Leydy Pech: la abeja reina de una colmena maya contra los transgénicos de Monsanto en México

La activista ha recibido el Premio Goldman de medio ambiente 2020, conocido como el “Nobel de Medio ambiente”

Leydy Araceli Pech, una indígena maya mexicana, ganó el premio Goldman 2020. FOTO: CUARTOSCURO | VIDEO: FUNDACIÓN GOLDMAN

En la lengua maya no existe una palabra para definir a los organismos transgénicos. Es un concepto ajeno a la naturaleza con la que este pueblo mesoamericano ha convivido por varios siglos. En 2012, cuando Monsanto (hoy propiedad de Bayer), comenzó con sembradíos a gran escala de soya transgénica en la península de Yucatán, al sureste de México, las comunidades indígenas tuvieron que agregar estas palabras a su imaginario.

Una apicultora indígena que aprendió el oficio de su abuela vio cómo sus abejas iban muriendo y poco a poco el agua y los recursos de su comunidad se vieron contaminados. Por eso tuvo que aprender y comunicar a sus compañeros en Campeche cómo una gran empresa estaba acabando con el ecosistema de su territorio. “Las acciones de la siembra de soja transgénica afectó nuestros medios de vida”, dice en entrevista Leydy Araceli Pech Marín (Hopelchén, Campeche, 1965).

Ocho años más tarde, Pech, mejor conocida “la guardiana de las abejas”, ha sido condecorada con el Premio Goldman, conocido como el Nobel de medio ambiente a nivel mundial. Pech es la primera mujer indígena en ser reconocida por la fundación desde que se entrega el premio, hace 30 años.

Aunque es la líder del proyecto que le revocó el permiso de sembrar semillas genéticamente modificadas a Monsanto, ella se considera a sí misma como un miembro más de una colmena como las que se dedica a conservar. “Las abejitas así somos: importantes en una lucha: hombres, mujeres, jóvenes, cada quien hace lo que le toca”, dice a EL PAÍS.

En noviembre de 2015, como respuesta a la demanda encabezada por Pech, la Corte Suprema mexicana dictaminó que el Gobierno debía realizar consultas previas en las comunidades indígenas antes de sembrar semillas modificadas genéticamente. En 2017, el Gobierno revocó el permiso que tenía Monsanto en siete Estados, incluidos Campeche y Yucatán. “De nada sirve trabajar en que se haga una consulta si al final no va a ser respetada”, reflexiona la activista cinco años después de la resolución.

A sus 55 años, Pech ha enfocado sus esfuerzos en una especie de abeja nativa, la Melipona beecheii. “Ancestralmente, el pueblo maya ha tenido una relación con las abejas xunán kab (abejas silvestres) que han estado milenariamente en la península y que se han ido desplazando con los cultivos” relata.

Además de ser parte de su cultura, la apicultura es el modo en que miles de familias mayas se ganan la vida. México es el sexto productor de miel a nivel mundial, y el 40% de la producción nacional de miel proviene de la península de Yucatán. En el Estado natal de Pech, alrededor de 25.000 hogares dependen de la producción de miel como su medio de vida. “Nosotros tenemos una manera distinta de ver el desarrollo y de aprovechar los recursos naturales, y nos permite cuidar la naturaleza como lo hicieron nuestros antepasados”, dice la guardiana de las abejas.

Los cultivos transgénicos no son los únicos que amenazan la supervivencia de las abejas de los apicultores de la región. El proyecto del Tren Maya, que costará entre 120.000 y 150.000 millones de pesos (de 6.200 a 7.800 millones de dólares), tendrá una estación en Campeche y puede acabar con el ecosistema que los indígenas han defendido. “Es un proyecto más que se suma a las afectaciones que estamos defendiendo”, dice Pech.

Hasta el momento, el único dato oficial para conocer el apoyo popular a este megaproyecto es resultado de la consulta organizada por el Gobierno en diciembre de 2019, según la cual el 92% de la población quiere la llegada del ferrocarril. Para Pech, esto no es concluyente. “No se ha podido legitimar de acuerdo a la libre determinación de los pueblos indígenas”, señala.

Por su origen indígena, Pech ha sido objeto de discriminación a lo largo de su lucha. “Al verla en persona después de su victoria en los tribunales, un abogado de Monsanto comentó que no podía creer que esta pequeña mujer les hubiera derrotado”, destaca el equipo de comunicación del Premio Goldman.

Aunque parece que esta activista es la abeja reina que habla por una comunidad apícola, Pech cree que su voz solo es parte de una colmena. “Así funciona: todo tiene que estar en un equilibrio, en un entramado y alguien tenía que salir a poner la voz”, dice. Hoy ella es la abeja reina de la colmena maya. Lo importante, dice, es respetar las formas de vida y seguir creciendo.

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