La controvertida llamada al fiscal general Alejandro Gertz de su familia política

La familia de Alejandra Cuevas, en un intento de sacar a la mujer de la cárcel, grabó a escondidas una conversación con el procurador. Este es su contenido

Alejandro Gertz y Laura Morán, pareja de su hermano.
Alejandro Gertz y Laura Morán, pareja de su hermano.

El 26 de noviembre de 2020, Ana Paula Castillo hizo lo que había evitado en casi dos meses: llamar al fiscal general de la República, Alejandro Gertz Manero. Su madre, Alejandra Cuevas, cumplía 40 días en prisión y ella no veía más opción que tratar el asunto directamente con él. Cuevas, de 67 años, estaba acusada del asesinato de su padrastro, Federico Gertz, hermano del fiscal. El propio Alejandro Gertz la había denunciado, junto a su madre y su hermana, años atrás.

Este lunes, EL PAÍS ha informado de que la familia política de Gertz acusa al fiscal de haberlos embarcado en una negociación para la liberación de Alejandra Cuevas. Según su versión, el máximo procurador usó una red de intermediarios para hacerles llegar una serie de peticiones, entre ellas un cheque por tres millones y medio de pesos, dinero que el fiscal reclamaba como parte de la herencia que su hermano le había dejado a su muerte. Según la familia de Cuevas, la llamada, grabada a escondidas del fiscal, era el último recurso para liberar a su madre. Para el máximo procurador, que apenas la semana pasada supo que le grabaron, se trata de una artimaña más de su familia política: “Ellos están haciendo un litigio mediático para justificar un problema de carácter procesal, por la responsabilidad penal de su mamá (...) Están tratando de establecer, a través de un conducto mediático, que existe una serie de negociaciones en las que yo estoy asentando una serie de bienes que ellos vieron, lo cual es una absoluta y total mentira”. En la llamada en ningún momento se habla del pago del cheque ni se alude a una negociación económica. La acusada aún permanece en prisión.

El origen de la disputa data de hace cinco años, cuando murió Federico Gertz. El hermano del actual fiscal falleció en septiembre de 2015, después de varias semanas de enfermedad. En los últimos meses su “deterioro neurológico” había sido importante, según la declaración de la que fue su pareja, Laura Morán, e informes médicos de los que EL PAÍS tiene copia. A principios de agosto, Morán le llevó a dos geriatras, que le recetaron antipsicóticos, medicamentos que le postraron en la cama. Federico Gertz había perdido también capacidad motriz. Ese mes contrajo además neumonía, dolencia que empeoró con el paso de las semanas.

A finales de agosto, después de una llamada de Morán alertando de su mal estado de salud, Alejandro Gertz mandó a sus propios médicos, que detectaron desnutrición y deshidratación en el enfermo, además de una úlcera en la espalda por la cantidad de tiempo que estaba tumbado. El 29 de ese mes forzó incluso su traslado al hospital, decisión que su familia política rechazaba. Fue entonces cuando el futuro fiscal denunció a Morán y sus hijas. Decía que no le estaban atendiendo bien, afirmación que sustentó en los informes de sus médicos. La familia siempre ha defendido que lo cuidaron lo mejor que pudieron. Incluso, señalan, tenía un enfermero con él las 24 horas del día. En el hospital, Federico Gertz apenas aguantó unas semanas más. Al final sufrió un infarto de miocardio y todos sus órganos colapsaron. Falleció el 27 de septiembre.

A lo largo de los años, los fiscales desestimaron la denuncia por homicidio. Gertz, que en 2015 era el rector de la Universidad de las Américas, criticó en los medios las influencias de su familia política: una de las hijas de Laura Morán, la pareja de su hermano, es la suegra de Alfredo Del Mazo, que entonces preparaba su candidatura al Gobierno del Estado de México. Con el tiempo, Gertz se convertiría en fiscal y Del Mazo en gobernador. Con el tiempo también, la Fiscalía de Ciudad de México cambió de parecer y procedió contra las denunciadas.

Según los hijos de Cuevas, la llamada de Castillo con el fiscal cerraba semanas de vértigo. En septiembre de 2020, la Fiscalía de Ciudad de México, que por dos ocasiones había desestimado los señalamientos de Gertz, procedía finalmente contra Alejandra Cuevas y su madre, Laura Morán, que entonces contaba ya 93 años. Las acusaron del asesinato por omisión de cuidados de Federico Gertz. En su escrito, los fiscales eliminaron el nombre de la otra hija de Morán, Laura Cuevas, la suegra de Del Mazo. Alegaron que en su caso había que seguir investigando. También en septiembre, el abogado que había llevado su caso desde el principio abandonó la defensa. Ya en octubre, una juez ordenó la detención de madre e hija. Finalmente, el 16 de ese mes, agentes de la fiscalía detuvieron a Alejandra Cuevas en la capital.

