Ucrania aumenta los controles para evitar la salida del país de hombres en edad militar

El Ejército prepara el alistamiento de más civiles para una gran ofensiva contra los rusos en Jersón. A partir de octubre, las mujeres con profesiones necesarias en conflictos también estarán obligadas a registrarse y tendrán la movilidad limitada

Soldados ucranios, el pasado marzo en Lviv.
Soldados ucranios, el pasado marzo en Lviv.Albert Garcia

Una de las noticias destacadas en los informativos televisivos del pasado martes en Ucrania fue una redada contra un grupo de personas que expedía pruebas médicas falsas. Esta banda, en la región de Kiev, supuestamente facilitaba certificados médicos que liberaban a hombres de la obligación de servir en el Ejército. Según informó la Fiscalía de la capital ucrania, la red también ofrecía el traslado de sus clientes al extranjero. A medida que aumentan las señales de un próximo alistamiento obligatorio ―con más controles para asegurar que están registrados―, más hombres buscan alternativas para salir fraudulentamente del país.

Los varones de entre 18 y 60 años no pueden abandonar Ucrania y deben estar registrados en las oficinas de reclutamiento de las Fuerzas Armadas. La obligatoriedad del registro había sido más bien laxa desde el inicio de la invasión rusa, el 24 de febrero, hasta que el presidente, Volodímir Zelenski, anunció hace un mes que las tropas ucranias debían llegar al millón de soldados para reconquistar la provincia de Jersón. La toma de esta región por parte Rusia, en la costa del mar Negro, es considerada como el mayor fracaso ucranio en la guerra.

Este mes de julio se están realizando en ciudades de toda Ucrania operativos de la policía en los que se notifica a los hombres que deben registrarse en las oficinas militares. Una mujer de Dnipró, que prefiere no revelar su nombre, relata su experiencia con el aumento de los controles, durante un fin de semana de este verano en el que alquiló junto a su pareja un bungaló en un centro de ocio a las afueras de la ciudad. En este complejo de villas están residiendo familias de clase alta procedentes de municipios ocupados por Rusia en las provincias de Donetsk y Lugansk. Una noche, se personaron en el lugar furgonetas de la policía y se llevaron a los hombres para registrarlos: “Como yo había hecho la reserva a mi nombre, no descubrieron que mi novio estaba en la habitación. Eso sí, me preguntaron si por casualidad yo era enfermera”. A partir del 1 de octubre, las mujeres con profesiones necesarias en situaciones de combate también estarán obligadas a registrarse y tendrán la movilidad limitada.

Ucrania cuenta con más de medio millón de personas implicadas en la defensa del país, según un recuento de EL PAÍS publicado el pasado mes de marzo. El Centro de Estudios del Este, un instituto de análisis geopolítico de Varsovia, eleva la cifra a 750.000 personas. De estas, 200.000 son soldados de tropas regulares y el resto, veteranos del Ejército que sirvieron desde 2014 en el frente de Donbás (en el este) y voluntarios. A medida que pasan los meses, los relevos de los militares en primera línea de fuego son más necesarios. El Gobierno, además, estima que deberá aumentar hasta el millón las tropas para poder recuperar los territorios perdidos en el mar Negro.

Sea por la necesidad de obtener ingresos con un empleo en el extranjero, o sea por el miedo a combatir, cada vez hay más hombres dispuestos a saltarse la prohibición. Las opciones son limitadas y algunas, arriesgadas. Una especialmente difícil es cruzar la frontera con Rumania o Moldavia mediante la asistencia de pasadores locales. En Telegram hay grupos que ofrecen información sobre estas posibilidades. En el grupo “Ayuda en la frontera” informaban este miércoles de la detención en la provincia de Odesa de un hombre que transportaba a escondidas en su furgoneta a dos jóvenes que querían cruzar la frontera moldava. Cada uno habría pagado más de 6.500 euros.

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Otra opción es pagar sobornos que sirven para conseguir exenciones médicas. Con estas, los hombres pueden viajar al extranjero. El pasado junio, también en Odesa, se desarticuló una red que proporcionaba certificados médicos y traslado al extranjero por 4.100 euros.

