“La polarización en México está siendo aderezada con un peligroso componente de intolerancia”

El presidente de la autoridad electoral habla de los retos de cara a los comicios del 6 de junio, donde se votarán 15 gubernaturas y la Cámara de Diputados

El presidente del Instituto Nacional Electoral, Lorenzo Córdova, tras la entrevista.
El presidente del Instituto Nacional Electoral, Lorenzo Córdova, tras la entrevista.INE

Lorenzo Córdova (Ciudad de México, 1972) organiza sus últimas elecciones como consejero presidente del Instituto Nacional Electoral (INE). El politólogo, uno de los 11 integrantes de la autoridad electoral, la preside desde 2014 y finaliza su encargo en 2023. El reto que encara con los comicios del 6 de junio es mayúsculo. México renovará la Cámara de Diputados, 15 gubernaturas, 30 congresos locales y más de 1.900 alcaldías. La última prueba será una con nuevos obstáculos. Entre ellos el poder omnímodo del presidente Andrés Manuel López Obrador, que en más de dos años de mandato ha demostrado su afición por cargar contra órganos autónomos como el que encabeza Córdova.

Morena, el partido en el Gobierno, busca mantener la mayoría en el Congreso y ampliar su presencia territorial. La oposición, organizada bajo una inédita alianza, se ha fijado arrebatar el control de la cámara legislativa. El ambiente político comienza a encenderse con críticas al árbitro electoral. El INE ha ordenado recientemente al Ejecutivo suspender desde el mes de abril la reproducción íntegra en los medios de las conferencias matutinas del presidente para vigilar la equidad de la contienda. López Obrador acusa censura en esta decisión. Sus simpatizantes han puesto al instituto en el centro de la diana. Córdova asegura que el organismo ha levantado la mano a quien ha ganado las elecciones en 2015 y 2018. “Lo volveremos a hacer en 2021. Todas las fuerzas políticas se han beneficiado del arbitraje del INE”, afirma.

Pregunta. ¿Cómo imagina las elecciones más grandes de la historia en México en plena pandemia?

Respuesta. Son elecciones inéditas. Las más grandes, pero también las más complejas. Son las más grandes por el número potencial de electores, 93 millones. Esto es 3,5 millones más de quienes pudieron ejercer el voto en 2018. Se disputarán casi 21.000 cargos. Nunca antes había ocurrido eso. Son las más complejas por dos razones, porque la pandemia nos impone medidas y protocolos sanitarios para todas las actividades de campo. La otra razón de esta complejidad es el ambiente político. No es un ambiente exclusivo de nuestro país. Es natural que durante las elecciones exista una mayor polarización. Las campañas son eso, espacios de confrontación diseñados para que las opciones se contrasten. También es cierto que esa polarización, en México y en el mundo —es un problema global— está siendo aderezada de un peligroso componente de intolerancia en donde al adversario se le tilda de enemigo que hay que combatir y destruir. Esto coloca al árbitro electoral en una situación de vulnerabilidad.

P. ¿Se puede rebajar la tensión rumbo a las elecciones?

R. Son momentos de mucha responsabilidad por parte de los actores políticos que implican asumir la debilidad intrínseca de los modelos democráticos. Por eso hay que cuidarlos. Sobre todo el compromiso con las reglas del juego que nos hemos dado. No son reglas novedosas, son bien conocidas por todos. Datan de 2014. Desde entonces, el INE ha organizado 200 elecciones. Cuatro federales y 196 locales. Contrasta con lo que el IFE [el Instituto Federal Electoral, precursor del INE] hizo en su momento, que fueron 18 elecciones federales. Son reglas que han permitido el mayor índice de alternancia de la historia. Pongo un ejemplo: de 36 elecciones de gobernador en 23 ha habido alternancia. No hay una sola fuerza política que haya sido beneficiaria única. Eso habla de que son reglas donde lo que cuenta es el voto del elector. El voto del ciudadano no es solo un mecanismo para ungir. Es también un mecanismo auténtico de rendición de cuentas que sirve para premiar o castigar las buenas o malas acciones de gobierno. Esto debería llevar a los actores políticos a un recordatorio: en democracia nadie gana todo y nadie pierde todo en una elección.

P. Habla del papel neutral del árbitro electoral, pero el bando que simpatiza con el Gobierno afirma que usted se ha decantado por la oposición.

R. No es todo un bando. Depende de las decisiones. En los últimos meses, cuando tomamos decisiones en el INE a propósito de los nuevos partidos políticos había quienes podías ubicar en el otro bando que también nos criticaron. Me gusta citar a Eduardo Galeano para entender el rol del INE. En un libro sobre el fútbol dice que el árbitro está condenado a quedar mal con todos. Con quien gana porque siempre afirma que ganó a pesar del árbitro y con quien pierde porque perdió por culpa del árbitro.

