Australia niega que el pacto de defensa con Reino Unido y EE UU se cerrara a espaldas de Francia

La crisis provocada por el acuerdo no amaina después de que el ministro francés de Exteriores acusara a Canberra de mentir. París anuncia que Macron pedirá explicaciones en una llamada a Biden “en los próximos días”

El primer ministro australiano, Scott Morrison, comparece ante la prensa en Sydney, Australia, este domingo. En vídeo, declaraciones del Primer Ministro de Australia sobre el contrato de los submarinos.REUTERS (JOEL CARRETT / EFE)
Agencias
Canberra -

La grave crisis diplomática motivada por el acuerdo de defensa entre Reino Unido y Estados Unidos con Australia para proveer a este país de submarinos nucleares, en detrimento de un pacto previo con Francia, no da señales de amainar. Dos días después de que París decidiera llamar a consultas a sus embajadores en Washington y Canberra, el primer ministro australiano, Scott Morrison, se enrocó este domingo en defender el acuerdo bautizado como Aukus, mientras que varios miembros de su Gobierno negaron las acusaciones de París, que reprocha a Australia haber mentido. Un portavoz del Gobierno galo anunció horas después que el presidente francés, Emmanuel Macron, pedirá “explicaciones” a su homólogo estadounidense, Joe Biden, en una conversación telefónica que mantendrán en los “próximos días”.

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El sábado, el ministro francés de Exteriores, Jean-Yves Le Drian, había comparecido en el telediario de la cadena France 2 para acusar a Estados Unidos y Australia de haber roto su confianza al rescindir el acuerdo con Francia y cerrar su pacto alternativo tripartito con “doblez, desprecio y mentira”. El compromiso comercial ahora anulado -que se concluyó en 2016- suponía la compra de 12 submarinos convencionales propulsados por diésel al conglomerado francés Naval por valor de 37.000 millones de dólares (31.500 millones de euros). París sostiene que el acuerdo Aukus se negoció en secreto y que el presidente francés lo desconocía totalmente hasta una hora antes de anunciarse, el 15 de septiembre. En una entrevista radiofónica al día siguiente de este anuncio, Le Drian lo tildó de “puñalada por la espalda” a Francia.

El primer ministro australiano respondió este domingo a estas invectivas en una comparecencia ante los medios de comunicación en la que utilizó un tono más comedido pero sin hacer ninguna concesión. El Gobierno francés, aseguró Morrison, tenía “todos los elementos” para saber que su país albergaba “serias y graves preocupaciones” de que el acuerdo ahora anulado para comprar los submarinos convencionales franceses “no iba a satisfacer” sus “intereses estratégicos” por lo que dejaron “muy claro” que tomarían una decisión basada en su “interés nacional estratégico”. El jefe del Gobierno australiano aseguró haber comunicado estas inquietudes al presidente Macron en junio.

“Por supuesto que es una cuestión de gran desilusión para el gobierno francés, así que entiendo su decepción”, aclaró Morrison. “Pero al mismo tiempo, Australia, como cualquier nación soberana, debe tomar decisiones que respondan a nuestros intereses soberanos de defensa nacional”, explicó.

Australia fue “franca, abierta y honesta” con Francia, abundó el ministro de Defensa australiano, Peter Dutton, también este domingo. “Las insinuaciones de que el gobierno australiano no había señalado [a Francia] sus preocupaciones, desafían, francamente, lo que es de dominio público y ciertamente lo que han dicho públicamente durante un largo período de tiempo”, puntualizó Dutton a SkyNews. Otro miembro del Ejecutivo australiano, el titular de Finanzas, Simon Birmingham, reiteró que su país había informado a París del acuerdo con EE UU y Reino Unido, si bien reconoció que las negociaciones habían sido secretas dadas las “enormes sensibilidades”.

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Explicaciones a Biden

Horas después de difundirse estos argumentos, el portavoz del gobierno galo, Gabriel Attal, anunció a la cadena de televisión BFM TV la conversación telefónica que Macron mantendrá con Biden, sin precisar una fecha concreta, aunque aseguró que será “en los próximos días”. El portavoz precisó que el presidente francés pedirá “explicaciones” sobre la rescisión del contrato con Francia, incluido sobre la compensación para el consorcio galo.

El Reino Unido también justificó este domingo el acuerdo que, no solo ha suscitado la cólera de Francia, sino también la de China, la potencia cuya creciente influencia en la región Indo-Pacífico pretende contrarrestar el pacto Aukus, según diversos analistas. La recién nombrada ministra de Exteriores británica, Liz Truss, utilizó el mismo argumento que el primer ministro australiano para defender un acuerdo de defensa que defiende los “intereses nacionales” de su país, afirmó en un artículo publicado este domingo en el periódico Sunday Telegraph. “Se trata de algo más que de política exterior en abstracto, sino de (...) asociarse con países de ideas afines para construir coaliciones basadas en valores e intereses compartidos”, escribió Truss.

El descontento de Francia no se explica solo por la anulación del contrato. Su exclusión de la alianza estratégica que supone el pacto Aukus en la región Indo-Pacífico supone también una afrenta para París. Francia conserva en esa vasta zona varios territorios de ultramar como Nueva Caledonia y la Polinesia francesa y, pese a su menor protagonismo de los últimos años en la escena mundial, el país galo se considera a sí mismo una potencia internacional. Francia ocupa uno de los cinco puestos permanentes con derecho a veto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

La Unión Europea tampoco ha visto con buenos ojos el acuerdo Aukus que, no solo perjudica los intereses de uno de sus miembros más prominentes, sino que ha puesto en jaque la relación transatlántica con Estados Unidos y tensado aun más los ya comprometido vínculos con el Reino Unido a causa del Brexit. El acuerdo tripartito cuestiona además las propias ambiciones geopolíticas de Europa en la región del Indo-Pacífico, recalcó un diplomático europeo a Reuters. Los líderes de la Unión Europea discutirán este asunto y la crisis que ha provocado en la cumbre prevista para el próximo 6 de octubre en Eslovenia.


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