Hay excepciones en la orden que aprobó Zelenski amparado por la ley marcial. Los padres de familia numerosa —a partir de tres hijos— pueden salir de Ucrania, también los que cuenten con la ciudadanía de otro Estado. Pero algunas excepciones sirven para hacer trampas. Las organizaciones encargadas de trasladar ayuda humanitaria a Ucrania pueden enviar conductores al extranjero, con un límite de tiempo fuera del país de 30 días. Hay organizaciones que en ocasiones envían a personas que no retornan, como ha podido comprobar este diario a partir de dos testimonios. Los universitarios inscritos en instituciones extranjeras también pueden dejar Ucrania, previa autorización del Gobierno. Sin embargo, las autoridades están limitando cada vez más los permisos para los nuevos matriculados, sobre todo para los de mayor edad.

La polémica en torno a la prohibición de salida para los hombres copó titulares el pasado mayo, cuando el abogado de Odesa Alexander Gumirov recogió unas 27.000 firmas a favor de levantar el veto a viajar al extranjero. Por ley, una iniciativa popular con 25.000 firmas debe ser valorada por el presidente. La respuesta de Zelenski fue negativa, y añadió que a quien tenían que enviar la petición es a las familias de los soldados muertos en combate. El Gobierno recuerda periódicamente que lo que está en juego es la existencia de Ucrania.

Pese a la negativa de Zelenski, lo cierto es que ha habido un cambio de tendencia. Los números de Eurostat, la agencia de estadísticas de la Comisión Europea, lo demuestran. El número de nuevos refugiados ucranios en la Unión Europea ha ido reduciéndose, pero sube el porcentaje de hombres respecto al total. Lo prueban algunos de los países que ya han actualizado los datos de junio de la concesión mensual del estatus de residencia temporal para ucranios. Polonia es el principal receptor de refugiados del país invadido. En marzo, el primer mes de guerra, los varones entre 18 y 64 años representaban el 2,6% del total de nuevos permisos de estancia para ucranios; en junio, el porcentaje había subido al 16%. En Lituania, otro país de referencia para los ucranios, este porcentaje había aumentado del 3% al 24%; en Suecia, del 7% al 28%. En Rumania, el porcentaje ya era en marzo del 17%, y en junio, del 18%.

La vía rusa

Otra alternativa para los que buscan marcharse, la más arriesgada, es llegar a la Unión Europea a través de Rusia. En los primeros meses de la invasión, pocas personas huían del conflicto a través de territorio enemigo, pero el número ha ido creciendo hasta ser la primera frontera que cruzan los ucranios, según Naciones Unidas —1,8 millones de ucranios lo han hecho, frente a los 1,2 millones que salieron por Polonia—. Quienes optan por esta vía son sobre todo familias de los territorios ocupados, aunque el Gobierno ucranio asegura que cientos de ellas han sido forzadas a trasladarse a Rusia. Su periplo empieza en las fronteras con las provincias rusas de Belgorod, Vorónezh y Rostov, y termina accediendo a la Unión Europea por Letonia o Estonia.

Denis es un empresario de Kupiansk que EL PAÍS entrevistó desde Járkov el pasado 17 de julio. Kupiansk es un municipio a 30 kilómetros de la frontera con Rusia y tomado por las tropas del presidente ruso, Vladímir Putin, en los primeros compases de la invasión. Este joven de 29 años explicaba que se había planteado llegar a Polonia cruzando Rusia y los países Bálticos, pero la experiencia de un amigo se lo desaconsejó. Este fue primero trasladado en la frontera a los llamados “campos de filtración”. Allí investigaron sus redes sociales y descubrieron que había compartido en Facebook un mensaje reciente de las Fuerzas Aéreas ucranias. “Le dieron una paliza y lo encerraron unos días. Al final lo dejaron entrar en Rusia. Ahora ya está en Polonia”.

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Sobre la firma

Cristian Segura (Enviado Especial)

Escribe en EL PAÍS desde 2014. Licenciado en Periodismo y diplomado en Filosofía, ha ejercido su profesión desde 1998. Fue corresponsal del diario Avui en Berlín y posteriormente en Pekín. Es autor de tres libros de no ficción y de dos novelas. En 2011 recibió el premio Josep Pla de narrativa.

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