Partiendo de que hay un bando en el Gobierno y otro en la oposición —lo que no significa reducir toda la pluralidad en el país pues tenemos ni más ni menos que 10 partidos políticos— hay sectores dentro de ambos que nos acusan de sesgo y parcialidad. Es muy importante que el INE no caiga en el juego de la polarización. Es un momento muy delicado para tratar de no caer en la provocación que desde los bandos, quizá uno más que el otro, están tratando de tenderle como trampa. No quisiera pensar que todos estos intentos sean parte de una estrategia para construir narrativas que puedan echarse a andar después de las elecciones dependiendo de los resultados. No quisiera pensar, aunque ha ocurrido en el pasado, que detrás de estos intentos de descalificación se esconde el propósito de decir: “ya ven, se los dije, esta elección fue inequitativa desde el principio”.

P. ¿Es el presidente López Obrador un factor de riesgo para la elección?

R. Todo funcionario público que no cumpla con los mandatos de la Constitución en materia electoral puede acabar siendo un factor disruptivo. Ya lo vivimos. Nuestras reglas electorales son la respuesta a eso. Todo el mundo tiene claro las filias y fobias de un presidente o de un gobernador. Nuestra Constitución establece que los funcionarios no pueden desviar recursos para favorecer a una fuerza política ni intervenir con sus dichos el principio de imparcialidad que rige desde hace 13 años. Los cambios, vigentes desde 2007 responden a un activismo imprudente de Vicente Fox que provocó una crisis postelectoral después de las elecciones de 2006. Estas reglas se han aplicado en cuatro procesos federales y en tres gobiernos provenientes de fuerzas políticas diferentes. Por eso es importante, dado que son las reglas vigentes, tengan plena vigencia hoy. Y que todos los funcionarios públicos, incluyendo al presidente, se apeguen a las reglas del juego.

P. ¿Se puede castigar al presidente si rompe estas reglas?

R. Las mañaneras, per se, no son ningún factor de riesgo. Siempre y cuando se ajusten a las reglas vigentes. Estas reglas establecen que con el arranque de las campañas las mañaneras no se pueden transmitir de forma íntegra en los medios de los Estados donde haya elecciones. Las conferencias del presidente se suspendieron en los seis estados donde hubo campañas en 2019 y en los dos del año pasado. No debe llamar a sorpresa. Esto no quiere decir que las mañaneras no se puedan hacer y que los medios no puedan informar sobre ellas. Pueden tomar dichos, expresiones y segmentos cuando tengan interés noticioso. En las mañaneras y en cualquier otra declaración el presidente o los gobernadores no pueden realizar pronunciamientos respecto de las elecciones que puedan incidir a favor o en contra de alguien. Yo confiaría en que esto se respetara. Si esto no ocurre así el INE tendrá que iniciar procedimientos y emitir medidas cautelares. Confío en no llegar a estos extremos.

P. ¿Está el INE en riesgo si Morena revalida su mayoría en el Congreso?

R. No lo creo. Será probable que, pase lo que pase, y hasta sería pertinente, haya una reforma electoral. Tenemos seis años de la última reforma y las reglas deben revisarse, no refundarse. Sí se debe exorcizar que alguna fuerza política haga reglas a modo. Si algo ha caracterizado las reformas pasadas es que estas han sido producto de un máximo consenso. Quien gane los escaños no será para el INE un antagonista, sino un interlocutor.

P. ¿Es el INE anti mayorías desde su origen?

R. Todos los organismos autónomos constitucionales son órganos de control del poder. Que el poder de las mayorías esté acotado, limitado, vigilado y regulado no es otra cosa más que concretar uno de los principios de la democracia. El INE no es solamente un organizador de elecciones, sino que revisa y regula al poder político. Por eso la función del INE es compleja y no necesariamente bien vista.

P. ¿Qué diría a los críticos que lo acusan de no ser neutral por sus señalamientos ante el populismo y la amenaza de los organismos autónomos?

R. Nunca he identificado o personificado las advertencias que como autoridad electoral estoy obligado a hacer sobre los riesgos de los sistemas democráticos. Quien pretenda ponerse el saco… pues es una cosa que yo no he hecho. Todas estas posiciones han respondido a una trayectoria profesional y pública consistente. No he dicho nada que no haya dicho desde que entré al servicio público.

Sobre la firma

Luis Pablo Beauregard

Es uno de los corresponsales de EL PAÍS en EE UU, donde cubre migración, cambio climático, cultura y política. Antes se desempeñó como redactor jefe del diario en la redacción de Ciudad de México, de donde es originario. Estudió Comunicación en la Universidad Iberoamericana y el Máster de Periodismo de EL PAÍS. Vive en Los Ángeles, California.

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