Las salas de cines de México agonizan ante la falta de claridad sobre la reapertura en la pandemia

Las estrictas restricciones, la falta de contenido, y las deudas amenazan con el cierre definitivo de los centros cinematográficos que acumulan meses sin actividad

Una sala de cine medio vacía en la Ciudad de México en agosto de 2020.
Una sala de cine medio vacía en la Ciudad de México en agosto de 2020.Mario Jasso (Cuartoscuro)

Los escalones frente a la enorme fachada gris y naranja del Cinemex de Tláhuac, al sur de Ciudad de México, han dejado de oler a palomitas. Las colas para comprar boletos que una vez colmaron este lugar son solo un recuerdo de la prepandemia de Marcos Martín López Hernández, quien hasta hace dos meses trabajaba para el segundo exhibidor más importante de México. La primera ola del coronavirus en México cerró los cines y cuando pudieron volver a abrir tras el respiro que permitió el virus en verano, solo le contrataron por media jornada. Desde entonces, ha tenido que compaginar su vida laboral con un segundo trabajo en un restaurante para mantener unos ingresos suficientes.

Más del 55 % de los cines mexicanos permanecen cerrados y los usuarios alimentan las redes sociales con las sospechas de cierres definitivos en Estados como Puebla o Veracruz. “No nos han dado ninguna instrucción para saber cuándo vamos a regresar”, lamenta Hernández. Pese a que la capital ha vuelto a semáforo naranja con persianas levantadas en centros comerciales, gimnasios y restaurantes, las salas de cine siguen sin una fecha concreta para volver a proyectar.

Hernández llevaba tres años trabajando para Cinemex cuando el pasado 18 de diciembre, cuando el Gobierno de la capital anunció la vuelta atrás al nivel más alto de riesgo epidemiológico, el semáforo rojo. Aquella jornada le anunciaron que ese sería su último día. “Ya se veía que cerraría el cine. Nos avisaron que cerraríamos, que no habría paga y que solo el personal de limpieza y algunos gerentes seguirían laborando”, recuerda. La Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica (Canacine) estima que aproximadamente 150.000 empleos indirectos dependen de esta industria, que alimenta a 50.000 familias mexicanas de forma directa. Sin embargo, solo 21 de las 32 entidades federativas cuentan con autorización para permitir la actividad de los cines, según informó la Cámara a la agencia EFE.

México es uno de los países que más va al cine. Sin embargo, el golpe de la pandemia se tradujo en un desplome en la venta de boletos y palomitas con una reducción del 80% de los ingresos en taquilla en 2020, un total de 417 millones de pesos (20,85 millones de dólares). El año anterior se habían alcanzado los 1.707 millones (algo más de 85 millones de dólares), según las estadísticas de Canacine. En 2019 se vendieron un total de 335 millones de boletos, la cifra más alta hasta entonces. Sin embargo, en 2020 fueron apenas 62 millones.

La sospecha del cierre definitivo de algunas salas se expandió recientemente por las redes sociales cuando varios usuarios reportaron que ya no era posible comprar entradas en Cinemex con fecha posterior al 12 de febrero. Actualmente, la página web para comprar los boletos ya no permite acceder a la taquilla virtual. EL PAÍS solicitó en reiteradas ocasiones información a la empresa sin obtener respuesta.

Un trabajador del área corporativa de Cinemex asegura que la decisión de cerrar 145 salas se tomó a principios de febrero. “Convocaron una junta virtual del área de finanzas para darnos la información de que los cines se van a cerrar pues es más caro mantenerlos abiertos, además de que no hay producto para vender pues los proveedores no han querido entregarlo por falta de pagos”, detalla a cambio de permanecer bajo anonimato por miedo a represalias. Al igual que Hernández, los trabajadores no perciben sueldo ni tienen perspectivas de poder volver pronto a sus puestos. Los empleados de Alboa, la cadena de restaurantes de entretenimiento con boliche y juegos, propiedad de Cinemex, corren la misma suerte.

En respuesta a la preocupación de los usuarios, Cinépolis, la cadena líder del sector, tranquilizó a su público sobre los rumores de quiebra. “Por el momento, Cinépolis mantendrá abiertas sus puertas en aquellos lugares donde las autoridades lo permitan”, anunciaron en un comunicado. La empresa competidora de Cinemex se solidarizó con su rival y reconoció que los trabajadores de la industria están “enfrentando grandes retos y tomando decisiones muy difíciles con el único objetivo de sobrevivir”.

La crisis económica derivada de la pandemia ha empujado a varios colectivos empresariales a exigir autorización para abrir con medidas sanitarias. A diferencia del cine, el sector restaurantero, que se vio obligado a bajar la persiana nuevamente con el semáforo rojo, consiguió negociar con el Gobierno de Ciudad de México la apertura de sus locales al aire libre pese a que el resto de la capital seguía clausurada. El pasado viernes, la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, anunció la vuelta al semáforo naranja tras superar el pico de la pandemia y volver a un 68% de ocupación hospitalaria tras alcanzar el 90% en enero. Los centros comerciales, iglesias, gimnasios y pequeñas tiendas pueden volver a abrir, pero los cines “deberán esperar”.

Canacine insiste en que varios estudios demuestran que las salas de proyección son seguras en una pandemia. “Evidencia científica demuestra que los lugares cerrados con más probabilidad de contagio de covid-19 son aquellos donde se habla, grita y canta. En los cines no se habla, por eso los cines no son centros de contagio”, puntualizaban en sus redes sociales la cámara de la industria. Además, añaden que de todos los casos de contagios masivos estudiados por las autoridades no se ha detectado ninguno en una sala de proyecciones. Aun así, Sheinbaum no se ha pronunciado sobre los detalles de su conversación con los representantes de las salas para negociar una reapertura.

Mientras tanto, Hernández busca otro trabajo. Antes de la pandemia ganaba 2.300 pesos a la quincena (230 dólares al mes). Los pocos meses que retomó su trabajo durante el verano antes de la segunda ola solo le ofrecieron media jornada por 1.200 pesos cada dos semanas (120 dólares al mes), razón por la que muchos compañeros suyos renunciaron. Aun así, asegura que es de los afortunados que tiene otro trabajo con el que mantenerse. “No me afecta tanto, pero recuerdo que uno de mis compañeros iba a tener un bebé y su única forma de ingreso era Cinemex”, detalla. Aunque el retroceso de la pandemia permita volver al cine, cree los rodajes paralizados en Hollywood no motivarán al público a visitar las grandes pantallas. “Regresaremos, pero habrá poca gente que quiera asistir al cine porque no hay estrenos”, sentencia.

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