Crianza
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Así pueden conseguir padres y madres que sus hijos participen en las rutinas diarias de casa

Aunque al principio pueden resultar tediosas, una vez interiorizadas las tareas del día a día resultan beneficiosas a nivel psicológico y también mejoran la autonomía y la responsabilidad de los niños y la convivencia familiar

Dos niños con su madre recogen los juguetes del cuarto.
Dos niños con su madre recogen los juguetes del cuarto.Johner Images (Getty)

Recuerdo el tiempo que dedicaron mis padres en enseñarnos a mis hermanas y a mí a hacer las rutinas en casa. Con grandes dosis de paciencia y dedicación, nos ayudaron a ir automatizando tareas que potenciaron mucho nuestra autonomía y facilitaron la convivencia. De forma equivocada, en muchas ocasiones se asocian las rutinas con la repetición y el aburrimiento. Actividades que terminan siendo pesadas y que se acaban aborreciendo. Pero, en realidad, las rutinas son tareas que se realizan de forma automática, casi sin pensar. Actividades que ayudan a organizar el día a día de forma más productiva, a interiorizar normas y a crear nuevos hábitos. Al principio pueden resultar un poco tediosas, pero una vez interiorizadas aportan muchos beneficios a nivel psicológico y emocional.

A nivel cerebral, las rutinas son atajos que permiten entrelazar tareas y hacer cosas casi sin esfuerzo, como lavarse las manos antes y después de comer; atarse las zapatillas antes de salir de casa o ponerse el cinturón de seguridad cuando se va en coche. Estos son ejemplos de actos automáticos que se realizan a diario y que no cuestan un gran esfuerzo porque están automatizados.

El establecimiento de rutinas en casa va a permitir que los hijos se sientan más seguros y menos nerviosos. Unas actividades casi inconscientes y encadenadas que les van a proporcionar orden y estructura, les van a permitir saber qué tienen que hacer y poder predecir qué va a ocurrir después. Por ejemplo, un niño sabrá que al acabar de cenar deberá llevar su plato y cubiertos al lavavajillas, cepillarse los dientes, disfrutar de cómo papá o mamá le explican un cuento y luego tocará ir a dormir. En la adolescencia, aunque cambian las tareas, estas siguen siendo muy importantes. Estos hábitos reducirán considerablemente las explosiones emocionales de los hijos, les ayudarán a construir un buen equilibrio emocional y a sentir una conexión con sus padres y con el resto de miembros de la familia.

En cambio, la falta de rutinas en el hogar puede conllevar problemas de comportamiento y comunicación. Por ejemplo, que en muchos momentos los niños estén nerviosos, malhumorados, protesten con más facilidad y tengan más conflictos con los otros miembros de la familia. Además, habrá un mayor desorden y desorganización que provocará que, a menudo, se acabe alzando la voz porque nadie hace lo que estaba establecido.

Las primeras rutinas que aprenden los niños están relacionadas con el sueño y la alimentación y, poco a poco, van adquiriendo otras muchas necesarias para conseguir una buena convivencia. Los menores que vayan adquiriendo estas rutinas serán más organizados, perseverantes y autónomos, mostrarán más curiosidad por descubrir su entorno y tendrán más disposición para valorar las cosas y el trabajo de los demás y ser responsables y agradecidos.

En casa, no se trata de establecer rutinas inflexibles e impuestas por los padres, sino hacer partícipes a mayores y pequeños en la planificación, haciéndoles sentir que pertenecen y contribuyen en el buen funcionamiento de la dinámica familiar. Demasiadas tareas obligatorias pueden crear aburrimiento y aversión a colaborar.

Cada familia deberá concretar sus hábitos para las comidas, crear horarios para respetar las horas de descanso, establecer tiempo para la higiene personal, el ocio y el estudio. Cada actividad deberá efectuarse en un lugar determinado y tener un tiempo de dedicación. Cuanto mejor se entienden las tareas, mejor se ejecutarán.

¿Cómo podemos conseguir que los niños adquieran unas buenas rutinas?

  1. Explicándoles con grandes dosis de afecto y paciencia la importancia que tienen las rutinas en el día a día y todos los valores positivos que aportan en la familia: cooperación, corresponsabilidad, respeto, perseverancia o esfuerzo, entre otros.
  2. Diseñando junto a ellos una tabla de rutinas con un orden lógico que, mediante su observación, les ayude a saber qué actividades deben ir encadenando sin ser necesario que se les tenga que recordar constantemente qué deben hacer y en qué orden. Antes de iniciar la tabla, los padres se tienen que asegurar que los niños y los adolescentes entienden perfectamente en qué consiste cada tarea y saben cómo realizarla. Recurrir a soportes visuales con imágenes les facilitará la comprensión, por ejemplo.
  3. A medida que los niños vayan creciendo estas tablas de rutinas deberán ir modificándose para que puedan adaptarse a las nuevas necesidades que vayan surgiendo. No serán igual las que lleve a cabo un niño de 6 años que un joven de 12.
  4. Los progenitores deben ser muy constantes y pacientes para conseguir que sus hijos vayan interiorizando las rutinas. En el caso de que no las cumplan se les debe recordar con cariño y empatía cuáles eran los compromisos a los que se había llegado y establecer las consecuencias lógicas y naturales a esa falta de compromiso. De esta manera, acrecentarán la virtud de ser perseverantes y responsables y mostrarán más disposición para aceptar los límites.
  5. Los padres no pueden olvidar que los niños aprenden a través del ejemplo. Por este motivo, ellos tendrían que ser el mejor modelo que puedan tener a la hora de realizar sus propias rutinas de sueño, alimentación, higiene o trabajo sin olvidar que sus hijos les observan constantemente.

Los primeros años de vida son el momento ideal para que los niños y los jóvenes vayan adquiriendo una serie de hábitos que les serán muy útiles para el resto de su vida. Gracias a ellos adquirirán destrezas y aprendizajes que les van a ser imprescindibles para poder hacer frente a los retos que les planteará la vida a diario. Como decía el psiquiatra y educador austriaco R. Dreikurs: “La rutina diaria es para los niños lo que las paredes son para una casa, les da fronteras y dimensión a la vida”.

*Sonia López es maestra, psicopedagoga y divulgadora educativa. Madre de dos adolescentes.

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