Jorge F. Hernández: “Las relaciones entre México y España son ajenas a caprichos transitorios”

El escritor y columnista de EL PAÍS, hasta hace unas semanas agregado cultural de la Embajada mexicana en Madrid, cuestiona que López Obrador exija a los diplomáticos apoyo incondicional a su proyecto y los tintes personalistas de su Gobierno

El escritor Jorge F. Hernández en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, en 2019.
El escritor Jorge F. Hernández en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, en 2019.Pedro Andrés (FIL)

El escritor Jorge F. Hernández fue cesado el pasado 8 de agosto, dos días después de publicar una columna crítica con un funcionario de la Administración de Andrés Manuel López Obrador, aunque la Secretaría de Relaciones Exteriores atribuyó su salida a “comportamientos poco dignos”, relacionados a supuestos comentarios machistas y misóginos. La Cancillería anunció esta semana el relevo de Brenda Lozano que, como Hernández, es columnista de EL PAÍS. La llegada de Lozano fue cuestionada en redes sociales por sectores afines al Gobierno que desenterraron tuits y memes en los que la autora ponía en la mira los posicionamientos del presidente en torno al feminismo y el recorte de apoyos a la ciencia y la cultura.

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Enrique Márquez reprochó el linchamiento y las “miserias políticas”, salió en defensa de la escritora y dejó el puesto de director ejecutivo de Diplomacia Cultural. El historiador Pedro Salmerón, uno de los más vocales opositores a la designación de Lozano, contestó que la indignación era “generalizada” y que el miserable era Márquez. Este viernes, la controversia llegó hasta la conferencia mañanera de López Obrador. “Si no se está de acuerdo con nuestro Gobierno, ¿cómo nos van a representar?”, dijo el mandatario, que adelantó que iba a pedir que se diera marcha atrás y que se propusiera, en cambio, a una poeta indígena como representante, sin detallar quién.

En el centro de la polémica están ataques con tintes machistas y ad hominem, el derecho a disentir, la descalificación sistemática de quien lo hace y las pugnas de poder en torno al puesto en España, en el año que se conmemoran los 500 años de la conquista y los 200 años de la consumación de la independencia. Hernández, uno de los protagonistas, sostiene en entrevista que la controversia ha sido “innecesaria”, originada por la falta de claridad en el motivo de su despido y el desconocimiento de las labores de un agregado cultural, y sintomática de un Gobierno que se ha vuelto cada vez más personalista.

Pregunta. ¿Qué nos dice la polémica en torno a la agregaduría cultural de México en España?

Respuesta. Lamento profundamente una polémica, en el fondo, innecesaria, que se originó por una decisión muy confusa. Mi cese como agregado cultural fue una determinación del director ejecutivo de la Diplomacia Cultural, sin saber precisar los motivos de mi despido. Al intentar explicarse, ante un alud de reacciones que interpretaron de diversa manera lo que parecía escabroso, este señor enredó aún más el tema con mentiras y elucubraciones. Destapado el tarro, las redes sociales (para algunos benditas) galoparon a rienda suelta.

El puesto de agregado cultural es un alto honor que se le ha otorgado a no pocos escritores o figuras de la cultura y no es cualquier cosa. Conlleva una gran responsabilidad y no pocas actividades. En el pasado reciente es un trabajo administrativo con muy pocos recursos (o nulos), como es el caso del presente ejercicio de 2021.

Sin embargo, con dedicado apoyo de la embajadora María Carmen Oñate, el Instituto Cultural de México en España, durante los pasados dos años y seis meses, ha mantenido en alto, en activo y con gran dignidad la mejor cara de México, de los muchos Méxicos, ante España y el mundo: nuestra cultura.

P. Usted asegura que lo que escribe y publica genera incomodidad en algunos círculos del bloque gobernante y eso precipitó su salida del cargo. ¿Considera que se está comprometiendo el ejercicio de la libertad de expresión o es un debate que se enmarca más en la grilla política que acompaña al nombramiento?

R. Lo que lamento es que cayó en el enrevesado caldero de la politiquería un asunto esencialmente cultural, es decir, nuestra literatura, pintura, escultura, gastronomía, danza, teatro, graffiti y un largo etcétera están por encima de Gobierno, burocracia o sectarismos. La cultura y las artes no florecen si no se respetan su libertad de expresión, su independencia de vuelos o miras, su diversidad estética o su sentido común.

P. En su opinión, ¿esta es una Administración más reacia a la autocrítica y a la disidencia o la polémica es más sintomática del estilo de gobernar que ha dominado en México a lo largo de varios sexenios?

R. En muchos sabores y aspectos, me parece revivir civismos, mosaicos o tablas gimnásticas de la década de los setenta (cuando padecí la secundaria). En muchos sentidos, me preocupa el paulatino pensamiento del poder sordo, de la simulación incluyente, de la intolerancia.

P. Algunos medios aseguran que el detonante de la controversia es un choque de facciones dentro del bloque gobernante, ¿usted comparte esa lectura?

R. A río revuelto se aprovecha de la chispa que generó una confusión para meter todos los chiles en el metate. De pronto, todos los actores de cualquier ámbito quisieron dar su golpe en la mesa, se desataron las interpretaciones. Es una confirmación de que un capricho de confusión provoca ondas expansivas. Interesados o no interesados, el puesto de agregado cultural se volvió un tema de opinión generalizada y de desinformación generalizada. La mayoría de las personas no tienen idea de lo que hace un agregado cultural y por eso, nos mientan la madre y nos dicen “tú sobras”.

P. López Obrador se ha hecho eco del argumento de que es un acto de incongruencia criticar a su proyecto político y después pretender ocupar una representación en el extranjero. ¿Qué le responde?

R. Es una delicadísima afirmación, pues tendría que verificar o ¿acaso exigir? que todo servidor público o funcionario o burócrata suscriba su particular proyecto, su estilo personal de gobernar y creo que no debe ser así.

P. ¿Qué opina de la posición que ha asumido el presidente?

R. Es una reacción ante la confusión que fue creciendo en la medida en que confusión genera más confusión. Lo primero que veo es que él está reaccionando a la cantidad de aristas, de interpretaciones y de acusaciones que se generaron a partir de una confusión inicial. Nunca se explicó por qué me cesaron. Y ya revuelto el caldo parecería entonces que el presidente quiere decidir personalmente quiénes deben agregarse a las embajadas en el mundo en materia de asuntos culturales.

P. Recientemente hemos visto como el presidente ha enmendado la plana a varios miembros de su Gabinete. ¿Por qué cree que este nombramiento ha escalado hasta los primeros lugares de la lista de prioridades de López Obrador?

R. Es un síntoma de que la presidencia se está personalizando. Ha sucedido antes y ha sucedido también de manera engañosa: sabemos de personas en Palacio que, en realidad, prestaron el poder o pusieron el poder o perdieron el poder con empresarios, militares o narcotraficantes.

P. Quien ocupe el cargo llegará con toda esta carga. ¿Es una loza muy pesada?

R. Espero que no. Yo deseo que la persona que llegue a ocupar el cargo multiplique los pasos que se han dado y ahonde las huellas de no pocas generaciones que abonan a una realidad inapelable: que las relaciones entre México y España son —por el habla, por comida, por apellidos, creencias, modos y costumbres— ajenas a caprichos transitorios o posturas inventadas.

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