El activista Serguéi Tijanovski, esposo de la líder opositora Svetlana Tijanóvskaya, condenado a 18 años de prisión

El bloguero, que lleva preso desde mayo de 2020, ha sido declarado culpable de organizar disturbios masivos, incitar al odio e impulsar acciones que alteran gravemente el orden público

Svetlana Tijanóvskaya con una fotografía de su esposo, Serguéi, el pasado junio en una intervención en el senado checo, en Praga.
Svetlana Tijanóvskaya con una fotografía de su esposo, Serguéi, el pasado junio en una intervención en el senado checo, en Praga.ROMAN VONDROUS (AFP)

Un tribunal de Bielorrusia ha condenado este martes a 18 años de prisión al disidente y esposo de la líder de la oposición bielorrusa, Svetlana Tijanóvskaya. Serguéi Tijanovski, un conocido videobloguero y activista que llevaba preso desde mayo de 2020 cuando se preparaba para postularse a las elecciones presidenciales contra el líder autoritario Aleksandr Lukashenko, ha sido declarado culpable de organizar disturbios masivos, incitar al odio social e impulsar acciones que alteran gravemente el orden público, según la agencia estatal Belta. La oposición ha clamado contra el proceso a Tijanóvski como otro capítulo más de la persecución de la disidencia en Bielorrusia.

Horas antes de la lectura de la sentencia, que ya se esperaba de culpabilidad, Tijanóvskaya lo calificó de “ilegal” e “intolerable”. “Al comentar el llamado ‘veredicto’, me haré una sola pregunta: ¿qué haré con esta noticia? Seguiré defendiendo a la persona que amo, que se ha convertido en líder de millones de bielorrusos”, ha dicho Tijanóvskaya en un mensaje de vídeo en sus redes sociales.

En el caso contra Tijanóvski, de 43 años, está en parte el origen de las inéditas movilizaciones masivas de verano del año pasado que sacudieron los cimientos del régimen de Lukashenko. Tras el arresto del activista y su imposibilidad de postularse a las elecciones presidenciales, su esposa, Svetlana Tinajóvskaya, una exprofesora de inglés que llevaba unos años trabajando en casa decidió tratar de concurrir en su lugar. A diferencia de otros disidentes, como el banquero Víktor Babariko, que también fue procesado y encarcelado ―después fue condenado a 14 años de prisión—, la Comisión Electoral bielorrusa no vetó a Tijanóvskaya.

Lukashenko, que había declarado que una mujer no podía liderar el país, contó después Tijanóvskaya, la “subestimó”. Pero el resto de campañas y grupos de la disidencia ―la portavoz de Babariko, María Kolesnikova; la esposa del político Valery Tsepkalo, Verónika Tsepkalo— se unieron a Tijanóvskaya que encabezó un trío de mujeres que plantó cara a Lukashenko y movilizó a cientos de miles de personas antes y después de las elecciones, denunciadas como fraudulentas, que el líder autoritario reclamó con el 80% de los votos. El movimiento de oposición popular, encabezado por el icónico trío, fue galardonado con el premio europeo de derechos humanos Sájarov el año pasado.

Hoy, Tijanóvskaya está en el exilio. También Tsepkalo, que prácticamente ya no juega un papel en el movimiento de oposición. Kolesnikova, que logró evitar la expulsión del país rompiendo su pasaporte en la frontera cuando las fuerzas de seguridad trataban de sacarla a la fuerza, está en prisión, condenada a 11 años. Y la represión a la oposición, las organizaciones civiles, los medios de comunicación independientes, los informadores y los activistas es cada vez más dura. Junto a Tijanovski, un tribunal de la ciudad de Gomel ―donde vivía el opositor— ha condenado a cinco de sus partidarios a entre 14 y 16 años de prisión en un juicio celebrado a puerta cerrada.

Más de 35.000 personas fueron detenidas arbitrariamente en Bielorrusia el año pasado, según la relatora especial de la ONU, Anaïs Marin, que en un informe también destaca que el temor a las represalias del aparato de seguridad del líder autoritario ha provocado que decenas de miles de bielorrusos hayan salido del país.

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Con el país acumulando sanciones occidentales, la Unión Europea ha sumado en las últimas semanas algunas más a la lista contra el régimen de Lukashenko ―extremadamente aislado y con su homólogo ruso, Vladímir Putin, prácticamente como único aliado— por enviar a cientos de migrantes a las fronteras de Bielorrusia con Polonia y Lituania (miembros de la UE) y usarlos como arma. Un “ataque migratorio” para desestabilizar a la Unión. Bruselas cifra en 42.741 los intentos de cruzar la frontera frustrados por las autoridades de polacas, letonas y lituanas. Y calcula que, aunque empujado por la presión el régimen bielorruso ha comenzado a organizar repatriaciones, quedan miles migrantes en la antigua república soviética.

Las autoridades bielorrusas acusan de la crisis migratoria a la Unión Europea, a la que señalan por restringir los proyectos de asistencia técnica internacional de seguridad fronteriza. Esta semana, Lukashenko ha asegurado que Bielorrusia no obligará a los migrantes —que de momento están en su mayoría en centros abiertos por las autoridades bielorrusas cerca de la frontera— a regresar a sus países. “No somos bárbaros, no obligamos a las personas a regresar a donde pueden enfrentarse a la muerte”, dijo el bielorruso en una entrevista para TRT de Turquía recogida por la agencia Belta.

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Sobre la firma

María R. Sahuquillo

Es jefa de la delegación de Bruselas. Antes, en Moscú, desde donde se ocupó de Rusia, Ucrania, Bielorrusia y el resto del espacio post-soviético. Sigue pendiente de la guerra en Ucrania, que ha cubierto desde el inicio. Ha desarrollado casi toda su carrera en EL PAÍS. Además de temas internacionales está especializada en igualdad y sanidad.

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