El director del Organismo de la Energía Atómica: “El programa nuclear iraní avanza al galope y tenemos una visibilidad muy reducida”

Rafael Mariano Grossi transmite en una entrevista un fuerte sentido de urgencia con respecto a la necesidad de recuperar mecanismos de vigilancia sobre las actividades nucleares de Irán

Rafael Mariano Grossi, director general del Organismo Internacional de la Energía Atómica, este miércoles en Madrid.
Rafael Mariano Grossi, director general del Organismo Internacional de la Energía Atómica, este miércoles en Madrid.Jaime Villanueva

Entre las muchas turbulencias que convulsionan el mundo contemporáneo, las cuestiones atómicas tienen un papel de primera fila, con muchos flecos relevantes. Por un lado, la inquietud por el desarrollo del programa nuclear iraní y los riesgos de proliferación asociados, con la consiguiente tensa negociación para reactivar el pacto sellado en 2015 por la Administración de Barack Obama y tumbado en 2018 por la de Donald Trump. Después, la preocupación por la suerte de las plantas nucleares de Ucrania en medio de un conflicto bélico, por no hablar de las poco veladas amenazas rusas de recurrir al arma atómica. De fondo, el pesimismo con el que se encara la conferencia de revisión del Tratado de No Proliferación que está previsto empiece el próximo 1 de agosto en Nueva York, con un panorama de gran polarización internacional y con potencias nucleares que modernizan con vigor sus arsenales.

Sobre estas cuestiones ofrece su punto de vista Rafael Mariano Grossi (Buenos Aires, 1961), director general del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) desde 2019, en una entrevista concedida este miércoles en Madrid. En ella, transmite un fuerte sentido de urgencia con respecto a la necesidad de recuperar mecanismos de vigilancia sobre las actividades atómicas de Irán. “El programa nuclear iraní avanza al galope y tenemos una visibilidad muy reducida”, alerta Grossi.

Pregunta. Irán ha ido superando varios umbrales en los últimos años y ya enriquece uranio al 60%, nivel próximo al de uso militar. ¿Cuánto se ha acercado a la capacidad de disponer del material atómico necesario para armar una cabeza nuclear si lo quisiera en los cuatro años que han pasado desde que la Administración de Trump se retiró del pacto?

Respuesta. Existía un marco jurídico que implicaba para Irán una serie de restricciones voluntarias que formaban parte del Plan de Acción Integral Conjunto [nombre oficial del pacto]. Esas quedan de lado a partir del momento en que la Administración de Trump decide abandonar unilateralmente el acuerdo. A partir de ese momento, Irán, de manera gradual y secuencial va abandonando los distintos compromisos que tenía. Hoy, lo que tenemos es un programa nuclear que ha crecido enormemente, muchísimo más allá de lo que era en 2015. Es un crecimiento no solo cuantitativo, sino cualitativo, también con los niveles de enriquecimiento que usted señala. Esto no implica que Irán esté haciendo un arma nuclear, pero ningún país que no tenga desarrollos bélicos enriquece a ese nivel, al 60%. Por tanto, estamos en una situación bien complicada, porque Irán no solo avanza de manera decisiva y acelerada, sino que concomitantemente con ello reduce la visibilidad del OIEA sobre todas esas áreas. Y esto es lo que en mi opinión configura una situación delicada, además de otras cuestiones vinculadas a aspectos no clarificados aún del programa nuclear.

P. A propósito de situaciones no aclaradas. El OIEA ha descubierto que hubo actividad nuclear no declarada en al menos tres lugares y considera no haber recibido explicaciones satisfactorias al respecto. ¿Qué cree que se estuvo haciendo en esos sitios?

R. Esto es lo que estoy tratando, hasta ahora infructuosamente, de dilucidar. En esos tres lugares nosotros teníamos información de que podía haber habido algún tipo de actividad. Pedimos visitarlos. Eso fue un largo y trabajoso proceso. Finalmente, lo logramos. Nuestros inspectores estuvieron, tomaron muestras, los resultados indicaron que había habido material nuclear. ¿Qué es lo que ocurrió ahí? Si ahí hubo material, ¿dónde está ahora? Nuestra evaluación técnica es que las explicaciones que ha dado Irán hasta el momento han sido insuficientes y en algunos casos técnicamente no creíbles. Entonces es lo que le dije a la junta de gobernadores [del organismo].

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P. Precisamente en el marco de esa cuestión Irán ha anunciado que desconectaba 27 cámaras de vigilancia —quedan otras 40―, lo que se suma a haberse retirado en febrero de 2021 de los mecanismos de verificación del pacto nuclear. ¿Cómo definiría la capacidad de acceso que tiene el OIEA ahora mismo?

R. Limitada. Limitada al esquema tradicional de un acuerdo de salvaguardia tipo, para cualquier país. Sin embargo, como acabamos de analizar, el programa nuclear de Irán no puede compararse con el de cualquier otro país. En respuesta a la decisión de los Estados miembros de adoptar una resolución que simplemente les decía que deben colaborar con el OIEA, ellos se muestran muy molestos y cortan nuestro acceso a las cámaras.

P. Rusia y China votaron en contra de esa resolución. Ambos son países involucrados en la negociación para reactivar el pacto, que se desarrolla en una situación geopolítica de gran tensión. El OIEA tiene un papel relevante en calidad de organismo encargado de la vigilancia. ¿Cómo juzga, desde ese punto de vista, el estado de la negociación?

