El polémico viaje de López Obrador a la tierra de El Chapo: “Voy a supervisar caminos”

El presidente visitará por tercera vez Badiraguato, en Sinaloa, en plena crisis de seguridad. Su oficina asegura que la agenda del viernes será finalmente pública

Un cartel da la bienvenida a López Obrador en Badiraguato en 2019.
Un cartel da la bienvenida a López Obrador en Badiraguato en 2019.DANIEL BECERRIL

Badiraguato es uno de los lugares de México más marcados por la desgracia de un nombre, el de Joaquín Guzmán Loera, alias El Chapo. El presidente Andrés Manuel López Obrador viajará el viernes a la tierra natal del líder del cartel de Sinaloa para supervisar las obras de la carretera que comunicará el municipio y el corazón de la Sierra Madre Occidental. La visita, la tercera que el mandatario realiza a esa zona, se produce en plena crisis de seguridad por un recrudecimiento de la violencia del narco, especialmente en el norte del país, y será finalmente pública. El coordinador de Comunicación Social de la Presidencia, Jesús Ramírez, informó de que los eventos del fin de semana serán abiertos y que solo las actividades del domingo, en Nayarit, tendrán carácter privado por la celebración de la consulta popular. “Voy a supervisar caminos”, ha afirmado este miércoles López Obrador después de que en un primer momento trascendiera que la agenda iba a estar cerrada.

“El viernes vamos a tener la reunión de seguridad en Culiacán, Sinaloa, y vamos a tener la conferencia en Culiacán. Y voy a supervisar caminos. Voy a Badiraguato, Tamazula, San Ignacio, toda la parte de la sierra. Voy el fin de semana a Sinaloa, Durango, Nayarit y el lunes la reunión de seguridad se va a llevar a cabo en Puerto Vallarta, Jalisco, porque queremos ir allá”, ha confirmado el jefe del Gobierno, que también ha anunciado una visita a Ciudad Juárez, en Chihuahua, el próximo fin de semana.

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López Obrador fue el primer presidente en atreverse a viajar a Badiraguato. Allí, en el poblado de La Tuna, fue donde nació El Chapo, en los años cincuenta. Y allí, entre campos sembrados con amapola y marihuana, creció también Rafael Caro Quintero, fundador del cártel. Durante la primera visita, en febrero de 2019, el mandatario aprovechó para dejar clara, una vez más, su filosofía de lucha contra el crimen organizado. “No vamos a serenar al país, ya está visto, no se resuelve nada con el uso de la fuerza, no se puede apagar el fuego con el fuego, no se puede enfrentar la violencia con la violencia, no se puede enfrentar el mal con el mal. El mal hay que enfrentarlo haciendo el bien. La paz y la tranquilidad son frutos de la justicia”, afirmó entonces.

Antes de ese acto, le preguntaron: “¿Va a Badiraguato? ¿Y no sabe que es la tierra de una persona que está siendo juzgada en Estados Unidos?”. López Obrador contestó: “A los pueblos no se les puede estigmatizar, los pueblos no tienen por qué ser estigmatizados”. La segunda ocasión, a finales de marzo de 2020, cuando ya era oportuno evitar contactos por la pandemia de covid-19, resultó mucho más polémica. Durante la supervisión de la misma obra, la madre de El Chapo, condenado a cadena perpetua en el país vecino en 2019, se acercó al presidente en una camioneta. Este abordó el vehículo y le dijo: “Te saludo, no te bajes. Ya recibí tu carta”. La madre del narcotraficante, Consuelo Loera, había enviado una carta al Ejecutivo para solicitar una visa humanitaria y poder visitar al hijo y también gestiones con Washington para que cumpliera su pena en México.

Esta vez el viaje disparó las especulaciones por no tener prevista, en un primer momento, una cobertura informativa debido a las restricciones que rigen por la consulta popular del domingo, en la que los mexicanos están llamados a decidir sobre la apertura de juicios a los expresidentes. Pero la noche del martes el portavoz presidencial aclaró que todos los actos del viernes y del sábado serán abiertos. La visita se produce en un momento decisivo para la estrategia de seguridad del Gobierno. En 2020 México registró 36.579 asesinatos, según los datos difundidos esta semana por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi): un balance similar al del año anterior pese a los encierros y a la pandemia de coronavirus.

La lucha contra el crimen organizado impulsada por López Obrador rompió con el plan de la Administración de Enrique Peña Nieto, cuando fueron detenidos los 120 capos más prominentes, entre ellos el propio Chapo Guzmán. Sin embargo, las estructuras de los cárteles se reciclaron y con ellas la guerra del narco. “La violencia no se detuvo, así que no basta con eso”, apuntan fuentes del Ejecutivo. El objetivo, aseguran, es lograr una política de seguridad “más amplia”. Tanto la oposición como sectores de la diplomacia estadounidense critican la posición del mandatario mexicano por ser excesivamente prudente y algunas voces hablan incluso de pasividad ante los cárteles. El exembajador Christopher Landau lo acusó recientemente de tener “una actitud de dejar hacer”.

López Obrador ha optado, de momento, por fortalecer a las fuerzas armadas y apostar por la militarización de la seguridad pública. La Marina, el Ejército y la Guardia Nacional, la institución que creó en 2019, son los organismos clave en la estrategia del Gobierno. Es decir, toda mejora en los programas de seguridad está en sus manos. El fin de semana el mandatario anunció una asignación adicional de 50.000 millones de pesos (cerca de 2.500 millones de dólares) al presupuesto de la Guardia Nacional. El presidente ha negado tener la intención de militarizar el país. Mientras tanto, también este cuerpo de seguridad pública va camino de integrarse en la Secretaría de Defensa Nacional.

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