De acuerdo a los hijos de Cuevas, la negociación descarriló a finales de noviembre de 2020. Siempre según su versión, ellos entregaron el cheque a Gertz y accedieron al resto de peticiones, pero su madre no salía de prisión. Fue entonces cuando Castillo llamó al fiscal. La mujer grabó al máximo procurador sin su consentimiento. En la llamada, de la que EL PAÍS tiene copia, Castillo implora a Gertz por su madre.

En entrevista con EL PAÍS, Gertz niega tajantemente que haya negociado con su familia política la liberación de Cuevas. “Ellos están tratando de establecer que existió una negociación entre mi persona y ellos para poder salvar el caso de su madre, que está en la cárcel por haber cometido un delito”, asegura el fiscal.

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La supuesta red de intermediarios

Según los hijos de Cuevas, una supuesta red de intermediarios les hizo saber en septiembre pasado que la única manera de evitar la detención de su madre y luego, una vez detenida, de sacarla de prisión, consistía en acceder a una serie de peticiones de Gertz. Los dos personajes principales de esta red eran Fernando Díaz, esposo de una prima de Castillo, y Alfredo Del Mazo, gobernador del Estado de México y cuñado de Díaz. Con Gertz en la Fiscalía General de la República (FGR), Del Mazo se había visto envuelto en la negociación.

Entre octubre y noviembre, Castillo y sus hermanos sostuvieron más de una docena de conversaciones con Díaz. A veces por teléfono y otras en persona, Díaz, que había ejercido durante años como director jurídico de BBVA, les hacía llegar las peticiones de Gertz. Desde la primera conversación, Díaz les dijo a los hermanos que Del Mazo era el que hablaba con Gertz y que luego el gobernador le comunicaba a él el resultado de la conversación. EL PAÍS cuenta con registros de las charlas entre Díaz y los hermanos. Este diario se ha puesto en contacto con Díaz, quien pidió que se le mandaran las preguntas por correo electrónico, pues iba a salir de vacaciones. Después de seis días y otros tantos mensajes, Díaz no ha contestado el correo.

Según Castillo, las peticiones de Gertz llegaron por rondas. Primero, el fiscal pidió a través de sus intermediarios una serie de efectos personales de Federico Gertz. Luego, reclamó obras de arte que su hermano había custodiado en vida, pero que ahora reclamaba como parte del patrimonio familiar. Finalmente, explica Castillo, pidió un cheque a su nombre por tres millones y medio de pesos, misma cantidad que Laura Morán había transferido en 2015 a sus hijas, de unas cuentas “mancomunadas” que tenía con Federico Gertz, como ya informó EL PAÍS.

Laura Morán, de 93 años, en su casa, en Lomas de Tecamachalco, Estado de México.
Laura Morán, de 93 años, en su casa, en Lomas de Tecamachalco, Estado de México. Nayeli Cruz

Castillo cuenta que las entregas, lejos de solucionar el asunto, parecían embarrarlo más. Habían depositado toda su confianza en los mensajes que les habían hecho llegar sus intermediarios, pero después de varias semanas su madre seguía en la cárcel. A finales de noviembre, los hermanos obviaron la red de intermediarios y acudieron directamente al fiscal. Castillo cuenta que decidieron grabar la llamada para tener “evidencia” de cualquier cosa que dijera. Este hecho fue ocultado al fiscal.

En la llamada, el fiscal se lamenta de lo ocurrido tras la muerte de su hermano: “Bueno, en fin… Que hayamos tenido que recuperar lo que estuvieron sacando de las oficinas de mi hermano y las cuentas que le vaciaron… No es nada más la muerte de mi hermano”. Gertz señala también que Del Mazo estaba al tanto. “Voy a tratar de que esto se acabe para ustedes (...) Yo ya le había dicho al gobernador que nosotros no tenemos un espíritu de venganza”, afirma.

Castillo, pese a la importancia que ahora le da al cheque y a las obras de arte, no habla de ello en la conversación. “Estaba cagada de miedo, por eso no le pregunté nada. Sentí que si igual le decíamos, ‘oye, ya te entregamos todo’, pues me iba a colgar. Porque él se lo hubiera tomado como una confrontación”, argumenta.

A lo largo de la conversación entre Castillo y Gertz, la mujer le repite la misma pregunta con diferentes palabras: “¿Cómo podemos hacerle para que mi mamá no la pase tan mal en ese lugar en el que está?”. El fiscal reclama una y otra vez que la familia de Castillo le hizo mucho daño, aunque al final cede y dice: “Yo voy a buscar la manera de ver cómo encontramos una solución (...) “Tengo que ver con el Poder Judicial, cómo nos pueden ellos encontrar una fórmula para que esta situación se acabe”, aclara.

