“No podíamos enfrentar esto otros cuatro años más. Nos ha devuelto la esperanza”

Cientos de seguidores de Biden se congregan a las puertas del centro de escrutinio de Filadelfia y celebran el fin de la era Trump

Molly Jackson e Isabelle Tan celebran el triunfo de Biden a las puertas del centro de convenciones de Pensilvania.
Molly Jackson e Isabelle Tan celebran el triunfo de Biden a las puertas del centro de convenciones de Pensilvania.Kriston Jae Bethel

Hacia el mediodía, el tranquilo y silencioso centro de Filadelfia se fue llenando de ciudadanos conscientes de que en este punto del país se acababa de hacer historia. En la mayor ciudad del Estado de Pensilvania, ubicada en el cinturón industrial del norte del país, cientos de ciudadanos bailaban y bebían champán a las puertas del Centro de Convenciones, donde de manera incansable, durante cuatro días, se han contado uno a uno los votos que faltaban para una remontada épica de Joe Biden frente a Donald Trump gracias en gran parte al voto por correo. “Thanks, Philly [Gracias, Filadelfia]”, coreaban en este sitio clave.

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Pensilvania se ha convertido en la resistencia de los demócratas en estos días agónicos, en los que todo un país observaba en vilo cómo la victoria de uno u otro candidato se decidiría por un puñado de votos. La última actualización del conteo en Pensilvania este sábado por la mañana (hora de Washington, seis horas menos que en la España peninsular) certificó a Biden ganador de ese territorio clave y, con él, vencedor de los comicios. Había sobrepasado los 270 votos electorales y Trump se acababa de convertir en el primer presidente de los últimos 25 años que perdía una reelección.

“Esto es demasiado. No podíamos enfrentar esto otros cuatro años más. Nos ha devuelto la esperanza. Es el momento de sanar”, señalaba una joven de 30 años que celebraba junto a una multitud de centenares de personas en el centro de Filadelfia. “Es increíble que todo haya acabado aquí. Filadelfia es una ciudad con una diversidad gigante y es muy importante para nosotros que se haya dado al fin la victoria desde aquí”, añadía su amiga a este diario, aunque las dos prefirieron que no se publicara su nombre.

Desde unos altavoces en la puerta del centro de votación, se escuchaba en directo la comparecencia de Donald Trump. Pero las acusaciones de “fraude” y de “robo de las elecciones” ya sonaban demasiado lejos para estos cientos de personas que festejaban emocionadas el fin de una era. El presidente continuaba en sus últimas palabras antes de claudicar con una retahíla de acusaciones sin evidencia, sin prueba alguna, como ha acostumbrado durante los últimos cuatro años. Pero desde este sábado el país y sus ciudadanos han dicho basta.

KC Miller, seguidor de Biden, sostiene un cartel, durante las celebraciones en el centro de Filadelfia.
KC Miller, seguidor de Biden, sostiene un cartel, durante las celebraciones en el centro de Filadelfia. Kriston Jae Bethel
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“No creo que la división se termine aquí. El país está muy dividido y los seguidores de Trump son muchos millones de personas”, apuntaba Alice McCourt, de 71 años, que observaba desde un punto alejado de la multitud la celebración. “Estoy realmente emocionada, llevo esperando esto cuatro años. Es el peor presidente de nuestra historia. Pero esto no solo acaba aquí, hay mucho por hacer”, añadía.

La reconquista de Pensilvania además devuelve al Partido Demócrata uno de sus bastiones fundamentales desde hace décadas, arrebatado por Trump en 2016. En esta zona industrial, ubicada en el llamado Cinturón del Óxido —que incluye también Míchigan, Wisconsin, Indiana y Ohio— el partido encontró antes del fenómeno Trump un sólido apoyo en la clase trabajadora. Hace cuatro años, sin embargo, la región cambió de color, agobiada por décadas de declive y de pérdidas de empleos trasplantados a otros lugares del mundo donde la mano de obra es más barata. Las regiones dieron un voto de confianza al atípico candidato republicano, que prometió defender a todos los olvidados del ámbito rural.

El cambio de sentido del voto no significa que la población rural haya cambiado de opinión. Muchos de estos territorios han apoyado a Trump mayoritariamente. Las zonas urbanas, mucho más diversas y con más peso electoral, se han volcado a favor de Biden. Se estima que lo que ha marcado la diferencia ha podido ser los datos de participación. La abstención de muchos demócratas en 2016 contribuyó a la victoria del republicano y la movilización del voto este año ha sido una prioridad. Tanto es así que Biden se ha convertido en el candidato demócrata más votado de la historia con más de 70 millones de papeletas.

El voto por correo ha sido clave en la victoria de Biden. Y Trump, consciente de que el vuelco electoral sucedería con estos sufragios, trató de atacarlo desde hace meses, interponiendo demandas en este Estado que se han elevado hasta la Suprema Corte. La impaciencia del presidente se agudizaba conforme se contaban más votos a favor del demócrata y activó al equipo legal de su partido para pedir que se detuviera un escrutinio que no le favorecía.

El estallido de la pandemia hizo suponer que muchos ciudadanos iban a optar por votar por correo, que habría un incremento muy importante en esa modalidad. En 2016, unos 266.000 ciudadanos de Pensilvania usaron ese método. Pero en estas elecciones de 2020 se han procesado más de tres millones de votos que, por ley, debían de ser verificados, procesados y contados a partir del día de la elección y hasta tres días después como máximo. Finalmente todo se ha decidido este sábado.

A unos cinco metros de la celebración demócrata de este sábado en Filadelfia, una decena de seguidores de Trump resistía con poco éxito ante la multitud. “Detengan el robo”, insistían en sus carteles. Sus reclamos, sin embargo, apenas se escuchaban frente a los seguidores del ganador. “No es justo. Se están contando votos que no son legales. Esto es una farsa”, lamentaba un hombre de unos sesenta años que sostenía un cartel que rezaba “fraude”.

Las palabras de Trump que repiten sus electores se apagaban aquí, frente a la realidad más absoluta del centro de convenciones. Los bulos y la difusión de teorías conspiranoicas probablemente no terminen con el resultado, pero al menos en este punto del norte del país, hacia el mediodía del sábado (hora local), era casi inaudible.

Jasmine Henderson abraza a su madre, a las afueras del centro de convenciones de Filadelfia.
Jasmine Henderson abraza a su madre, a las afueras del centro de convenciones de Filadelfia. Kriston Jae Bethel

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Sobre la firma

Elena Reina

Es redactora de la sección de Madrid. Antes trabajó ocho años en la redacción de EL PAÍS México, donde se especializó en temas de narcotráfico, migración y feminicidios. Es coautora del libro ‘Rabia: ocho crónicas contra el cinismo en América Latina’ (Anagrama, 2022) y Premio Gabriel García Márquez de Periodismo a la mejor cobertura en 2020

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