Los conservadores británicos se atrincheran en la defensa del Brexit

El Gobierno de Johnson celebra haber despertado del “mal sueño de pertenecer a la UE” y amenaza con suspender el Protocolo de Irlanda

Un instructor de Hoyer Petrolog UK da este lunes en Londres las últimas instrucciones a los soldados que van a distribuir combustible por gasolineras del Reino Unido
Un instructor de Hoyer Petrolog UK da este lunes en Londres las últimas instrucciones a los soldados que van a distribuir combustible por gasolineras del Reino UnidoHANDOUT (AFP)

El Partido Conservador del Reino Unido celebra su congreso anual, un momento clave para sumar fuerzas y enfocar el mensaje político, justo a la vez que decenas de soldados se han desplegado por todo el país para asegurar el suministro de gasolina a los británicos. Los ministros de Boris Johnson, protagonistas de la convención de Manchester –muchos de ellos veían cara a cara por primera vez a los afiliados, después de un largo confinamiento– se han conjurado este martes para defender con uñas y dientes el Brexit, frente a las críticas y análisis que apuntan a que ha sido un factor agravante en la escasez de camioneros, carniceros, matarifes, recolectores o personal de la construcción. La estrella del Centro de Convenciones era el ministro de Economía, Rishi Sunak. Extremadamente delgado y de corta estatura, este hombre desata pasiones entre los delegados, que han desbordado el auditorio principal para escucharle. “No dejan de repetirme que soy todavía más bajito que en la tele”, rompía el hielo en su intervención.

El máximo responsable de evitar que el Reino Unido salga a medias de la pandemia ha desatado los mayores aplausos al realizar una ferviente defensa de la salida de la UE. “Hace cinco años me dijeron que arruinaría mi carrera política si respaldaba el Brexit”, ha contado. “Pero siempre he puesto y pondré por delante mis principios. Estuve orgulloso de mi decisión, y creo que a pesar de los retos, a largo plazo, la agilidad, flexibilidad y libertad que nos ha proporcionado el Brexit tendrán mucho más valor en la economía del siglo XXI que la proximidad al mercado [de la UE]”, aseguraba Sunak. En primera fila, Boris Johnson aplaudía, aunque su entusiasmo ante el hombre que muchos señalan ya como su sucesor era perceptiblemente inferior que el del resto de asistentes al acto.

La amenaza al Protocolo de Irlanda

El tono más desafiante contra la UE lo profería David Frost, el ministro encargado de negociar con Bruselas y la pesadilla de los despachos comunitarios. Era el primer discurso de la jornada, y el auditorio apenas estaba medio lleno. Frost, sin embargo, había buscado previamente la alianza del Daily Telegraph, el periódico de cabecera de los tories, para que su anuncio no pasara desapercibido. Era la noticia de primera página. El Gobierno de Johnson tiene ya preparado un nuevo texto legal que rediseña de forma sustancial el protocolo de Irlanda del Norte, el escollo más delicado en los años de negociación entre Londres y Bruselas. El argumento de Downing Street, en contra de la visión general de la UE o incluso de la Administración del estadounidense Joe Biden, sugiere ahora que el protocolo, diseñado para preservar la delicada paz en la región alcanzada por el Acuerdo de Viernes Santo, es realmente la principal amenaza a esa paz, y un factor de inestabilidad política en la región.

“No podemos esperar toda la vida. Sin una solución acordada pronto, necesitaremos actuar, y usar el mecanismo de salvaguarda del artículo 16. Será el modo de hacer frente al impacto que el protocolo está teniendo en Irlanda del Norte”, ha amenazado Frost. El artículo 16 del protocolo, que actúa como un botón nuclear, brinda a las partes la facultad de suspender el tratado “ante dificultades económicas, sociales o medioambientales graves”. Resulta complicado ver la gravedad detrás de la llamada “guerra de las salchichas”, que ha llevado al Gobierno de Johnson a prorrogar hasta en tres ocasiones el plazo de la puesta en marcha de los controles aduaneros que el protocolo le obliga a imponer. Todo responde más bien a la presión a la que se están viendo sometidos los partidos unionistas norirlandeses, que consideran el protocolo una traición –Irlanda del Norte se mantiene dentro del Mercado Interior de la UE, al margen del Reino Unido– y amenazan con quebrar su compromiso con las instituciones del Gobierno autónomo de la región si el protocolo no desaparece.

