Ruanda declara culpable de terrorismo al héroe de la película ‘Hotel Ruanda’

La Fiscalía pide la cadena perpetua para Paul Rusesabagina, cuya historia se reflejaba en esa cinta, convertido en opositor al Gobierno de Paul Kagame

Paul Rusesabagina, en el centro, en el tribunal de Kigali donde está siendo juzgado por terrorismo, este lunes. En vídeo, un resumen de la vida de Rusesabagina.REUTERS-QUALITY (AP)

Un tribunal ruandés condenó este lunes a 25 años de prisión por pertenencia a organización terrorista a Paul Rusesabagina, el héroe ruandés encarnado en el cine por el actor don Cheadle en la película Hotel Ruanda (2004). Era una sentencia esperada desde que en septiembre de 2020, el avión en el que viajaba a Burundi Rusesabagina aterrizase en el aeropuerto de Kigali. Fue detenido en la capital ruandesa y acusado de “nueve cargos relacionados con terrorismo, incendio intencionado, secuestro y asesinato perpetrados contra civiles desarmados e inocentes en suelo ruandés, incluido el distrito de Nyabimata-Nyaruguru en junio de 2018 y el de Nyungwe-Nyamagabe en diciembre”, como explicó en ese momento la Oficina de Investigación de Ruanda (RIB, en sus siglas en inglés). Desde la organización Human Rights Watch se describió la detención como “una desaparición forzosa”, mientras que el jefe de la inteligencia ruandesa aseguró que Rusesabagina “había caído en una impecable trampa”.

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El filme inspirado por Rusesabagina, de 67 años, cuenta las artimañas y la astucia que tuvo que emplear como gerente en funciones del Hotel Mille Collins de Kigali para proteger a más de 1.200 personas durante el genocidio que en 1994 acabo en apenas cien días con la vida de 800.000 personas, la mayoría del grupo étnico tutsi, asesinados con machetes, quemados vivos o disparados a quemarropa por rebeldes hutus.

La “isla de miedo en un mar de fuego”, como calificó Rusesabagina al hotel de lujo en el que mediante cerveza, muchos dólares en efectivo, puros y una mezcla de encanto y capacidad de convicción, le permitió mantener con vida a los clientes y personas que llegaban pidiendo auxilio, se convirtió en un referente de lo ocurrido tanto en Ruanda como en el exterior, donde el silencio y la inacción fue considerada después como un vergonzoso fracaso de la comunidad internacional. Dos años después del genocidio, Rusesabagina, un hutu casado con una tutsi, recibió amenazas de muerte y decidió exiliarse a Bélgica donde solicitó asilo y después obtuvo la nacionalidad. Retomó su vida en la discreción que siempre le caracterizó. Condujo un taxi, compró una casa en los suburbios, y unos años después emigró a Estados Unidos, donde residía cuando realizó el viaje durante el que fue detenido acusado de ser “el fundador, líder, patrocinador y miembro de redes terroristas violentas, extremistas y armadas como el Movimiento Ruandés para el Cambio Democrático (MRDC) y PDR-Ihumure”, como justificó la RIB para emitir previamente una orden internacional de arresto contra él.

La popularidad que alcanzó con la película Hotel Ruanda, a pesar de haber sido cuestionada por algunos de los supervivientes, permitió a Rusesabagina crear una coalición de oposición al Gobierno de Paul Kagame, el comandante rebelde tutsi que tomó el poder después de que sus fuerzas capturasen Kigali, poniendo fin al genocidio. Rusesabagina no ha negado nunca su pertenencia al MRDC y haber financiado desde el exilio a su brazo armado, el Frente de Liberación Nacional (FLN), pero ha negado “haber pedido que el objetivo de los ataques fueran civiles”.

En un mensaje de vídeo de 2018, utilizado por la Fiscalía para pedir la cadena perpetua, Rusesabagina, aseguró que había llegado el momento de usar “cualquier medio posible para traer el cambio a Ruanda”. El exempresario y activista acusa al Gobierno de Kagame de abusos contra los derechos humanos y de una política anti-hutu que mantiene la división y confrontación en el país.

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“Este proceso no tiene nada que ver con la película ni con su estatus de celebridad, sino que se trata de las vidas de los ruandeses perdidas por sus acciones y por las organizaciones a las que pertenecía o dirigía”, justificó Kagame ante las declaraciones que Rusesabagina hizo desde la cárcel antes de que comenzara el juicio. En ellas aseguraba que el grupo creado en el exilio ejecutaba una lucha “diplomática” para representar a los millones de refugiados y exiliados ruandeses que no se atreven a regresar al país. “No somos una organización terrorista”, sentenció ante la cámara.

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