La metodología por rincones y sus beneficios para tu hijo

Esta actividad es eminentemente lúdica, aplicada, y lleva al disfrute integral del niño que aprende. Se puede llevar a cabo en casa y en el aula

Unos niños juegan en una escuela infantil.
Unos niños juegan en una escuela infantil.SATSE (Europa Press)

En un extremo del aula, un grupo formado por alumnos y alumnas, de cuatro años, revuelven las piezas de distintos colores y tamaños que hay en el interior de una gran caja de cartón. Derramadas por el suelo, algunos de ellos, muy concentrados, se afanan en colocar una pieza encima de otra intentando levantar una construcción. Con sus pequeñas manos, ponen en fila una serie. Colocada una primera hilera y trabajan en levantar sobre ella una segunda. Las fichas tienen distintas superficies y no consiguen, pese a su perseverancia, que la estructura se mantenga en pie. Durante un buen rato, interactúan buscando las mejores soluciones a un juego que les plantea un desafío, levantar un edificio. Con la ayuda de un adulto consiguen comprender y aprender cómo lograr que la estructura se sostenga. Este ejemplo se hace extensivo también a los juegos que los más pequeños practican en casa. Actividades que aprovechan los entornos y que se convierten en herramienta de apoyo al aprendizaje.

Son muchos los expertos, como Freud o Piaget, entre otros, que formularon teorías sobre el aprendizaje y la psicología, donde destaca la importancia del juego como actividad principal para el desarrollo de diversos aspectos que son fundamentales para el ser humano. María Paola Ruiz-Bernardo, profesora ayudante doctor de la Universidad Jaume I, apunta que esos aspectos pueden ser “de tipo psicológico, como el “juego simbólico” que describe Freud, también socioemocional y, de modo más evidente, el motriz”. Esta experta asegura que “para los niños jugar es una forma de comunicarse durante sus primeros años. A través de los juegos, es estimulado y se autoestimula para aprender, principalmente, a adaptarse a su entorno. Además, les abre a las relaciones sociales, donde además de socializar y comunicarse, aprenden a gestionar sus emociones. También aparecen las normas que regulan su conducta y sus interacciones sociales. Y, por supuesto, les ayuda a dar rienda suelta a la creatividad”. Jean Piaget consideraba fundamental dentro del desarrollo cognitivo el juego, ya que permite que el niño se conecte y toque la realidad concreta, etapa previa para dar el salto al pensamiento abstracto. “No hay duda de que el juego es una actividad que promueve el desarrollo integral del hombre principalmente en las primeras edades”, prosigue María Paola Ruiz-Bernardo. Una idea con la que coincide Eufrasio Pérez Navío, profesor titular de Universidad del Área de Didáctica y Organización Escolar del Departamento de Pedagogía de la Universidad de Jaén y tutor de apoyo en red (TAR) de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), quien asegura que, “desde Froebel hasta Montessori, las representativas investigaciones y los creadores de modelos y métodos para una nueva infancia han demostrado que el principio lúdico constituye el eje del aprendizaje espontáneo en su etapa inicial”.

En las primeras etapas del desarrollo infantil, el aprendizaje a través del juego está estrechamente ligado a la comunicación, el lenguaje y las emociones. María Paola Ruiz-Bernardo afirma que “el ser humano, como ser integral y complejo que nace inacabado, termina su desarrollo en el seno de la familia”. En la escuela, durante las etapas de Infantil y Primaria, “el juego y la comunicación se imbrican de modo simbiótico, ya que no puede haber juego sin comunicación o comunicación sin juego… A medida que avanza el desarrollo del niño esta relación va disminuyendo porque el pensamiento abstracto (último nivel del desarrollo cognitivo) propicia que las respuestas que antes buscaba en el exterior ahora se resuelvan en el interior de su mente”. Esto se produciría a final de Primaria. Mientras tanto, dice María Paola Ruiz-Bernardo, “no hay que saltarse las etapas previas; por ello el juego ha de estar presente en las aulas de infantil y primaria y no solo en la hora de educación física”. La pedagoga de la Universidad Jaume I considera que “el juego en Infantil y también durante los primeros años de Primaria ayuda a desarrollar aspectos básicos del ser humano. El juego tiene fundamentalmente la capacidad de motivar y es allí donde se debe mantener la mirada de la incorporación del juego durante toda la educación”.