El centro de Mánchester ha aparecido este lunes blindado por la policía. Los tories han hecho todo lo posible para evitar que las protestas en la calle, en una ciudad con electorado y alcalde laborista, salpiquen su convención. Dentro de la fortaleza amurallada con vallas y fuerzas de seguridad, los delegados debaten en el Centro de Convenciones, y confraternizan entre ellos en los bares y restaurantes del aledaño hotel The Midland, un majestuoso edificio de arquitectura eduardiana donde los Beatles fueron rechazados en cierta ocasión por no llevar la vestimenta apropiada.

Únete ahora a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites
Suscríbete aquí

Entre puestos de zapatos Oxford (mínimo de 220 euros el par), camisas de popelín o corbatas de seda –los puestos que rodean el congreso conservador son claramente diferentes a los de la convención laborista–, los delegados convocados en Mánchester buscaban sobre todo la reafirmación de que el viaje del Brexit, en medio de la actual crisis, había merecido la pena: “Ya hemos despertado del largo mal sueño que fue nuestra pertenencia a la UE”, les aseguraba Frost. “Comienza ahora el renacimiento del Reino Unido”.

Soldados en las gasolineras

Mánchester no ha sufrido el desabastecimiento de gasolina de un modo tan grave como Londres, o en general el suroeste de Inglaterra. Los delegados conservadores, encerrados en la burbuja del centro de convenciones, evitaban la imagen de la humillación: 200 soldados desplegados finalmente por el Gobierno para conducir los camiones cisterna y llevar el combustible hasta las estaciones de servicio. Aunque en Escocia y en el norte de Inglaterra la situación se había estabilizado prácticamente este lunes, con apenas un 6% de las gasolineras fuera de servicio, la situación en el sur del país todavía presentaba dificultades, con al menos una de cada cinco completamente cerradas. “Seguimos controlando muy de cerca la situación, pero al menos necesitaremos una semana o 10 días hasta que todos nuestros asociados acumulen combustible y vuelven a sus niveles normales”, ha asegurado a Sky News Gordon Balmer, el presidente de la Asociación de Gasolineras del Reino Unido (PRA, en su siglas en inglés). La PRA representa a más de 5.000 de las más de 8.300 estaciones de servicio repartidas por todo el país.

Los soldados desplegados han entrenado durante el fin de semana en instalaciones de las empresas petroleras, antes de comenzar la distribución de combustible este lunes a primera hora. El Gobierno mantendrá la colaboración del Ejército durante 31 días, y confía en que, para entonces, el suministro de combustible se haya estabilizado por completo. Junto al despliegue de militares, el Gobierno de Johnson decidió “aparcar” temporalmente las restricciones en la política de inmigración que trajo consigo el Brexit, y conceder 5.000 visados temporales (hasta febrero-marzo) a los camioneros de la UE que se decidieran a viajar al Reino Unido. Johnson, sin embargo, ya ha descartado que Downing Street flexibilice aún más su política migratoria, y reclama a las empresas que formen y ofrezcan mejores salarios a los ciudadanos británicos. El Brexit, defiende el primer ministro británico, necesitará un “periodo de reajuste” antes de comenzar a dar sus frutos.










Sigue toda la información internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.

Sobre la firma

Rafa de Miguel

Es el corresponsal de EL PAÍS para el Reino Unido e Irlanda. Fue el primer corresponsal de CNN+ en EE UU, donde cubrió el 11-S. Ha dirigido los Servicios Informativos de la SER, fue redactor Jefe de España y Director Adjunto de EL PAÍS. Licenciado en Derecho y Máster en Periodismo por la Escuela de EL PAÍS/UNAM.

Normas

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS