Los equipos de rescate encuentran el cadáver de la niña Mía Mayrín bajo los escombros en Tlalnepantla

La madre de la menor, Paola Daniela Campos Robles, de 22 años, y el hermano, Jorge Dylan Mendoza Campos, de cinco años, continúan desaparecidos tras el derrumbe del cerro Chiquihuite

Cuerpos de rescate buscan desaparecidos tras el derrumbe del cerro Chiquihuite, en el Estado de México, este lunes.
Cuerpos de rescate buscan desaparecidos tras el derrumbe del cerro Chiquihuite, en el Estado de México, este lunes.Quetzalli Nicte Ha

El cadáver localizado bajo los escombros en Tlalnepantla este martes por los equipos de rescate ha sido identificado como el de Mía Mayrin Mendoza Campos, de tres años. Los familiares de la niña fueron los que reconocieron el cuerpo, según ha informado la Fiscalía General del Estado de México. Su madre, Paola Daniela Campos Robles, de 22 años, y el hermano de la niña, Jorge Dylan Mendoza Campos, de cinco años, continúan desaparecidos desde que el pasado viernes se produjo un derrumbe en el cerro de Chiquihuite, en el Estado de México. El deslave, que aplastó al menos cuatro casas, ha causado ya dos muertes.

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Mariana Martínez, de 21 años, es junto con Mayrin la única persona fallecida que se ha confirmado hasta el momento. Los restos de la joven, estudiante en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), fueron encontrados el viernes, horas después de que sucediera el alud. El deslave ha obligado el desplazamiento de unas 126 viviendas situadas en un área cercana al punto donde ocurrió el alud. El número de vecinos alojados en los albergues de emergencia ha aumentado: al menos 117 personas se encuentran repartidas en los tres refugios municipales que las autoridades han habilitado como recursos de acogida, según ha informado el Gobierno de Tlalnepantla.

Las autoridades han transmitido a la familia de Mía Mayrín Campos sus condolencias en un comunicado, y han asegurado que acompañará a las víctimas con apoyo tanto legal como psicológico. En la tarde del martes, el subsecretario general de Gobierno del Estado de México, Ricardo de la Cruz Musalem, informó de que en el lugar del derrumbe se encontró material genético que podría servir para identificar a las tres personas que seguían en paradero desconocido. Los restos humanos fueron trasladados a la Fiscalía General de Justicia del Estado de México, de acuerdo con el protocolo establecido, donde finalmente el cuerpo fue identificado como el de Mía Mayrín Campos por sus familiares.

Los equipos de salvamento continúan con la búsqueda de Paola Daniela Campos y Jorge Dylan Mendoza en el cerro de Chiquihuite, mientras ingenieros, topógrafos y técnicos especialistas en la materia vigilan que no se produzca ningún deslizamiento de tierra que pueda poner en riesgo las labores de rescate. La probabilidad de un nuevo derrumbe es elevada, según un análisis del Centro Nacional de Prevención de Desastres. El informe habla de la existencia de “fracturas subverticales” y “bloques con una separación importante [algunos de hasta 10 metros de altura] que podrían poner en peligro a los habitantes de la ladera” que se encuentren en un radio de 300 metros.

Las autoridades han hecho un llamado público a los vecinos en un radio de 10 kilómetros a la redonda para no utilizar material pirotécnico estos días durante las celebraciones por el aniversario de la independencia de México. “La vibración puede provocar la desestabilización de la ladera, además de que puede confundir a los rescatistas con sonidos de una posible fractura en las piedras, algunas de casi 200 toneladas”, han añadido en un comunicado.

La parte de la ladera más crítica y susceptible de venirse abajo se ha apuntalado con mil costales de hasta 200 toneladas. Además, la Guardia Nacional y el Ejército se encuentran al frente de la operación, ya que se ha instalado el Plan DN-III, un operativo militar que se despliega para apoyar a la población civil en caso de desastres naturales o humanos.

La ladera del cerro de Chiquihuite está habitada, en su mayoría, por personas de clase trabajadora que han construido sus hogares donde han podido, en una zona no apta para la edificación, en la que los aludes son habituales. Un gran número de las viviendas son irregulares, erigidas sin permisos ni supervisión municipal. Los vecinos han acusado en numerosas ocasiones la falta de planificación urbanística y atención por parte de las instituciones. “Esta misma semana cayeron piedras. El martes fue. Llamamos, reportamos y no hicieron nada. Siempre es lo mismo” protestaba una de las habitantes de la colonia el viernes.

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