Una de las actividades que favorece este aprendizaje, en etapas tempranas, pero también en el resto de los niveles educativos, es la metodología por rincones, en opinión de Eufrasio Pérez Navío, “eminentemente lúdica, aplicada, que lleva al disfrute integral de la persona que aprende”. Un aprendizaje que resulta imposible sin la interacción con el otro y que recrea la Zona de Desarrollo Próximo (ZDP). Es decir, explica el tutor de apoyo en red de la UNED, “los seres humanos somos verdaderos personajes de oportunidad para que el otro ser humano se enriquezca y creo que este es el gran reto del profesorado de Educación Infantil. Tienen que ser expertos en lenguaje, en comunicación, en el principio lúdico”. Porque, en su opinión, “que seamos capaces de compartir con otros seres humanos lo que aprendemos, va a facilitar a los estudiantes la imagen espejo”. De este modo, continúa Eufrasio Pérez Navío, “solo cuando disfrutamos en un clima de acercamiento de interacción didáctica en el que demostramos que dominamos el código verbal, no verbal, paraverbal de una manera integrada y que lo proyectamos en una nueva iconografía, proporcionamos a los estudiantes un ecosistema de aprendizaje excepcional”

Con la utilización del juego se favorecen mejores aprendizajes, habilidades, destrezas, conocimientos. Además de la metodología por rincones, la especialista de la Universidad Jaume I habla de la importancia de los juegos tipo colaborativos y no competitivos. Una situación, esta última, difícil de abordar, según esta experta, “cuando los niños traen de la sociedad y de la familia un mandato de ganar y ser los mejores, un mandato individualista y competitivo”. Durante la Secundaria, prosigue María Paola Ruiz-Bernardo, “el juego motiva y favorece el trabajo en equipo, las relaciones sociales, la comunicación, la creatividad; es decir, pone en práctica estos elementos ya desarrollados. Un ejemplo muy concreto son los Scape Room, ahora muy de moda, donde para resolver un problema han de poner en marcha sus conocimientos, casi como la vida misma. No es una evaluación de saberes adquiridos, sino un espacio para resolver un problema aplicando los conocimientos de diversas asignaturas”.

Todas las metodologías educativas basadas en el juego favorecen un mayor rendimiento social y académico. Por eso, la profesora de la Universidad Jaume I reivindica un cambio en el actual sistema educativo: “no podemos seguir aprendiendo aislados de la realidad, encerrados en aulas, cumpliendo unos horarios… Es tiempo de abrir la mirada y la escuela como organización que aprende y enseña. Necesitamos que Einstein nos traiga la teoría de la relatividad a la escuela, no como contenido sino como arma para desmontar estos conceptos de espacios y tiempo; solo así, el juego no será visto como un pasatiempo sino como una metodología de enseñanza”.

También el hogar está lleno de rincones que facilitan los aprendizajes: un balcón con plantas es el rincón ideal para aprender sobre la naturaleza y la vida; la cocina el lugar ideal para adquirir conocimientos sobre tecnología, matemáticas, física y química y, por supuesto, estimular diferentes sentidos; el salón puede ser el rincón de socializar, de la música y la lectura. En cada uno de ellos desarrollamos múltiples competencias para la vida, más allá de algunos simples contenidos. Cada casa ofrece multitud de posibilidades, “solo hace falta un orientador, un guía que tenga la habilidad de despertar en los niños la curiosidad por querer emprender la aventura que puede encontrar en ese rincón. Lo cierto es que esto suele ser bastante fácil pues los niños en pocos segundos, son capaces de entrar en el juego que se le puede proponer; en su naturaleza está el entusiasmarse por los juegos y los nuevos descubrimientos. El adulto puede aprovechar estos espacios para motivar al niño y dejar que se haga múltiples preguntas que podrá resolver con su ayuda”. Es importante aprovechar el rincón, mientras dure la ilusión, y explotarlo al máximo antes de cambiar a otro espacio. “También, así, podemos educar en el descubrir y disfrutar sin lamentar que el tiempo se ha acabado y ahora tienes que hacer otra cosa, situación que viven habitualmente en la escuela”, explica María Paola Ruiz-Bernardo. Cuando son un poco más mayores se puede estimular a la creación de sus propios espacios; quizás sean un poco más artificiales, pero sirven como espacios para la expresión de sus individualidades, y como refugio transitorio de sus emociones. “Estos espacios favorecen la exploración y el descubrimiento del mundo interior. Hemos cambiado de la aventura de conocer el mundo exterior a la aventura de conocer el mundo interior. En esta etapa, el adulto es un guía que sigue acompañando, pero desde el respeto y solo basta su fiel presencia”, concluye esta profesora ayudante.

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