Caries en bebés: por qué son tan habituales y cómo prevenirlas

Uno de cada cuatro niños padece esta lesión de primera infancia severa. La higiene dental debe comenzar con la erupción del primer diente, con cepillos adaptados y pasta con flúor

Un niño de menos de dos años en la consulta del dentista, con una bata roja, mira al dentista mientras este le baja el labio inferior con un pequeño espejo.
Un niño de menos de dos años en la consulta del dentista, con una bata roja, mira al dentista mientras este le baja el labio inferior con un pequeño espejo.Jon Vallejo (Getty Images)

Cuando uno mira a un bebé, tan tierno, tan perfecto, difícilmente puede imaginar que su dentadura, tal vez, tenga alguna caries. Sin embargo, es más habitual de lo que se puede pensar. Un estudio realizado por el Hospital HM Nens de Barcelona, en el que han participado 300 niños, asegura que uno de cada cuatro padece esta lesión de primera infancia severa. Este asunto también ha sido tratado con anterioridad por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que aseguraba que más de 530 millones de menores de todo el mundo las tenían en los dientes de leche, según un informe de 2021. Además, y a lo largo de los últimos 10 años, los casos han ido aumentando progresivamente, según la odontopediatra Ruth Mayné, responsable del Servicio de Odontobebé del mismo hospital y coordinadora de la investigación.

A pesar de que se trata de dientes de leche, el asunto es importante y debe tenerse en cuenta. Ana Veloso, odontóloga especializada en bebés, afirma que estas caries pueden provocar daños en la dentición temporal y en la futura permanente y causar problemas en el desarrollo, crecimiento y aprendizaje de los niños. “Se ha visto asociada a otras condiciones médicas como la diabetes, la obesidad y las enfermedades cardiovasculares”, añade.

Productos azucarados y falta de higiene, entre las causas

El incremento de la prevalencia de caries parece estar relacionada con dos circunstancias. Lo explica Mayné: “Durante unos años ha habido una fuerte corriente antiflúor que ha provocado un aumento de esta patología. Además de la publicidad engañosa de productos azucarados para bebés de alta demanda: sobres de frutas, bebibles lácteos, panes envasados blandos y un largo etcétera”.

La buena noticia es que esta enfermedad, aunque muy prevalente, es fácilmente prevenible: “Por esto, la promoción de la salud oral de los niños es fundamental para mantener la higiene y el correcto desarrollo de las funciones de digestión, fonación y respiración”, afirma Mayné. La prevención a edades tan tempranas, además, depende “fundamentalmente de la acción de los padres”, señala la odontóloga.

Sin azúcar hasta los dos años

Tanto Mayné como Veloso, ambas odontólogas, inciden en la importancia del cuidado de los dientes desde que son bebés. Y realizan alguna recomendación más: “Hay que comenzar con el cepillado desde la erupción del primer diente temporal con pasta dentífrica de 1.000 ppm [partes por millón] de flúor, con cepillo de dientes adaptado a su edad —cabezal pequeño redondeado con filamentos de nylon suaves y con mango ergonómico y engomado para las manos de los papas—; realizarlo dos veces al día y mantener una dieta saludable y equilibrada compuesta de alimentos naturales que, en caso de contener azúcar, sean intrínsecos —el propio de los alimentos, como, por ejemplo, la fructosa—”, afirma Veloso, que recomienda evitarla en niños de hasta dos años.

No hay una edad específica a la que comenzar a cepillar porque, como afirma Mayné, cada niño o niña es diferente: “En algunos puede que el primer diente erupcione a los cuatro meses, mientras que otros, con 13, todavía no tienen dientes, y hasta que salga, no será necesario cepillarlo. Pero también podemos encontramos algunos niños que nacen con ellos, y empezaremos en ese momento”.

Los primeros cepillados deben hacerlos los progenitores. “La mejor técnica de cepillado es colocándonos por detrás del niño, ya que esta postura te permite mantener su cabeza más estable y levantar el labio superior para llegar bien a la zona entre la encía y los dientes de arriba (donde se inician las lesiones de caries)”, explica esta odontopediatra.

Los beneficios de dedales y mordedores

Antes de que salgan los dientes es recomendable que los padres usen dedales de silicona para estimular las encías. También son una buena opción los mordedores que, aunque no a todos los niños les gusta por igual, son muy útiles para aliviar las molestias causadas por las primeras denticiones: “Algunos están diseñados para meterlos en la nevera, lo que añade el frío como forma de alivio”, argumenta Mayné.

Veloso añade una ventaja más: “Al incorporar estos juguetes de forma precoz en los bebés se estimulan sus sentidos, ya que les permiten explorar y descubrir nueva formas, colores y texturas, toda una experiencia sensorial que, además, posteriormente ayuda a que se acepte mejor el cepillo dental”. Eso sí, a la hora de elegirlos es esencial que sean flexibles y ligeros para que sean fáciles de utilizar. “Deben poder adaptarse a sus manitas, estar fabricados de una sola pieza y que no tengan agujeros, para que no se acumule el moho en su interior”, añade la doctora.

Otros problemas de dentición

Además de las caries y las molestias propias de los primeros dientes, los bebés de hasta tres años pueden tener estos otros problemas:

  • Frenillo lingual, que puede impedir una lactancia materna adecuada, por lo que es importante “solucionarlo cuanto antes realizando una frenotomía (cortar el frenillo)”, asegura la odontóloga Mayné.
  • Traumatismos. “Son muy habituales en niños pequeños. Debemos revisarlos siempre que haya afectación de dientes o huesos maxilares. Un trauma en dientes de leche o temporales puede tener secuelas graves en la dentición permanente o definitiva”, explica Mayné. 
  • Maloclusiones: cierre o mordida incorrecta de los dientes. “Suelen tener una gran carga genética y otra funcional (hábitos)”, afirma. Y continúa, la odontóloga: “Podremos modificarlo dando consejos de tetinas, hábitos de succión (dedo o succión digital), respiración (derivando al otorrino para descartar alteraciones), o colocando pistas o composites y tallando dientes en los dientes de leche en niños muy pequeños”.

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