José Eduardo dos Santos, de la guerrilla comunista al clan de los gobernantes millonarios

El expresidente de Angola reconstruyó un país arrasado por la guerra civil más larga de África al tiempo que creaba un aparato estatal corrupto que multiplicó la fortuna de su familia

El expresidente angoleño, José Eduardo dos Santos, en julio de 2019.
El expresidente angoleño, José Eduardo dos Santos, en julio de 2019.

José Eduardo dos Santos, el expresidente de Angola que ha fallecido este viernes en la clínica Teknon de Barcelona en medio de una pelea familiar que incluye acusaciones de homicidio, fue capaz de ser primero un hombre de la guerra y después el hombre de la paz. También un líder amigo del dinero y enemigo de la disidencia, que gobernó su país 38 años, el segundo mandato más largo de África, solo superado por el ecuatoguineano Teodoro Obiang.

Después de casi un millón de muertos y una pobreza extrema que tenía a la mitad de la población durmiendo al raso tras 27 años de guerra civil, Dos Santos defendió la reconciliación y firmó en 1994 un acuerdo de paz que incluyó la reinserción de 50.000 guerrilleros de la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA), que habían combatido al Gobierno de Dos Santos y su partido, el Movimiento Popular por la Liberación de Angola (MPLA). “Es el hombre que finalizó la guerra y el hombre de la reconstrucción. Dicho esto, su gobernación está marcada por la falta de transparencia, el nepotismo y la institucionalización de la corrupción que su sucesor, João Lourenço, trata de combatir. El otro aspecto negativo de su gestión fue su fracaso para mejorar las condiciones de vida de la sociedad y la gran desigualdad social”, expone en un correo electrónico la periodista francesa Estelle Maussion, que publicó en Portugal el libro El dominio de Angola. Un retrato del poder de José Eduardo dos Santos, después de tres años como corresponsal en Luanda para la agencia France Presse.

José Eduardo dos Santos, en un acto político en Angola en enero de 1989, meses antes de la caída del muro de Berlín y del bloque socialista.
José Eduardo dos Santos, en un acto político en Angola en enero de 1989, meses antes de la caída del muro de Berlín y del bloque socialista.Patrick AVENTURIER (Gamma-Rapho via Getty Images)

Dos Santos representa el legado de la Guerra Fría y sus contradictorias mutaciones. Nunca rompió el cordón umbilical que le unió a la URSS desde que se formó allí como ingeniero petroquímico. Prolongó sus buenas relaciones con Vladímir Putin, que le condecoró en dos ocasiones con la Orden de la Amistad (2006) y la Orden del Honor (2012). Al igual que ocurrió en la URSS tras el desplome del bloque comunista, el líder angoleño transitó del socialismo de los años sesenta y setenta a un capitalismo salvaje en los noventa, que acabaría convirtiendo a algunos de sus hijos en los oligarcas del país. El papel más destacado correspondió a su primogénita Isabel dos Santos, convertida en la mujer más rica de África hasta que el nuevo presidente, João Lourenço, inició una batalla contra la corrupción que ha puesto contra las cuerdas los negocios de la antigua familia presidencial en Angola.

Isabel dos Santos fue la única hija del primer matrimonio de José Eduardo dos Santos con Tatiana Kubanova, a la que conoció en Bakú (actual Azerbaiyán) mientras estudiaba ingeniería y se adoctrinaba en el socialismo. En 1961 había comenzado en Angola una lucha contra la colonización portuguesa. Ese mismo año José Eduardo dos Santos se afilió al Movimiento Popular por la Liberación de Angola (MPLA), uno de los grupos que combatía a los portugueses y que había sido fundado en 1956 como una organización nacionalista y marxista.

En aquellas guerras entre un imperio que defendía un mundo agónico y unas colonias que tenían una causa (Angola, Guinea y Mozambique) nació la conspiración militar que acabaría hundiendo la dictadura de Portugal, la más larga de la Europa occidental. La Revolución de los Claveles se llevó por delante el régimen del Estado Novo, pero también facilitó las independencias africanas. Dos Santos se convirtió en 1975 en el primer ministro de Asuntos Exteriores de la Angola emancipada, un régimen socialista presidido por Agostinho Neto. Cuanto este falleció en 1979, el MPLA eligió como sucesor a Dos Santos.

