La subida de precios dispara las protestas en África

La carestía de la vida provoca manifestaciones en países como Ghana, Sierra Leona, Mozambique y Sudáfrica y alimenta el malestar político en Sudán y Senegal

Protestas contra la subida de precios en Acra, capital de Ghana, el pasado 29 de junio.
Protestas contra la subida de precios en Acra, capital de Ghana, el pasado 29 de junio.FRANCIS KOKOROKO (REUTERS)

La subida de los precios en África, sobre todo de la gasolina y los productos de primera necesidad, a causa de la guerra en Ucrania, con una tasa de inflación superior al 14% en una decena de países y desbocada en muchos de ellos, según los datos facilitados por los propios gobiernos, está generando ya las primeras consecuencias en forma de protestas ciudadanas cada vez más intensas. Esta inestabilidad pone entre la espada y la pared a ejecutivos con escaso margen de maniobra financiera y de reacción social en un contexto de crisis mundial, como Ghana, Sierra Leona, Zimbabue o Etiopía. En otros, como Sudán, donde la inflación alcanza el inaudito 245%, o en Senegal, las recientes manifestaciones de corte político protagonizadas por la oposición tienen también un trasfondo económico, de hartazgo ciudadano ante la carestía de la vida. Todos miran de reojo a las revueltas de Sri Lanka.

“Señor presidente, ¿dónde está nuestro dinero?” o “El alto coste de la vida nos matará”. Estas eran algunas de las consignas de los dos días de manifestaciones celebradas a finales de junio en Acra, la capital de Ghana, que acabó con numerosos disturbios, un centenar de heridos por la respuesta policial y 29 personas encarceladas, acusadas de “incitación a la violencia”. Arise Ghana, el colectivo organizador de la protesta, tiene previsto continuar con las movilizaciones en agosto. En respuesta, el presidente ghanés, Nana Akufo-Addo, ha decidido acudir al Fondo Monetario Internacional en busca de un paquete de ayudas, rompiendo así con la política que defendió desde su llegada al poder. La inflación ronda el 20%, según el Gobierno.

“Son como olas que se están levantando por todos lados y que pueden crecer hasta descontrolarse”, asegura el historiador e investigador marfileño Dagauh Komenan, coautor del libro La juventud en África, impulsora del cambio. “Nadie imaginaba que las protestas iniciales en Túnez conducirían a la Primavera Árabe. Pues esta crisis es aún mayor porque es global y no se percibe ninguna capacidad de reacción en África, ya sea por falta de voluntad o por escasas posibilidades para hacerlo”, prosigue. En Zimbabue, donde la tasa de inflación alcanzó el pasado mes de mayo el 86%, el banco central ha decidido comenzar a emitir monedas de oro el próximo 25 de julio, en un intento de frenar la pérdida de valor de su divisa.

En Sierra Leona fueron miles de mujeres y amas de casa quienes el pasado 4 de julio salieron a las calles vestidas de negro para protestar por la subida de los productos de primera necesidad, como el arroz, aceite, pan o azúcar. En medio de la represión policial que usó la fuerza para disolver la protesta, una docena de mujeres fueron detenidas, entre ellas la conocida opositora Femi Claudius Cole. Sumido en una profunda crisis institucional, los manifestantes que salen a las calles de Jartum, la capital de Sudán, para pedir a los militares que dejen el poder también se lamentan con amargura de la subida de precios de la gasolina, la electricidad, la harina o el gas. La libra sudanesa se ha desplomado en medio de una inflación sin precedentes. “Es imposible comprar nada en el mercado, vamos hacia el abismo”, asegura por teléfono Hassan Hussein, residente en Jartum. En Maputo, la capital de Mozambique, los conductores de autobús paralizaron la ciudad durante un día por la subida del combustible este mes de julio.

Manifestación en Jartum, capital de Sudán, el pasado 2 de julio.
Manifestación en Jartum, capital de Sudán, el pasado 2 de julio. Anadolu Agency (Anadolu Agency via Getty Images)

La escalada de los precios comenzó en África por las perturbaciones comerciales ligadas a la pandemia de la covid-19 en el año 2020, pero las tasas de en torno al 10% de entonces se han visto ya superadas con creces. El Banco Mundial preveía un 12% de inflación media en África para 2022, pero la continuidad del conflicto en Ucrania está poniendo en aprietos esta estimación, que será revisada al alza. En la estable Senegal, las protestas de marzo de 2021 por la detención de un líder opositor acabaron con 15 muertos y decenas de supermercados y gasolineras saqueadas, algo sin precedentes en la historia reciente de este país. El pasado mes de junio, volvieron las manifestaciones y la represión policial, de nuevo violenta, en esta ocasión por la exclusión de una lista electoral en los comicios legislativos. “No es política, es una crisis más profunda, la gente está desesperada”, asegura el economista senegalés Demba Moussa Dembelé.

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Para Komenan, “es normal que en los países con procesos electorales abiertos se intensifiquen las protestas, porque es cuando la clase política es más vulnerable y la población está más movilizada. Pero esto no ha hecho más que empezar”. A su juicio, la enorme dependencia africana de productos del exterior está en el origen del problema y África desperdició los años de crecimiento económico, interrumpidos por la covid-19, para promocionar los productos locales. “Nigeria es el principal productor de yuca del mundo y su harina podría sustituir al menos en parte al trigo, pero la realidad es que el continente depende mucho de los cereales y los fertilizantes de Rusia y Ucrania”, asegura. Según Naciones Unidas, el 44% del trigo importado en África procede de ambos países. La Unión Africana pidió recientemente a Rusia el desbloqueo de sus cereales para paliar el hambre y la subida de precios.

Sudáfrica, una de las potencias económicas del continente, alcanzó el pasado mes de mayo una inflación del 6,5%, según el Gobierno, la más alta de los últimos cinco años y medio. Transportes, alimentos, bebidas no alcohólicas y combustibles, con incrementos para la gasolina de hasta un 10%, son los productos que más se han encarecido. Ya en 2021 el encarcelamiento del expresidente Jacob Zuma generó disturbios que provocaron 337 muertos y 40.000 comercios destruidos. Ahora la situación económica es mucho peor. A comienzos de julio, manifestantes bloquearon una importante carretera en protesta por la subida de precios. Partidos políticos, grupos de la sociedad civil y organizaciones de transporte han pedido urgentemente al Gobierno medidas para aliviar esta presión, mientras comienza a barajarse la idea de una huelga nacional.

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Sobre la firma

José Naranjo

Colaborador de EL PAÍS en África occidental, reside en Senegal desde 2011. Ha cubierto la guerra de Malí, las epidemias de ébola en Guinea, Sierra Leona, Liberia y Congo, el terrorismo en el Sahel y las rutas migratorias africanas. Sus últimos libros son 'Los Invisibles de Kolda' (Península, 2009) y 'El río que desafía al desierto' (Azulia, 2019).

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