Ricardo Stuckert, el hombre que moldea la imagen pública de Lula da Silva

El fotógrafo oficial del expresidente brasileño, favorito a ganar las elecciones de octubre, es su sombra desde que alcanzó por primera vez el poder hace 20 años

Ricardo Stuckert (de pie), fotógrafo oficial de Lula, durante una rueda de prensa del expresidente brasileño con una delegación europea, el pasado 29 de agosto en São Paulo.
Ricardo Stuckert (de pie), fotógrafo oficial de Lula, durante una rueda de prensa del expresidente brasileño con una delegación europea, el pasado 29 de agosto en São Paulo.Lela Beltrão (EL PAÍS)

Una figura revolotea en torno al brasileño Luiz Inácio Lula da Silva en todos los actos públicos del antiguo presidente y de nuevo candidato, sea un mitin, un encuentro con empresarios, una visita a unos agricultores o una entrevista con un corresponsal extranjero. De cada hombro, cuelga una cámara de fotos. Se mueve rápido en un espacio reducido. Dispara una cámara, la otra, saca un móvil del bolsillo, graba vídeo, gesticula para que Lula y el resto se acerquen, se alejen, le miren… Ricardo Stuckert, de 52 años, traje oscuro, camisa blanca, corbata fina, gafas y media melena a dos aguas, es el fotógrafo oficial de Lula.

Se convirtió en la sombra del veterano Lula hace ya dos décadas, cuando este tomó posesión como presidente por primera vez. Desde aquel Año Nuevo de 2003, cuando el obrero se colocó la banda presidencial y prometió luchar para que cada brasileño tuviera tres comidas diarias. Stuckert es la persona que moldea la imagen pública del favorito a ganar las elecciones presidenciales de octubre en Brasil. El brasileño viene a ser lo que el fotoperiodista Pete Souza significó en los años de la presidencia de Barack Obama.

Difícil sintetizar las miles de imágenes que ha tomado en estos 20 años. Durante los dos mandatos presidenciales de Lula, viajaron juntos por todo el mundo, pero las fotos más recordadas las tomó en Brasil. Están las que muestran a Lula en volandas sobre un mar de seguidores justo antes de entrar y salir de la prisión —tomadas ambas en la sede del sindicato de los metalúrgicos, donde Lula nació como líder político—, rodeado por multitudes emocionadas como un hombre del pueblo; abrazado a pobres y famosos como un padre o en un reciente momento de complicidad con la compañera Dilma (Rousseff, su sucesora). Firmó en exclusiva las fotos de su reciente boda con una veterana militante llamada Janja y firma cada foto que el equipo de Lula difunde en redes sociales, instrumento crucial de propaganda en este país enganchado a internet.

Un veterano fotógrafo de agencia que cubre la actualidad brasileña desde hace tres décadas y que prefiere hablar desde el anonimato explica lo que distingue el trabajo de Stuckert: “Aprovechó la oportunidad de tener un acceso ilimitado para hacer siempre una foto distinta a las demás, con un mensaje más positivo, menos protocolario, más pro Lula”.

El fotógrafo habla poco de su trabajo, pero hace unos días, al presentar en São Paulo un libro de imágenes de los viajes internacionales del Lula presidente, lo definió así: “Me suelen preguntar, ¿tú haces fotografía o ideología? Siempre digo que hago fotografía, pero que mis ideas están ahí, mi visión del mundo está ahí. Las fotos deben hablar por sí solas”. Unos meses antes, en una entrevista con UOL, definió su concepción de la fotografía: “Es magia, muestra un mundo que la gente no conoce, que revela sentimientos, que trae historias”.

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La relación tirante que tanto Lula como Bolsonaro mantienen con los grandes medios brasileños y el hecho de que Brasil es tan enorme que políticos de todo signo protagonizan muchos actos sin ningún periodista independiente sobre el terreno, refuerzan aún más el poder de las imágenes que cada uno de ellos difunde. Stuckert también echa hábilmente mano del rico archivo que ha creado para que su jefe triunfe en redes al hilo de aniversarios, comentarios de famosos o noticias de actualidad.

El poder de las imágenes en la comunicación política es el título de un curso que el fotógrafo de cabecera de Lula impartió recientemente. Mamó el oficio en familia. Su padre, Roberto, fue el fotógrafo oficial del último dictador de Brasil, el general Figueredo, su hermano Roberto hijo lo fue de la presidenta Dilma Rousseff. Son alguno de los herederos en el oficio del bisabuelo Stuckert, que al llegar a Brasil desde Suiza a principios del XX abrió un negocio de fotografía.

El fotógrafo Stuckert coloca una carpeta frente al candidato presidencial en presencia del excanciller Celso Amorim, el pasado 29 de agosto en São Paulo.
El fotógrafo Stuckert coloca una carpeta frente al candidato presidencial en presencia del excanciller Celso Amorim, el pasado 29 de agosto en São Paulo. Lela Beltrão (EL PAÍS)

Conocido en el oficio por su empeño en tener un control absoluto y monopolizar la imagen de Lula, la pandemia le dio una ocasión de oro. Buena parte de Brasil estaba confinada en casa cuando Lula volvió al ruedo político, tras salir de la cárcel por la anulación de sus condenas. Aunque nunca perdieron la relación, durante un tiempo, Stuckert se volcó en otro proyecto bien distinto: retratar la diversidad de los indígenas brasileños. Entre las imágenes únicas en su trayectoria, la de dos indígenas no contactados que apuntan con sus flechas y la mirada al helicóptero en el que sobrevolaba Acre.

El regreso de Lula a la primera línea política fue vía Zoom, difícil para alguien que adora el contacto con sus seguidores. Daba entrevistas y participaba en retransmisiones en directo desde casa, donde Stuckert convirtió la cocina en un set de televisión, como mostró la esposa de Lula en un tuit sobre la trastienda de sus actos en remoto.

“Con el tiempo, Stuckinha (el apodo con el que se le conoce) ha trascendido mucho más allá de la fotografía. Está siempre al lado de Lula, le da seguridad”, dice el fotoperiodista antes citado. Es la persona a la que Lula busca con la mirada si algo no está a su gusto. Siempre pendiente de su jefe, lo mismo retrata cada gesto, que organiza al resto de los profesionales que siguen al candidato presidencial, les explica las condiciones, pide que suban el volumen cuando el político no oye bien la pregunta y le acerca el agua cuando carraspea.

Se tratan con respecto y cariño. La segunda esposa de Lula, la fallecida Marisa, fue su madrina de boda. Ahora, a un mes de los comicios, Stuckert ya no es el único que revolotea en torno al expresidente. Dirige un amplio equipo de reporteros gráficos que captan cada instante público del candidato.

La única vez que se recuerda a Stuckert sin una cámara en mano fue en Los Ángeles, durante la ceremonia de los Oscar en 2020. Llegó allí como candidato a una estatuilla. Participó en el documental Democracia en peligro como director de fotografía. Trata sobre el impeachment de Rousseff, la traumática salida del poder de la izquierda brasileña que Lula pretende revertir ahora en un regreso que el fotógrafo documenta.

Stuckert, en segundo plano, fotografía a Lula mientras este habla en presencia de Iratxe García, presidenta del grupo socialista en el Parlamento Europeo, el 29 de agosto en São Paulo.
Stuckert, en segundo plano, fotografía a Lula mientras este habla en presencia de Iratxe García, presidenta del grupo socialista en el Parlamento Europeo, el 29 de agosto en São Paulo. Lela Beltrão (EL PAÍS)

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