Una remontada electoral inesperada mantiene con vida al peronismo pese al triunfo opositor

El Gobierno revierte parte del varapalo que sufrió en las primarias de septiembre: pierde la mayoría en el Senado, pero se mantiene como primera fuerza en diputados

El presidente argentino Alberto Fernández saluda este domingo en la sede del Frente de Todos en Buenos Aires.Video: AGUSTIN MARCARIAN (REUTERS) | VÍDEO: EFE

El peronismo ha sobrevivido a las elecciones de medio término celebradas este domingo en Argentina. El Gobierno de Alberto Fernández ha evitado la catástrofe electoral que parecía anticipar el resultado obtenido en las elecciones primarias de septiembre y confirmaban todas las encuestas. La sorpresa ha sido mayúscula. Una remontada de tres puntos en la provincia de Buenos Aires lo mantiene como primera fuerza en diputados. Perdió en cambio la mayoría en el Senado y ya no podrá imponer la agenda de temas sin apoyo opositor. Pero los números son, en cualquier caso, mucho mejores de los que esperaba. El nuevo mapa de poder en el Congreso acompañará a Fernández hasta 2023, en un escenario cuesta arriba, urgido por una crisis económica que no da respiro desde hace tres años.

La novedad de una jornada atípica -donde no se cumplieron las reglas no escritas que ordenan discursos, declaraciones y festejos- fue que el presidente Alberto Fernández utilizó la noche para hacer anuncios oficiales en un mensaje grabado desde la residencia oficial de Olivos. En ningún momento se refirió a los resultados en las urnas. Con tono solemne, dijo que llamaría a un diálogo responsable con la oposición. Y, para sorpresa de todos, anunció que en diciembre enviará al Congreso “un proyecto de ley que explicite el programa económico plurianual para el desarrollo sustentable”, una proyección de mediano plazo que reclamaban tanto los inversores como el FMI. Semejante plan necesita del apoyo opositor, porque excede los dos años que le quedan de mandato a la actual Administración. ”Contemplará los mejores entendimientos que nuestro Gobierno haya alcanzado con el staff del FMI en las negociaciones que lidera nuestro ministro de Economía, Martín Guzmán, sin renunciar a los principios de crecimiento económico e inclusión social”, dijo. La vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, ya había anticipado que no iría al centro de campaña que el Frente de Todos armó en el Chacarita, un barrio de clase media de Buenos Aires. Dijo que los médicos le habían recomendado reposo tras la operación a la que se sometió hace 10 días.

La fiesta llegó más tarde. Los candidatos peronistas estaban eufóricos. “Empieza la segunda etapa de este Gobierno”, gritó el candidato a diputado en la capital, Leandro Santoro, como si hubiese ganado la elección, pese a haber quedado a más de 23 puntos de distancia de la opositora María Eugenia Vidal en su distrito. El gobernador de la provincia, Axel Kicillof, celebró también lo que consideró un triunfo en la derrota.

Los resultados oficiales dieron al frente opositor Juntos por el Cambio la victoria en 13 de los 24 distritos del país en la elección para diputados, contra nueve del peronismo y dos triunfos de fuerzas locales. Fue clave en la remontada del Frente de Todos peronista el resultado en la provincia de Buenos Aires, donde en las primarias de septiembre le separaron más de cuatro puntos de su rival y finalmente se quedó a menos de dos. Sumó en ese distrito casi 500.000 votos, contra 280.000 de la coalición opositora. El cómputo en todo el país dejó finalmente al oficialismo con 118 diputados, dos menos de los que tenía, contra 116 de Juntos por el Cambio (sumó uno). Más complicado lo tendrá en la Cámara alta. Sus senadores pasaron de 41 a 35, a dos de la mitad más uno del total. Con esos números, ya no podrá imponer por sí solo el debate de proyectos de ley, como hizo hasta ahora. Es una mala noticia para Cristina Fernández de Kirchner, que controlaba a gusto la agenda legislativa en el Senado, que preside por mandato constitucional.

Si el peronismo aún respira, la oposición tuvo mucho más para festejar. La suma de todos los votos nacionales le dieron casi nueve puntos de ventaja sobre el peronismo, una cifra que, de mantenerse, le abre las puertas a la presidencia en 2023. Encumbra también a figuras que resultaron muy golpeadas en las generales de 2019, como la exgobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal. Como candidata a diputada por la ciudad de Buenos Aires, Vidal sumó el 47% de los votos. Si no alcanzó el 50% fue por los votos que perdió a manos del ultraderechista Javier Milei, una figura que irrumpió en el escenario político de la capital con el 17%.

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El jefe de Gobierno de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta (centro), celebra el triunfo de los candidatos de la capital al Congreso nacional.
El jefe de Gobierno de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta (centro), celebra el triunfo de los candidatos de la capital al Congreso nacional.ALEJANDRO PAGNI (AFP)

Fiesta opositora

María Eugenia Vidal, exgobernadora de la provincia de Buenos Aires, fue la estrella de la noche en la sede de la campaña opositora. Rodeada de las figuras fuertes del partido y de unos 500 militantes, la candidata a diputada por la ciudad de Buenos Aires obtuvo una de las victorias más contundentes: “Millones de argentinos en todo el país hoy dijeron basta”. “Basta” es una referencia al kirchnerismo y ha sido su lema de campaña en estas elecciones. Vidal era la apuesta fuerte de la oposición en un distrito donde el macrismo es imbatible. Allí gobernó primero el expresidente Mauricio Macri durante dos mandatos, y luego su sucesor, Horacio Rodríguez Larreta.

El alcalde de la ciudad de Buenos Aires fue el otro plato fuerte de la noche. Rodríguez Larreta es la figura más “presidenciable” de la coalición opositora. Estas elecciones intermedias sirven también para medir las fuerzas políticas y el apoyo a las distintas figuras. Por eso, su discurso fue el que cerró el evento, y lo hizo con un mensaje federalista: cruzó la frontera de la capital e incluyó a las provincias del interior. “Hoy llevamos los valores que predicamos a todo el país. Muchos la pasamos mal este año, muchos perdieron a sus seres queridos, sus trabajos, pero sepan que no están solos. Tenemos mucho por qué soñar”, dijo. Tal como en el cierre de campaña, el expresidente Macri estuvo presente en el escenario acompañando a sus compañeros, pero se mantuvo como un observador más. Aplaudió todo el acto, pero no dijo palabra.

“Ganamos los cinco”, corearon los militantes en la sede electoral del partido en referencia a los senadores que necesitaban para conquistar esa parte del Congreso. Sin embargo, la victoria opositora se vio apaciguada con la remontada que tuvo el peronismo.

Remontada peronista

Los observadores no supieron leer el poder del peronismo para reorganizarse ante una derrota, aunque sea de forma desordenada. Claro que los augurios no eran los mejores. Luego de la caída en las primarias, Cristina Fernández de Kirchner forzó un cambio de Gabinete y pidió en una carta abierta la dimisión del jefe de ministros y mano derecha del presidente, Santiago Cafiero. La jugada desdibujó el poder de Alberto Fernández. Lo obligó a transitar la campaña a la defensiva, mientras el kirchnerismo, la principal fuerza de la coalición de Gobierno, le forzaba a radicalizar cada vez más su discurso. Mientras tanto, el Gobierno aceleró la transferencia de dinero hacia los más pobres y las clases medias, convencido de que el enojo popular por la pandemia podría revertirse con más recursos en los bolsillos. Vistos los resultados, la estrategia fue efectiva en el conurbano de la provincia de Buenos Aires, un bastión peronista que en las primarias le dio la espalda, pero insuficiente en las provincias que elegían senadores.

Lo que pasará a partir del lunes es aún un misterio. Si bien el peronismo vive, quedan por delante dos años cuesta arriba. El país suma tres años de caída del PIB, el peso no deja de perder valor, cuatro de cada diez argentinos son pobres y la inflación se mantiene por encima del 50%. La Casa Rosada apostará ahora todas sus fichas a, al menos, un acuerdo con el FMI. Y no perderá la oportunidad de festejar, incluso en la derrota.

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