Vidas tras la frontera

La crisis migratoria de Ceuta y Canarias, explicada a través de sus protagonistas

Migrantes sin hogar tras cruzar la frontera de Ceuta desde Marruecos el pasado 23 de mayo de 2021. / Javier Bauluz
Migrantes sin hogar tras cruzar la frontera de Ceuta desde Marruecos el pasado 23 de mayo de 2021. / Javier Bauluz
Escuela de Periodismo
Ceuta / Las Palmas de Gran Canaria -

Cada año, miles de personas abandonan su lugar de origen en busca de un nuevo futuro. Sus motivos son distintos, pero su objetivo es común: alcanzar la costa española y empezar de cero. Muchos lo logran, pero otros se quedan en el camino. Migrantes llegados a Ceuta y a las Islas Canarias en este último año relatan sus historias.

1. Huir para vivir

El 17 de mayo de 2021 se produjo una entrada masiva de migrantes en España a través de la frontera de Ceuta con Marruecos. En apenas 48 horas, cerca de 10.000 personas se desplegaron por una ciudad de 85.000 habitantes ante la pasividad de las autoridades marroquíes. De entre todos los motivos posibles por los que alguien se ve obligado a dejar su país, Ryan (21 años), Fayçal (28) y Bader (24) lo hicieron por su condición sexual. En Marruecos, la homosexualidad está penada con hasta tres años de cárcel.

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Fayçal y Bader, amigos desde la infancia, se alojan en las naves reacondicionadas del Tarajal (Ceuta). Allí viven en los espacios destinados a familias, mujeres y niños. No pueden dormir con el resto de personas que llegaron con ellos porque muchos son los mismos de los que huyeron. Ryan vive escondido en un coche desde que cruzó la frontera porque tiene miedo.

Los tres han solicitado protección internacional y cumplen con el requisito de pertenecer a un colectivo vulnerable. Si prospera su petición, llegarán a la Península y no podrán ser devueltos. No tienen ninguna intención de volver a casa.

2. Al tercer intento

Wissal y Wissam, hermanas gemelas marroquíes de 21 años, consiguieron cruzar a nado la frontera entre Ceuta y Marruecos el pasado 19 de mayo con el objetivo de reencontrarse con su madre. Su hermano pequeño fue violado, cuando tan solo tenía dos años, por el padre de la dueña de su guardería. La policía marroquí consideró que las pruebas y los certificados médicos eran insuficientes, y la familia del acusado comenzó a amenazarlos. La madre decidió huir a Barcelona con su hijo. Las gemelas, sin pasaporte en regla, no pudieron viajar con ellos. Desde entonces, han pasado ya tres años.

A través de Facebook descubrieron que la policía marroquí estaba permitiendo el tránsito de personas en la frontera, pese a estar cerrada. Era su tercer intento y decidieron tirarse al mar. Un Guardia Civil las ayudó y les indicó qué hacer para no ser devueltas. Tras varios contratiempos y meses de espera, consiguieron entrar en el Centro de Estancia Temporal para Inmigrantes (CETI) de Ceuta. Allí tampoco son fáciles las cosas. Son solicitantes de asilo.

3. En busca de la legalidad

Achraf (Marruecos, 18 años) estuvo en el mar, a la deriva, más de 15 días. Durante el trayecto, muchas de las personas que iban con él en la patera perdieron la vida, entre ellos, su mejor amigo. El motor se rompió y se quedaron sin agua y sin comida. Ahora lleva ocho meses en Gran Canaria, donde construye un nuevo futuro, una nueva vida alejada de su hogar. Sin embargo, cuando lo recuerda, sus ojos siguen transmitiendo el dolor que sintió en aquellas dos semanas. Cerca de 15.000 personas han llegado en las costas españolas de forma irregular. Más de 7.000 lo han hecho a través de la ruta canaria, casi 5.000 más que en 2020.

Otra de las muchas personas que se han visto obligadas a huir de su país es Abdelmoula. Llegó desde Marruecos en patera hace 11 meses junto a su hijo de 14 años, Yassen. Cuando pisaron la costa de Gran Canaria les separaron. A él lo mandaron a un hotel y al menor a un centro. A pesar de los meses tan duros que llevan a la espalda, por fin han sido reconocidos como una unidad familiar tras una prueba de ADN. Hoy sonríe y cuenta que está dispuesto a salir adelante: “Ya se ha cumplido mi primer sueño, encontrarme con mi hijo. Ahora me falta el segundo, llegar a la Península para trabajar y luchar por mi familia”.

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