El ejército de Etiopía y los rebeldes de Tigray vuelven a combatir tras cinco meses de alto el fuego

Ambos bandos se acusan mutuamente de la ruptura de la tregua mientras los organismos internacionales reclaman conversaciones de paz

Dos agricultores pasan junto a un tanque abandonado en la carretera en Dansa, al suroeste de Mekele, en la región etíope de Tigray, el 20 de junio de 2021.
Dos agricultores pasan junto a un tanque abandonado en la carretera en Dansa, al suroeste de Mekele, en la región etíope de Tigray, el 20 de junio de 2021.YASUYOSHI CHIBA (AFP)

El Ejército etíope y los rebeldes del Frente de Liberación del Pueblo de Tigray (TPLF, por sus siglas en inglés) reanudaron los combates este miércoles en el norte de Etiopía, lo que supone el incidente más grave tras el alto el fuego por razones humanitarias aprobado en marzo pasado y la ruptura de facto de dicha tregua. Ambos bandos, enfrentados en un conflicto que estalló en noviembre de 2020 y que ha provocado miles de muertos, unos dos millones de desplazados y una gravísima crisis humanitaria, se acusan mutuamente de haber reiniciado las hostilidades. Estados Unidos, la ONU, la Unión Europea y la Unión Africana han expresado su preocupación por la ruptura de la tregua y han llamado a ambas partes a restablecer el alto el fuego.

Los combates se reanudaron en la madrugada del miércoles en torno a la ciudad de Kobo, situada en la región de Amhara, pero muy próxima a la de Tigray, según confirmaron ambos bandos. “A las cinco, el TPLF ha atacado en el frente este (…) y ha roto el alto el fuego”, asegura un comunicado gubernamental. Por su parte, los rebeldes tigrayanos, también mediante una nota pública, explicaban que “el enemigo (…) ha intensificado su guerra genocida contra el pueblo de Tigray mediante esta flagrante violación del acuerdo de cese de hostilidades que ha estado en vigor unos pocos meses”. Los rebeldes aseguraban este jueves haber detenido el avance de las tropas etíopes. El alto el fuego había sido anunciado hace cinco meses, el 24 de marzo.

En los últimos días, ambos bandos se habían cruzado acusaciones de movimiento de tropas. Los rebeldes tigrayanos aseguran que el ataque en las inmediaciones de Kobo ha sido en realidad una maniobra de distracción para lanzar una ofensiva aún mayor en el frente oeste, mientras que el Ejército etíope señala que dichas afirmaciones forman parte de una estrategia de propaganda para ocultar la ofensiva rebelde, lo que califican de “un secreto a voces”. El líder tigrayano Debretsion Gebremichael volvió a acusar al Gobierno etíope, encabezado por el primer ministro Abiy Ahmed, de mantener un bloqueo sobre la región de Tigray y torpedear las investigaciones de Naciones Unidas sobre supuestos crímenes de guerra.

Por su parte, el Gobierno etíope aseguró también este miércoles haber abatido un avión cargado de armas para los rebeldes procedente de la vecina Sudán que volaba en dirección a Mekele, la capital de Tigray, y que habría violado el espacio aéreo etíope. Sin embargo, Getachew Reda, portavoz del TPLF, aseguraba a través de su perfil de Twitter que el derribo de dicho avión era “una mentira descarada” esgrimida para tratar de internacionalizar el conflicto, así como una excusa “para justificar la campaña genocida en marcha”.

Ya por la noche del miércoles, el director ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos (PMA), David Beasley, acusó a los rebeldes del robo de 570.000 litros de combustible que estaban almacenados en esta región para el reparto de ayuda humanitaria. “Millones de personas morirán de hambre si no tenemos combustible para entregar alimentos”, aseguraba Beasley a través de su cuenta de Twitter, “esto es indignante y vergonzoso. Exigimos la devolución del combustible ahora mismo”. El robo tuvo lugar por la mañana, cuando hombres armados pertenecientes al TPLF irrumpieron en un almacén del PMA en Mekele y se llevaron 12 camiones cisterna.

La reanudación del conflicto de Etiopía vuelve a traer la inestabilidad a toda la región del Cuerno de África y echa por tierra los intentos de alcanzar un acuerdo de paz duradero. El pasado mes de junio, Abiy Ahmed anunció la creación de un comité de diálogo y su predisposición a entablar negociaciones de paz “sin condiciones previas” con los rebeldes tigrayanos, mientras que estos exigieron el desbloqueo de Tigray y la restauración de transporte, comunicaciones y servicios públicos en la región antes de sentarse a negociar. Una vez más, ambos bandos se acusaron mutuamente del aislamiento de la región norteña.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.
Suscríbete

El secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, aseguró a los medios de comunicación estar impactado y triste por el reinicio de la guerra y pidió la “restauración inmediata” del alto el fuego y el comienzo de conversaciones de paz. En la misma línea, Estados Unidos, la Unión Europea y la Unión Africana hicieron un llamamiento al cese de hostilidades. El conflicto de Etiopía estalló oficialmente el 4 de noviembre de 2020 cuando el primer ministro Abiy Ahmed denunció el ataque de los rebeldes tigrayanos a dos bases militares etíopes y declaró el inicio de la guerra contra el TPLF, que gobierna en la región de Tigray y que se había declarado en rebeldía contra el Gobierno federal desde hacía meses.

El conflicto se extendió rápidamente a las regiones vecinas de Amhara y Afar y, tras las primeras victorias militares por parte del Ejército etíope, que llegó a ocupar temporalmente la capital tigrayana Mekele, los rebeldes reaccionaron y llegaron incluso a iniciar un avance hacia la capital, Adís Abeba, el pasado mes de noviembre. Sin embargo, una contraofensiva liderada por el propio Abiy Ahmed logró frenar la expansión rebelde y devolverlos a sus posiciones en el norte. El alto el fuego de marzo, anunciado primero por el Gobierno etíope, pretendía facilitar el acceso de ayuda humanitaria a Tigray, donde el 90% de la población necesita alimentos, según Naciones Unidas.

Sigue toda la información internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.

Sobre la firma

José Naranjo

Colaborador de EL PAÍS en África occidental, reside en Senegal desde 2011. Ha cubierto la guerra de Malí, las epidemias de ébola en Guinea, Sierra Leona, Liberia y Congo, el terrorismo en el Sahel y las rutas migratorias africanas. Sus últimos libros son 'Los Invisibles de Kolda' (Península, 2009) y 'El río que desafía al desierto' (Azulia, 2019).

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS