Boric y Bolsonaro dibujan dos visiones opuestas de América Latina en la Asamblea General de la ONU

El jefe de Estado brasileño asegura que el 80% de la Amazonía se mantiene “prístina”. El presidente chileno reclama “más democracia, no menos” para paliar los problemas mundiales

El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, en su intervención ante la Asamblea General de la ONU, este martes en Nueva York
El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, en su intervención ante la Asamblea General de la ONU, este martes en Nueva YorkJASON SZENES (EFE)

El agua y el aceite. Jair Bolsonaro y Gabriel Boric. Pocos líderes más opuestos podía ofrecer América Latina como representantes en el estreno del debate de líderes en la 77ª Asamblea General de la ONU este martes. El trumpista presidente brasileño, en vísperas de unas elecciones donde las encuestas auguran su derrota, dibujó un Brasil idílico, donde los ciudadanos se lanzan a las calles en respaldo de su líder y la Amazonía goza de excelente salud. El izquierdista jefe de Estado chileno llamó con urgencia a una mayor justicia social y recetó más y mejor democracia como respuesta al descontento y la desigualdad.

Se hablaba mucho en español y portugués en esta jornada inaugural del cónclave mundial de líderes. La agenda había otorgado a América Latina un gran protagonismo. Bolsonaro, como es tradicional, era el primero en intervenir en el debate, como presidente de Brasil. Tras él, a lo largo del día participaban también los líderes de Chile, Colombia, Paraguay, Honduras, Bolivia, Perú, Guatemala, Argentina y El Salvador.

El jefe de Estado brasileño, en modo electoral también desde el estrado del plenario de la Asamblea General, optó por un discurso en el que iluminó lo que consideró los logros de su mandato y atacó, aunque sin nombrarlo directamente, a su rival en las urnas, Luiz Inácio Lula da Silva, a quien los sondeos consideran favorito en los comicios del 2 de octubre.

Bolsonaro denunció la “corrupción sistemática” de la izquierda y aseguró que cuando esta ideología gobernó el país, entre 2003 y 2016, se robaron miles de millones de dólares. “El responsable de eso” —subrayó, en clara alusión a su oponente— “fue condenado”. No hay que preocuparse, vino a decir, pese a lo que digan las encuestas: “es el Brasil del pasado”.

En el relato del presidente brasileño, su país nunca ha estado mejor. Han caído la inflación y el desempleo. Acoge a refugiados de Venezuela y otras partes del mundo. Desde el estallido de la pandemia de covid en 2020, 63 millones de personas, o una tercera parte de la población, han recibido asistencia del Gobierno para sus necesidades. El líder, que despreciaba la eficacia de las vacunas y que el año pasado presumió de no haberse inoculado, pese a que la asistencia a la Asamblea General lo exigía, sacó pecho ante el resto de líderes sobre las inmunizaciones en su país. “Hemos alentado las vacunaciones”, presumió, y hoy día cerca del 80% de la población se encuentra vacunada, “voluntariamente y respetando las libertades de los ciudadanos”. No mencionó, por contra, los cerca de 700.000 fallecidos de covid en el país desde que se detectaron los primeros casos.

La Amazonia bien, gracias. Según ONG como Imazon, que vigila la deforestación de la mayor selva del mundo, entre enero y agosto se destruyeron 7.943 kilómetros de bosque. Ello representa la cifra más alta de los últimos 15 años, y un área equivalente a la de la isla de Puerto Rico. Pero el presidente brasileño, que durante su mandato ha relajado las leyes medioambientales de su país y es continuo blanco de las organizaciones ecologistas, ha sostenido que el 80% de la mayor selva del mundo sigue “intacta y prístina”, pese a lo que digan los medios de comunicación y los activistas.

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Y aunque las encuestas le concedan en torno a un 33% de apoyo popular, Bolsonaro asegura que cuenta con el respaldo mayoritario de los ciudadanos. El 7 de septiembre, sostuvo, “millones de brasileños se lanzaron a las calles, convocados por su presidente”.

