“El fascismo es un problema europeo, no solo italiano”

Maurizio Landini, secretario general del sindicato que fue asaltado por un partido neofascista, pide que se ilegalicen estas formaciones y alerta del malestar social del que se nutren

Maurizio Landini, secretario general de la Confederación General Italiana del Trabajo, este viernes en la sede del sindicato en Roma.
Maurizio Landini, secretario general de la Confederación General Italiana del Trabajo, este viernes en la sede del sindicato en Roma.Antonello Nusca

La sede en el centro de Roma de la Confederación General Italiana del Trabajo (CGIL), el principal sindicato del país, está custodiada por tres camionetas de la policía, una decena de agentes y unos 30 militantes que pasan la tarde vigilando la entrada. Hay cierta inquietud todavía. Algunas persianas siguen rotas tras el asalto del sábado pasado a manos de una turba dirigida por una organización fascista. Forza Nuova, un pequeño partido liderado por exterroristas y delincuentes, aprovechó la manifestación antivacuna en la piazza del Popolo para sembrar el caos en la ciudad. Primero lo intentaron con la sede del Ejecutivo. Luego se fueron a por la del sindicato. Entraron y lo arrasaron.

Este viernes por la tarde no quedaba ya rastro de los destrozos. Las heridas y las peores patadas se las llevó la Constitución italiana, decididamente antifascista y preparada para protegerse de estos ataques. Maurizio Landini (Castelnovo ne’ Monti, 60 años) secretario general de la CGIL, recibe a EL PAÍS en su oficina y no duda en pedir al Ejecutivo de Mario Draghi la ilegalización de todos estos partidos. El sindicato ha convocado para hoy una manifestación multitudinaria bajo el lema “Nunca más fascismos”. Pero la derecha ha decidido no acudir.

Pregunta. ¿Cómo se enteró de lo sucedido el sábado?

Respuesta. Estaba lejos, vivo a 450 kilómetros de Roma. Me llamaron para decirme que estaban asaltando la CGIL, pero no lo entendía. Luego, lo primero que quedó claro es que era un ataque escuadrista fascista organizado. No tenía nada que ver con el certificado de vacunación por el que se protestaba. Se estaba instrumentalizando un problema. No era un ataque solo a la CGIL. En 1921, el fascismo empezó quemando y destruyendo las sedes sindicales. Y lo que hicieron el otro día era un intento de deslegitimar nuestro papel, de indicar al mundo del trabajo que nos hemos vendido y ya no somos útiles. Había que responder rápidamente.

P. ¿Cómo?

R. Hablamos con los otros sindicatos y en pocos minutos decidimos que era necesario convocar la manifestación de hoy con un lema preciso: “Nunca más fascismos”. Pero al mismo tiempo, ser conscientes de que hay que poner en el centro de la discusión el trabajo y la democracia para responder al malestar social, porque las condiciones del trabajo con la pandemia han empeorado.

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P. ¿El fascismo sigue vivo en Italia? Forza Nuova, la organización asaltante, es un partido realmente residual…

R. El fascismo no es solo un problema italiano, sucede en toda Europa. Nadie ha llegado a tanto en otros lugares, pero se multiplican los episodios de grupos que invocan el fascismo. Por eso hay que ampliar el horizonte y hoy estará también el secretario de la confederación europea de sindicatos. Agradezco a los sindicatos españoles su solidaridad y movilización.

P. ¿Recuerda algo parecido?

R. Solo hace 100 años, cuando el fascismo comenzó y se trasladó a la Marcha sobre Roma.

P. ¿Hay que ilegalizarles?

R. Hemos pedido al Gobierno que promulgue un decreto aplicando las leyes que tenemos. Nuestra Constitución prohíbe la reconstrucción del Partido Fascista y condena la apología del fascismo. Han arrestado a los organizadores de esa acción. Pero hay que actuar para proteger los principios democráticos.

