La derecha chilena libra una guerra civil rumbo a las elecciones

A tres semanas de las votaciones presidenciales en Chile, dirigentes del sector abandonan al candidato oficialista para apoyar a Kast, cercano a Vox

José Antonio Kast, líder del Partido Republicano en Chile, el pasado 25 de octubre en Santiago.
José Antonio Kast, líder del Partido Republicano en Chile, el pasado 25 de octubre en Santiago.IVAN ALVARADO (Reuters)

En plena cuenta regresiva rumbo a las elecciones generales del 21 de noviembre en Chile, en las que se renovará el Parlamento y se definirá la sucesión de Sebastián Piñera, la derecha oficialista enfrenta una guerra civil interna. Aunque en julio pasado la alianza de Gobierno celebró primarias presidenciales, donde entre cuatro postulantes resultó electo el independiente Sebastián Sichel, dirigentes y parlamentarios del sector en los últimos días se han volcado públicamente a apoyar a José Antonio Kast, líder del Partido Republicano, de la extrema derecha, y cercano a formaciones como Vox, de España. Es un asunto de pragmatismo: de acuerdo con diferentes encuestas recientes, Kast ha logrado aumentar considerablemente su respaldo, con un discurso basado en temas como el orden, la inmigración y la economía. No solo ha superado a Sichel, que tiene un programa de derecha moderada, sino que el republicano amenaza al favorito de estas elecciones polarizadas, Gabriel Boric, el candidato de la alianza entre el Frente Amplio de izquierda y el Partido Comunista.

“Yo, desde ya, prefiero apoyar derechamente en primera vuelta a José Antonio Kast”, aseguró el martes el senador Claudio Alvarado, del partido Unión Demócrata Independiente (UDI), una formación apegada a la doctrina derechista. La confesión de Alvarado, un congresista influyente con conocimiento amplio de la función del Gobierno y del Parlamento, dejó en evidencia un desangrado que todavía no se detiene. Distintos dirigentes comenzaron en las horas siguientes a mostrar su apoyo público a Kast, que alguna vez perteneció a la UDI, formó su propio partido y que en 2017 se presentó por primera vez como candidato independiente a la presidencia, con el 8% de la votación, en la que finalmente ganó Piñera. El respaldo a Kast ha venido sobre todo de los parlamentarios que se volverán a postular al Congreso y que necesitan de un candidato popular para conseguir votos en sus distritos y circunscripciones.

El oficialista Sichel, un abogado que proviene del mundo de la Democracia Cristiana de centroizquierda, intentó ponerle un freno a la fuga de adhesiones con un discurso fuerte donde tomó distancia del oficialismo, del propio Kast —al que ni siquiera nombró—, y dejó en libertad de acción a los partidos de la coalición. “No vamos a aceptar el chantaje de aquellos que quieren que me transforme en algo que no soy: una persona de extrema derecha”, aseguró Sichel la misma noche del martes en referencia a Kast, que en su programa ha propuesto medidas como la construcción de una zanja en la frontera norte de Chile para controlar la inmigración ilegal. “Mientras algunos queremos ofrecer un proyecto de futuro, desde la independencia con los partidos, nos hemos dado cuenta de que otros, saliéndose del compromiso democrático que habían tomado, quieren volver al pasado. Apoyar una antigua derecha y hacer que el país retroceda en derechos que ya había ganado. Para las diversidades, para las mujeres, para las minorías, para el cambio climático y el combate por la sustentabilidad”, acusó el candidato oficialista, de 44 años, que apuesta a cambiarle el rostro a los conservadores chilenos.

Las directivas de los partidos de la derecha han reafirmado su compromiso institucional con Sichel, aunque existen dos formaciones que ya han transparentado que estarán por Kast en una probable segunda vuelta, que se realizaría el 19 de diciembre. Incluso lo hizo el partido Evópoli, un partido que se fundó hace 10 años para empujar a la derecha liberal. Pero aunque el propio Sichel se resiste a dar el paso de asegurar un apoyo en un balotaje, en su sector se actúa con pragmatismo frente a Boric, al que consideran una gran amenaza: “El adversario está al frente y no podemos permitir que gane la izquierda”, aseguró la senadora de la UDI, Jacqueline van Rysselberghe.

Mientras, Kast sigue en campaña, en la apuesta por pasar a segunda vuelta con el mayor respaldo posible. El abogado, de 55 años, que en otras épocas ha mostrado su sintonía por Donald Trump y Jair Bolsonaro, tiene importantes lazos internacionales con fuerzas como Vox, de España. De hecho, el candidato del Partido Republicano aparece entre los firmantes de la Carta de Madrid, contra “el avance del comunismo” en Iberoamérica. En las últimas semanas, sin embargo, ha moderado su discurso y su programa. Si en la campaña de 2017 llegó a decir que si el dictador Augusto Pinochet estuviera vivo habría votado por él, hace algunos días dijo en la televisión: “Cualquier persona que haya violado los derechos humanos, sea militar o no, yo no lo respaldo”.

De pasar a segunda vuelta, no se ve complejo que la derecha se ordene tras el líder del Partido Republicano. “Kast podría ganar solo, pero Kast no podría gobernar solo”, ha asegurado el estratega político de derecha, Gonzalo Cordero, que asegura que las diferencias entre el oficialismo y Kast no son tan profundas: “Si hay una segunda vuelta entre Kast y Boric, sería una obligación política y ética para la derecha conciliar sus proyectos”.

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Boric, en tanto, busca sumar fuerzas en la izquierda, mientras el Partido Comunista intenta calmar las aguas y dar señales de gobernabilidad. “No vamos a dejar la escoba en el país”, aseguró Guillermo Teillier, el líder de este partido que no ha girado a la socialdemocracia como los italianos, en referencia a que no habrá desorden si conquistan La Moneda. Como ocurre en la derecha, en este sector se apuesta al ganador: aunque la centroizquierda tiene como candidata a la senadora democristiana Yasna Provoste, dirigentes y técnicos socialistas ya han desembarcado a la campaña de Boric, diputado de 35 años con gran sintonía con la formación española Podemos.

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