Harry Pater
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

‘Bob el constructor’: la fascinación de los niños por las obras

Mi hijo pequeño es feliz viendo a los obreros trabajar y se vuelve loco cuando la excavadora arrasa con todo, ¿solo le pasa él?

'Bob el constructor' es una serie animada de la televisión británica educativa para niños sobre un constructor y sus amigos.
'Bob el constructor' es una serie animada de la televisión británica educativa para niños sobre un constructor y sus amigos.

Mi hijo pequeño se ha convertido en un jubilado. Y no porque reciba ninguna pensión, que ya nos iría bien para pagar la escuela infantil. Es un jubilado de espíritu porque se ha vuelto adicto a contemplar las obras de la calle. Durante años me fascinó el éxito de una serie de animación llamada Bob el constructor, que por el título ya podéis intuir que no va de gladiadores. También me intrigaba la exposición constante de tantos vehículos de construcción que se vendían en jugueterías.

A ver, es ampliamente conocida la fascinación infantil por los vehículos que se mueven. Todo niño en alguna etapa señala con ilusión desmesurada y gritos al mismo nivel un autobús o un camión cuando los ven pasar. Y si es un coche de policía o de bomberos con la sirena en marcha ya entran en éxtasis. Pero para mí, que crecí siendo fan de los Masters del universo y de Las tortugas ninja, la duda era recurrente: ¿quién preferiría una excavadora a un dirigible lleno de tortugas adolescentes, mutantes y ninja, un caballo metálico con armas láser o una nave espacial que luche contra el Imperio? Pues, por lo que se ve, muchísimos niños en todo el planeta.

Los menores saben que con una excavadora se puede destruir mucho de manera realista y asumible. Y, tal como están las ciudades, es una profesión de presente y futuro. A mi hijo no solo le gusta ver las obras, es que le relaja. Los días que no tiene ganas de ir a la escuela infantil nos pide dar un paseo para verlas y él mismo se sube al cochecito con ansias para arrancar antes. Y después de supervisar varias calles, ya tiene ánimos para ir a jugar con sus amigos.

No somos los únicos. Nos paramos ante las obras y matamos el rato igual que otros padres. Ya solo falta poner un chiringuito con snacks. De normal, los obreros nos ignoran, sin sonreír ni saludar, porque igual piensan que el bebé es una tapadera y en verdad soy un inspector de urbanismo. O porque están trabajando y molestamos. Yo les sonrío con una cierta angustia, esperando que ninguna piedra saltarina nos obligue a ir a urgencias.

No sé cuánto les ha durado a vuestros críos esta fase de voyeurs de la construcción, pero con la ciudad patas arriba y los planes de reformas que durarán años mi pequeño tiene material para rato. De momento somos felices con este espectáculo callejero gratuito, y encima no tenemos que hacer ni cola. Eso sí, en plan fantasma de Dickens, uno de los operarios nos advirtió un día mirando al niño: “Que estudie, que cuando eres muy pequeño esto es bonito, pero después…”. Yo le apoyaré en cualquier pasión laboral que tenga, pero mi miedo como autónomo es que de mayor acabe conduciendo una excavadora… y se quiera llevar trabajo a casa.

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