P. ¿Por qué cree que la derecha, especialmente Hermanos de Italia y La Liga, se resisten a llamarlo por su nombre?

R. Cada uno tiene que hacer cuentas con la historia y no cometer errores como los de hace 100 años. La situación no es la misma. Pero no hay que subestimar el malestar social y en el mundo del trabajo. La pandemia lo ha acelerado. En las elecciones [locales] de hace 15 días votó el 50%, y eso debe hacernos reflexionar. Aumenta el número de gente que no se siente representada. Y ahí encuentran espacio fuerzas que instrumentalizan el malestar.

P. Giorgia Meloni, líder de Hermanos de Italia, se preguntaba dónde estaba la matriz de ese ataque. ¿Cree que algunos partidos no han roto del todo con un pasado fascista?

R. La matriz está muy clara y toca hacer cuentas hasta el fondo con la historia de nuestro país. Borrarla es un error fundamental e inaceptable. Es el momento de que cada uno haga cuentas con la suya y tome las decisiones oportunas. Si alguno no está en disposición de hacerlo me sabe mal, pero eso es lo que necesita Italia.

“Si la derecha no se manifiesta contra el fascismo cometerá un error”

P. ¿Por qué la derecha no va a una manifestación contra el fascismo?

R. Si no viene, cometerá un gran error. Esta manifestación no es contra nadie, sino a favor de la democracia y en apoyo de la Constitución. Decir “nunca más al fascismo” afirma el valor de nuestra Constitución. Un objetivo así debería ser compartido por cualquiera. Si alguien decide no estar, debe reflexionar.

P. Es un día antes de la segunda vuelta de las elecciones municipales. ¿No se viola el día de reflexión?

R. Quien destrozó nuestra sede, ¿esperó a que hubiera elecciones o la destrozó simplemente? ¿Nosotros teníamos que esperar al voto o movilizarnos inmediatamente? No vamos a dar indicaciones de voto. Es el momento de unir a este país, no de dividirlo.

P. El origen de las protestas del sábado pasado era el certificado de vacunación obligatorio para trabajar. ¿Cree que ese salvoconducto daña los derechos de los trabajadores?

R. Nosotros pedimos que se hiciera una ley para que la vacuna fuera obligatoria. La Constitución lo prevé y estamos convencidos de que la vacuna es el camino. Pero el Ejecutivo no lo asumió por divisiones internas y eligieron el certificado, que no es exactamente una obligación.

“La relación con Draghi tiene que ajustarse y escucharnos más”

P. Pero, ¿entiende las protestas y huelgas como la del puerto de Trieste?

R. Ahí hay un acuerdo para que la empresa pague los test de quien no quiera vacunarse. Quien ha convocado la huelga no representa la posición de los sindicatos mayoritarios. El derecho al trabajo se ha protegido.

P. En el mundo del trabajo genera polémica. ¿Cree que en la protesta del sábado pasado podía haber afiliados a su sindicato?

R. No lo sé. Pero es evidente que hay un debate. En Italia hay seis millones de personas que no se han vacunado. No son todos antivacunas y decirlo es no conocer los problemas de la gente. Dicho eso, todo el mundo tiene derecho a manifestarse. Pero quienes asaltaron nuestra sede eran fascistas y utilizaron un malestar que existe en el mundo del trabajo y que no ocultamos.

P. El Gobierno de Draghi gestiona la mayor cuantía de dinero público de la historia. ¿Les ha implicado?

R. Demasiado poco. Representamos a millones de personas y somos independientes de los partidos y las empresas.

P. ¿Cómo es la interlocución con Draghi? ¿Escucha sus peticiones?

R. Es una relación que tiene que ajustarse. Al principio implicó mucho a los agentes sociales; hoy hay algunas decisiones que no compartimos y otras que pedimos que tomen otra dirección. Pero el juicio se expresará tras la ley de presupuestos y de las reformas que se han anunciado.

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Sobre la firma

Daniel Verdú

Nació en Barcelona en 1980. Aprendió el oficio en la sección de Local de Madrid de El País. Pasó por las áreas de Cultura y Reportajes, desde donde fue también enviado a diversos atentados islamistas en Francia o a Fukushima. Hoy es corresponsal en Roma y el Vaticano. Cada lunes firma una columna sobre los ritos del 'calcio'.

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