la Cámara de Diputados. Horas antes de las renuncias, Fernández había compartido un acto oficial con el ministro de Economía. Guzmán es hoy un funcionario bajo fuego. El kirchnerismo considera que no supo administrar la crisis heredada del macrismo y lo culpan de, en nombre del equilibrio fiscal, poner freno a los planes de ayuda social. La lectura kirchnerista de la derrota electoral del domingo es que si los votantes que en 2019 eligieron al Frente de Todos y ahora apoyaron a Juntos por el Cambio, la coalición del expresidente Mauricio Macri, fue porque se sintieron acompañados por el Gobierno durante la pandemia. En pocas palabras: que faltó dinero en sus bolsillos.

La embestida contra Guzmán por parte de voceros formales e informales del kirchnerismo ha sido evidente desde antes incluso de las elecciones del domingo pasado. Pero la crisis política abierta este miércoles pareció ponerle un freno. Fuentes del ministerio de Economía confirmaron a EL PAÍS que Cristina Kirchner llamó al ministro por teléfono para decirle que no era cierto que ella esté pidiendo su cabeza. Fue “una charla informal” en la que quedaron verse.

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La crisis económica se palpa en la calle. La inflación ronda el 50% anual y ha crecido el desempleo hasta el 10,2%. El cierre de comercios e industrias durante la pandemia cambió el humor social. El Gobierno intentó revertir la situación con ayudas al salario y las empresas durante 2020, pero la falta de crédito externo y la necesidad de cerrar un acuerdo con el FMI llevaron a Guzmán a limitar los planes sociales durante 2021. Resta ahora saber qué hará Fernández ante la jugada del kirchnerismo. Cristina Fernández ha movido su ficha y ha exhibido su poder como sostén último de la gobernabilidad. Argentina suma ahora a su crisis económica otra política.

Con el avance de las horas, el presidente Fernández se ha mostrado dispuesto a resistir. E incluso ha sumado apoyos, como nunca antes, de gobernadores peronistas y no peronistas y otros grupos de poder. La Confederación General del Trabajo (CGT), la pata sindical del peronismo tradicional, emitió un comunicado en que llamó a defender “al Gobierno electo constitucionalmente y a defender la institucionalidad presidencial”, dando a entender que ambas cosas están en riesgo. Dos de las principales organizaciones piqueteras del país, Barrios de Pie y el Movimiento Evita, convocaron además para este jueves a una marcha a la Plaza de Mayo, en Buenos Aires, para “bancar” al presidente Fernández. Es posible que Argentina este, finalmente, ante el surgimiento del “albertismo”, un movimiento al que el presidente hasta ahora se negó a promover.

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Sobre la firma

Federico Rivas Molina

Es editor de la edición América de El País desde Buenos Aires, donde ejerce como corresponsal del diario desde 2016. Es licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Buenos aires y máster en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona.

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