De principio a fin, Alejandro Gertz insiste en el daño sufrido: “A ver, tú tienes que hacer conciencia y recuerdo de que mataron a mi hermano”, le dice a Castillo, “tú tienes que entender el dolor y la crueldad que hubo contra nosotros”. Y a veces se enfada, como cuando reclama a Castillo que ella y el resto de su familia están buscando testigos en su contra: “Y todavía ustedes están moviendo gente para que declare en nuestra contra, por Dios santo. ¡Yo me entero de todo, porque para mí no es problema enterarme de las cosas!”.

Las protestas del futuro fiscal

A finales de agosto de 2017, Alejandro Gertz dio varias entrevistas para ventilar el caso de su hermano. En una conversación con la periodista Carmen Aristegui el 29 de agosto, el abogado denunciaba los obstáculos que le ponían los fiscales de Ciudad de México que, según él, se habían negado a recibirle pruebas y le habían asegurado que el caso no llegaría ante el juez. A lo largo de la conversación, el abogado señaló varias veces el parentesco entre Laura Morán y sus hijas con Alfredo Del Mazo, que apenas una semana antes había sido investido como gobernador del Estado de México. En un momento de la entrevista, Aristegui le preguntó si tenía la convicción de que esa relación había evitado que las mujeres pisaran la cárcel. “¡Hombre, pero por supuesto!”, respondió.

El panorama no tardó en cambiar para Gertz. En julio de 2020, cuando ya hacía año y medio que fungía como fiscal general de la República, los fiscales de Ciudad de México dieron un vuelco a la investigación. Después de cerrar el caso sin acusar a nadie por dos ocasiones en los años anteriores, los investigadores mandaron el caso al juzgado, ahora acusando de homicidio doloso a Laura Morán y Alejandra Cuevas. En septiembre, el abogado de Cuevas renunció al caso, pero no avisó a la mujer del escrito de acusación de los fiscales. El abogado, siempre según la versión de la familia, dejó de contestarles el teléfono y tardó semanas en entregarles el expediente.

Con el escrito de la fiscalía en su mesa, la juez ordenó la detención de Alejandra Cuevas y su madre, Laura Morán, el 2 de octubre. La captura de la primera se produjo el 16 de octubre. El nuevo abogado de la familia recurrió la orden de encarcelar a Cuevas. Paralelamente, Castillo y sus hermanos trataron de sacar a su madre mediante la red de intermediarios, que incluía a Del Mazo y su cuñado, Fernando Díaz. Más tarde, Castillo acudió directamente al fiscal.

En la llamada con Alejandro Gertz del 26 de noviembre, este le dijo a Castillo: “Yo tengo que tener la certeza de que ustedes tienen conciencia de lo que pasó. Ya en su momento les pediré un escrito, en donde cada uno de ustedes asuma su parte de responsabilidad que tuvieron directa o indirectamente”. Se refería a la muerte de su hermano. Como cada cosa que dijo el fiscal durante la conversación, Castillo contestó que sí. Gertz le dijo también que se comunicaran con Juan Ramos para ponerse de acuerdo. Ramos es la mano derecha del fiscal y desde 2019 ocupa la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delitos Federales de la FGR.

A la semana siguiente, Castillo, sus hermanos y su nuevo abogado fueron a ver a Juan Ramos. Conocedor del caso de Federico Gertz, el subprocurador ya había mantenido varias entrevistas con ellos en noviembre. Los hermanos pensaban que esta nueva reunión sería para tratar la liberación de su madre, Alejandra Cuevas. Pero cuando empezaron a hablar, el subprocurador preguntó por el escrito donde ellos reconocían su culpabilidad, que había mencionado el fiscal en la llamada. Para Castillo aquello era un sinsentido, primero porque pensaba que las palabras de Gertz referían a un futuro más o menos lejano, ya con el caso resuelto. Y luego porque ella ni siquiera estaba acusada de la muerte de Federico Gertz. En la llamada le había dicho que sí porque pensaba que era la única forma de sacar a su madre de prisión.

No tardaron en despedirse. Su abogado les dijo que aquella vía estaba muerta, porque cada vez les pedían una cosa nueva, primero los diplomas y los banderines, luego las obras de arte, luego el dinero, ahora el escrito… “Están jugando”, les dijo. Aquella fue la última interacción con alguno de los intermediarios del fiscal. Nunca volvieron a hablar con Ramos, con Fernando Díaz o el propio Gertz. Alejandra Cuevas sigue en prisión. El pasado 26 de febrero, el juez rechazó la petición del abogado de anular su entrada en la cárcel.

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Sobre la firma

Pablo Ferri

Reportero en la oficina de Ciudad de México desde 2015. Cubre el área de interior, con atención a temas de violencia, seguridad, derechos humanos y justicia. También escribe de arqueología, antropología e historia. Ferri es autor de Narcoamérica (Tusquets, 2015) y La Tropa (Aguilar, 2019).

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