La fuerza militar europea que combate el yihadismo abandona Malí

El fin de Takuba, en la que España no aportaba tropas, precede a la retirada francesa este verano

Soldados de la fuerza militar Takuba desfilan en los Campos Elíseos de París el 14 de julio de 2021.
Soldados de la fuerza militar Takuba desfilan en los Campos Elíseos de París el 14 de julio de 2021.Lewis JOLY (AP)

Francia ha anunciado este viernes el fin de operaciones de la fuerza militar europea Takuba en Malí, donde luchaba contra el yihadismo en colaboración con soldados franceses y el ejército maliense, decisión que se ha hecho efectiva este jueves. Así lo ha asegurado el general Pascal Ianni, portavoz del Estado Mayor francés, en una rueda de prensa celebrada este viernes en París. El final de Takuba, fuerza integrada por unos 900 militares de una decena de países europeos, en la que España no participaba, precede a la retirada definitiva este verano de la Operación Barkhane francesa de Malí, y obedece a la ruptura de la colaboración entre Bamako y París por la llegada de mercenarios rusos de la compañía Wagner a este país africano. España y Alemania, principales participantes en la misión de entrenamiento militar de la UE, también está replegando sus fuerzas en Malí.

El general Ianni destacó durante su comparecencia que tanto Barkhane como Takuba muestran que “los europeos son capaces de actuar unidos en entornos complejos en materia de seguridad” y halagó las lecciones que se extraen de ello, según informa France Presse. Creada en 2020 a iniciativa de París con el objetivo de repartir el peso de la intervención militar francesa en el Sahel con sus socios europeos, esta fuerza militar había ido ganando presencia hasta estar plenamente operativa el año pasado gracias a la aportación de tropas de nueve países: Suecia, Hungría, Bélgica, la República Checa, Dinamarca, Estonia, Italia, Holanda y Portugal.

A Takuba le costó arrancar por las reticencias iniciales de algunos gobiernos europeos, que tuvieron que acudir a sus respectivos parlamentos para obtener los acuerdos necesarios que permitieran el despliegue. Sin embargo, a mediados del año pasado la fuerza comunitaria ya estaba plenamente operativa y presente en tres bases malienses junto a Barkhane, las de Ansongo, Ménaka y Gao. Además de Francia, que aportaba unos 300 efectivos, Italia era uno de los principales contribuyentes a esta misión, con unos 250 soldados, un helicóptero y una unidad de soporte médico. La participación sueca, con 150 militares y tres helicópteros, también era muy destacada, así como la de Estonia, la República Checa y Dinamarca, con decenas de soldados cada uno.

Pero la ruptura de colaboración militar entre Malí y Francia tras los dos golpes de Estado en Bamako en 2020 y 2021 y el desembarco de mercenarios rusos de Wagner a finales del año pasado ha puesto patas arriba toda la arquitectura de seguridad que se había ido construyendo en el Sahel para hacer frente al avance de grupos yihadistas afiliados a Al Qaeda y el Estado Islámico en la última década. Tanto Francia como sus aliados occidentales reaccionaron de manera airada a la llegada de las tropas privadas y manifestaron su rechazo a cualquier colaboración con ellas, postura que se acentuó tras la invasión rusa de Ucrania en febrero de este año.

El alejamiento entre la junta militar de Malí, dirigida por el coronel Assimi Goïta, y el Elíseo, alcanzó su máxima expresión en enero de 2022 cuando las autoridades malienses decretaron la expulsión del embajador francés acreditado en Bamako. Pocos días más tarde, el primer ministro maliense, Choguel Maïga, acusó directamente a Barkhane y Takuba de sembrar la división en el país. La junta militar prohibió el despliegue de las tropas danesas y noruegas, que habían anunciado su intención de sumarse a la fuerza militar. Poco a poco, la unidad concebida como apoyo e incluso sustituto en algunos puntos de la intervención militar francesa se iba quedando sin fuelle. En febrero pasado ya se habían cancelado todas las operaciones conjuntas.

En paralelo, Barkhane ha ido retirándose de todas las bases que ocupaba en Malí y tan solo está presente en la actualidad en Gao, aunque su partida está prevista para el próximo mes de agosto. Por su parte, la misión de formación europea del Ejército de Malí (EUTM) en la que España no solo participa sino que es el principal contribuyente, se ha reducido ya prácticamente a la mitad, igual que el contingente alemán. Sin sus dos principales participantes, el futuro de esta misión está en el aire.

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Finalmente, la misión de Naciones Unidas (Minusma), integrada por unos 15.000 soldados, ha renovado su mandato un año más, aunque Malí ha anunciado que limitará sus movimientos, reticencias que, sumadas al fin del apoyo aéreo francés, están generando dudas entre los países que aportan tropas.

La llegada de mercenarios de Wagner a Malí ha multiplicado los asesinatos de civiles y las violaciones de derechos humanos en este país africano, como la masacre de más de 300 malienses en Moura a finales de marzo pasado. Los servicios de inteligencia occidentales y los testimonios de supervivientes apuntan a la presencia de instructores rusos junto a soldados malienses en el lugar de los hechos.

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Sobre la firma

José Naranjo

Colaborador de EL PAÍS en África occidental, reside en Senegal desde 2011. Ha cubierto la guerra de Malí, las epidemias de ébola en Guinea, Sierra Leona, Liberia y Congo, el terrorismo en el Sahel y las rutas migratorias africanas. Sus últimos libros son 'Los Invisibles de Kolda' (Península, 2009) y 'El río que desafía al desierto' (Azulia, 2019).

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