En el terreno internacional, Bolsonaro ofreció abrir las puertas de su país para “acoger a los padres y monjas católicos que han sufrido persecución del régimen dictatorial de Nicaragua”, y se presentó como un defensor incondicional de la libertad religiosa y de expresión. También aludió al asunto que domina por activa y pasiva las conversaciones de los líderes en esta semana de reuniones al máximo nivel: Ucrania. El jefe de Estado brasileño criticó las sanciones contra Rusia, al considerar que los castigos unilaterales no representan la mejor vía para solucionar el conflicto. El remedio debe llegar, a su juicio, a través del diálogo y la negociación.

Sin apenas transición —separados únicamente por la intervención del presidente senegalés, Macky Sall—, Gabriel Boric ofreció una visión diametralmente diferente en su estreno ante la Asamblea General. El jefe de Estado izquierdista, llegado al poder el 11 de marzo, optó por un relato internacionalista, en el que presentó una apasionada defensa de la democracia como solución para los problemas globales.

“Profundizar la democracia es un ejercicio permanente en el cual solo cabe perseverar y aprender cada uno de los resultados del otro”, proclamó el presidente chileno, que recordó el ejemplo de su país como democracia incipiente tras los años de la dictadura de Augusto Pinochet y que abogó también en contra de la censura y en favor del respeto a las diferencias de opinión.

“Me rebelo frente al abismo que algunos pretenden cavar ante la legítima diversidad de opiniones. Y desde Chile, declaramos nuestra voluntad de ser constructores de puentes ante esas brechas que nos impiden encontrarnos como sociedades diversas”, señaló.

Si Bolsonaro había criticado la respuesta occidental a la guerra en Ucrania, Boric criticó con contundencia la “agresión” de Rusia a Ucrania, que ha disparado los precios de los alimentos y los fertilizantes, y desestabilizado las economías mundiales. El líder chileno expresó su compromiso con la justicia y la paz, y lanzó un llamamiento a la unidad internacional para conseguirlo. “Necesitamos una nueva América Latina, un Sur Global, en el que fijemos unos objetivos comunes, justicia y paz”, declaró.

En este sentido, se comprometió a “realizar las acciones que sean necesarias, y no solo declaraciones, para detener la injusta guerra de Rusia contra Ucrania y poner fin a todos los abusos de los poderosos en cualquier lugar del mundo”.

Su discurso no solo abordó la situación en Ucrania. También aludió al tratamiento a los palestinos, para los que pidió un Estado propio y que no se conviertan en algo normal “las permanentes violaciones a los derechos humanos” contra ese pueblo. Al mismo tiempo, también llamó a garantizar el derecho de Israel a vivir dentro de fronteras seguras. El joven jefe de Estado reclamó, asimismo, respeto a los derechos de las mujeres. Dedicó una mención especial a la muerte a manos de la Policía en Irán de Mahsa Amini el pasado viernes.

En el terreno interno, aludió a la derrota de la propuesta de nueva Constitución en Chile, la gran derrota de su medio año de mandato. El rechazo tajante de los ciudadanos, sostuvo, ha representado una enseñanza: a ser “más humildes”. Y a gobernar “movilizando las capacidades y la sabiduría de las sociedades”, en vez de pretender “sustituirlas”. “Como presidente de Chile estoy convencido de que, en un corto plazo, Chile tendrá una Constitución que satisfaga y nos enorgullezca”, puntualizó.

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Sobre la firma

Macarena Vidal Liy

Es la corresponsal de EL PAÍS en Asia. Previamente trabajó en la agencia EFE, donde ha sido delegada en Pekín, corresponsal ante la Casa Blanca y en el Reino Unido. También ha cubierto conflictos en Bosnia-Herzegovina y Oriente Medio como enviada especial. Es licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid.

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