R. Nosotros no gestionamos la negociación, pero la acompañamos de forma muy estrecha, porque al final los que tenemos que inspeccionar somos nosotros. Lo que observamos por el momento es que no parece haber una resolución positiva. Creo que había un acuerdo bastante sólido en lo que respecta a la parte nuclear, pero lo que transpira claramente es que hay otros ámbitos, económicos, políticos, financieros en los que no hay acuerdo. El resultado final es que yo estoy desde hace casi cinco semanas con una visibilidad muy reducida, con un programa nuclear que avanza al galope y, por lo tanto, si hay un acuerdo, para mí va a ser muy difícil reconstruir el rompecabezas de todo este periodo de ceguera obligada. No es imposible, pero va a requerir una tarea muy compleja y quizá unos acuerdos específicos. Necesitamos reconstruir una base de datos, sin la cual cualquier acuerdo descansará sobre unas bases muy frágiles, porque si no sabemos lo que hay, ¿cómo se puede determinar cuánto es el material que hay que exportar, cuántas centrifugadoras hay que dejar inutilizadas? De modo que este periodo me inquieta y me preocupa.

Rafael Mariano Grossi, director general del OIEA, durante la entrevista este miércoles en Madrid.
Rafael Mariano Grossi, director general del OIEA, durante la entrevista este miércoles en Madrid. Jaime Villanueva

P. ¿La retirada del acuerdo de Trump ha creado un gran daño?

R. Creó una situación que tuvo consecuencias. Creo que esto no escapa tampoco a la Administración de Trump. Se tomó una decisión, Irán respondió, y nos encontramos en esta situación. Compleja, que requiere una acción rápida para poder volver a encarrilarse.

P. La agencia Reuters ha reportado que un informe interno del OIEA señala que Irán ha instalado mecanismos en su cascada de centrifugadoras en la planta subterránea de Fordow que permiten cambiar el nivel de enriquecimiento del uranio con mayor agilidad. ¿Confirma este hecho?

R. El avance técnico del programa iraní es constante.

P. La guerra de Ucrania plantea motivos de gran inquietud también en el apartado nuclear. Hay una quincena de reactores en distintas plantas en un país en guerra. ¿En qué estado se halla la seguridad de esas instalaciones?

R. Al comienzo de la campaña las fuerzas rusas deciden tomar el control de Chernóbil y Zaporiyia. Chernóbil es un sitio donde estamos haciendo tareas de desmantelamiento muy sofisticadas, y hay gran cantidad de combustible irradiado. Hay una zona de exclusión muy grande. Eso se logró estabilizar. Cuando las fuerzas rusas evacuaron, enviamos un equipo, hicimos un análisis, y hace pocos días pudimos instalar una cantidad de equipo donado por distintos países. Hemos estabilizado. El caso de Zaporiyia es muy diferente y muy complejo. Es la planta nuclear más grande de Europa, seis reactores, con la paradójica y altamente volátil situación de un control militar ruso y los operadores ucranios haciendo funcionar la planta, con las tensiones que en esa situación pueden imaginarse. Inicié una compleja negociación con la parte rusa y con Ucrania ―lo hablé con el presidente [Volodímir] Zelenski con ocasión de mi visita a Kiev― para preparar una visita de la misión para atender a todos estos factores. He insistido en la necesidad imperiosa de ir, y hasta el momento no lo he logrado.

P. En conjunto, ¿cuál es su juicio sobre las respuestas de las autoridades rusas?

R. Yo mantengo un diálogo con las autoridades rusas. Es indispensable mantener un diálogo abierto con aquellos que tienen el control efectivo sobre una instalación nuclear más allá de la legitimidad del mismo. El diálogo es un diálogo profesional.

P. El próximo día 1 está previsto que empiece, finalmente, la conferencia de revisión del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP). Varias iniciativas políticas ―como la de Estocolmo― o de la sociedad civil se han movido para apuntalar y reforzar el papel del Tratado. Sin embargo, la anterior conferencia, de 2015, acabó sin conclusiones de consenso y la actual situación geopolítica parece un prolegómeno pésimo. ¿Qué expectativas tiene?

R. El TNP es un instrumento indispensable. No es perfecto, podría ser más ambicioso, pero puso unos referentes para un cierto orden nuclear civil mundial adecuado. No hay que olvidar la razón de ser de ese Tratado. Estamos en un mundo donde han emergido de manera violenta una cantidad de incertidumbres inesperadas, impensables hasta hace poco. Es muy importante que en la cita de agosto exista un fuerte respaldo de los países entorno al TNP. No va a ser fácil. Hay muchos elementos nuevos que pueden ser esgrimidos como factores para no reafirmar la importancia del TNP y sería muy malo. Lo resumiría en una frase: no veo a quién le puede beneficiar que al TNP le vaya mal.

P. Dice que hay elementos que pueden ser utilizados. ¿Los ingentes esfuerzos de las grandes potencias para modernizar sus arsenales nucleares —que encajan mal, al menos con el espíritu, si no con la letra del TNP― debilitan al Tratado?

R. El artículo 6 del Tratado habla de negociaciones de buena fe para avanzar hacia un desarme nuclear. Los pasos que describe ciertamente no van en esa dirección, es lo menos que se puede decir. Al mismo tiempo, hay que tener una lectura realista de la escena internacional, que es la que es, con estas tensiones. El TNP puede ser el foro adecuado para recordar a las potencias poseedores de armas nucleares que ellas también tienen estas responsabilidades. El hecho de que el artículo 6 no se esté moviendo como decíamos no es óbice para que sigamos manteniendo la fe en la importancia de este instrumento.

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Sobre la firma

Andrea Rizzi

Corresponsal de asuntos globales de EL PAÍS y autor de una columna dedicada a cuestiones europeas que se publica los sábados. Anteriormente fue redactor jefe de Internacional y subdirector de Opinión del diario. Es licenciado en Derecho (La Sapienza, Roma) máster en Periodismo (UAM/EL PAÍS, Madrid) y en Derecho de la UE (IEE/ULB, Bruselas).

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