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La fiesta por la independencia en 1975 duró poco. Angola libró una guerra civil que otras potencias usaron para asestarse golpes, con el país convertido en un campo de batalla caliente de la Guerra Fría, que azuzó el enfrentamiento entre los grupos que en el pasado habían compartido la lucha contra los portugueses. Mientras la URSS y Cuba apoyaban al MPLA, Estados Unidos, Sudáfrica y China ―crítica por entonces con los soviéticos― respaldaban a la alianza entre la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA) y el Frente Nacional de Liberación de Angola (FNLA), que no reconocía la independencia proclamada en Luanda por el MPLA. El resultado fue la guerra civil más larga de África, que marcó a hierro a la sociedad y convirtió a uno de los países más ricos en recursos naturales (petróleo, diamantes, pesca) en uno de los más pobres y minados. Cuando se firmaron los acuerdos de paz en abril de 2002, había 100.000 mutilados y 50.000 huérfanos.

A José Eduardo dos Santos se le reconoce su empeño en acabar con el conflicto. Su objetivo declarado entonces era lograr que todos los angoleños “se sientan ciudadanos de una misma patria, en la que puedan expresar libremente sus ideas y desarrollar libremente su personalidad”. También anunció elecciones en dos años y su abandono del cargo. Llevaba entonces 23 años en la presidencia.

Incumplió la promesa de irse con tenacidad. Tanta que el rapero Luaty Beirão le dedicó en 2012 una canción combativa, Kamikaze angolano, vestido con una camiseta negra donde se podía leer “32 anos é muito” (32 años es mucho) y una letra incendiaria: “El padre de la miseria en el país, no hay solo uno, pero el principal, no es secreto, se llama Zedú [mote del presidente]”. Tampoco cumplió Dos Santos sus promesas respecto a las libertades políticas. En 2015, Beirão fue uno de los 15 encarcelados por compartir libros políticos que alentaban la protesta. Les condenaron a cinco años y medio de prisión acusados de preparar un atentado contra el presidente. La huelga de hambre de 36 días del músico, convertido en un símbolo de la rebeldía de los jóvenes de la clase media angoleña contra el régimen, y la presión internacional facilitaron la liberación anticipada de los disidentes.

Dos Santos todavía continuó en el poder hasta 2017, cuando cedió la presidencia a su ministro de Defensa, João Lourenço. Al año siguiente le pasó el testigo al frente del partido, el MPLA. Pero también en Angola la transición quedó menos amarrada de lo que desearía su familia. “Su poder se ha restringido mucho ahora, especialmente en comparación con los días de la presidencia de Dos Santos”, observa la periodista Estelle Maussion. La justicia angoleña condenó a cinco años de prisión por fraude a José Filomeno dos Santos, que presidió el fondo soberano de Angola desde 2013 por decisión de su padre, que llegó a plantearse designarle como su delfín político. La Fiscalía General de Angola calcula que se perdieron durante su gestión más de 1.000 millones de dólares [unos 982 millones de euros] de fondos públicos.

José Eduardo dos Santos, junto a su mujer, Ana Paula dos Santos, y su hija Isabel dos Santos (sentada en segunda fila), en un acto electoral en la bahía de Luanda en agosto de 2012.
José Eduardo dos Santos, junto a su mujer, Ana Paula dos Santos, y su hija Isabel dos Santos (sentada en segunda fila), en un acto electoral en la bahía de Luanda en agosto de 2012. PAULO NOVAIS (EFE)

Algunos cronistas afirman que Isabel dos Santos era la favorita de los diez hijos del presidente. Para su boda con Sindika Dokolo en 2002 se fletaron aviones desde Francia y Bélgica con un coro y comida. Pero no fue el mayor regalo que el político haría a su hija. Sucesivas decisiones presidenciales ayudaron a convertir a Isabel dos Santos en una de las mayores fortunas africanas. El último de estos obsequios fue su nombramiento como directora ejecutiva de Sonangol, la todopoderosa petrolera estatal.

La estimación a la baja de su riqueza es de 2.000 millones de dólares e incluye negocios en el petróleo, los diamantes, la banca, las cementeras, la joyería o la telefonía, entre otros. Un enriquecimiento aún más llamativo en un país con el 54% de la población [unos 32,8 millones de habitantes en total] malviviendo en pobreza. La fortuna de Isabel dos Santos está ahora bajo investigación judicial en Angola, donde han sido confiscados sus bienes, y en Portugal. La filtración de documentos conocida como Luanda Leaks, del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, sacó a la luz el entramado internacional de asesores (McKinsey, PwC o Boston Consulting) que ayudaron a Isabel dos Santos a montar una red diversificada por más de 40 países para enriquecerse. Uno de ellos es Emiratos Árabes Unidos, donde se ha refugiado (en Dubái) tras la caída en desgracia de la familia en Angola.

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Tereixa Constenla

Corresponsal de EL PAÍS en Lisboa desde julio de 2021. En los últimos años ha sido jefa de sección en Cultura, redactora en Babelia y reportera en Andalucía. Es autora del libro 'Cuaderno de urgencias'.

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