EE UU advierte de que deportará a los migrantes que entren ilegalmente

El Gobierno de Biden cierra la frontera en Del Río, al sur de Texas, para evitar la llegada de más haitianos, mientras algunos grupos vuelven a México para no ser devueltos a su país

Un grupo de migrantes cruza el Río Grande de regreso a Ciudad Acuña para evitar ser deportado, el 20 de septiembre de 2021.Agencias (Felix Marquez/AP)

Los 14.000 migrantes retenidos en Del Río, un pequeño municipio al sur de Texas, en la frontera con México, se han convertido en la última cara de la crisis migratoria. La caravana, formada mayoritariamente por haitianos, logró entrar en Estados Unidos el pasado jueves y desde entonces espera en un precario campamento debajo del puente que une a los dos países. El Gobierno estadounidense de Joe Biden ha cerrado la frontera para evitar la entrada de más grupos y ha insistido en que los migrantes que lleguen de manera ilegal serán “devueltos” a sus países de origen. “Si viene a Estados Unidos ilegalmente, será expulsado. Su viaje no va a tener éxito y habrá puesto en peligro su vida y la de su familia”, ha dicho en una rueda de prensa en Del Río el secretario de Seguridad Nacional, Alejandro Mayorkas.

La llegada de la caravana ha desenterrado las fricciones entre EE UU y México sobre la política migratoria a seguir. En su conferencia de esta mañana, el presidente Andrés Manuel López Obrador ha exigido al demócrata soluciones más allá de la “contención” y de las medidas “coercitivas”. El mandatario mexicano insiste en crear programas sociales en los lugares de origen y ofrecer a los migrantes visas de trabajo en EE UU.

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Una enorme caravana, formada por miles de migrantes, entre los que también hay nicaragüenses, venezolanos y cubanos, logró el jueves cruzar a Texas después de haber atravesado México. Allí fueron retenidos por los agentes estadounidenses y agrupados en un masivo campamento. El número de personas creció el fin de semana, cuando llegaron a juntarse más de 14.000, según Bruno Lozano, alcalde de Del Río. Hasta el municipio, de 35.000 habitantes, se han desplazado 400 agentes de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza.

La postura de Estados Unidos ante los migrantes sigue los raíles de la que ya aplicó Donald Trump: “Hemos reiterado que nuestras fronteras no están abiertas”, dijo este fin de semana Marsha Espinosa, portavoz del Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés). El objetivo, según Espinosa, es “garantizar que los migrantes irregulares sean detenidos, procesados y sacados rápidamente de EE UU”.

Durante el fin de semana comenzaron los vuelos de repatriación masivos a Haití y los desplazamientos forzados a otras ciudades de Texas, como El Paso, según informó Reuters. La estrategia de Biden es “acelerar el ritmo y aumentar la capacidad de los vuelos de retorno a Haití y otros destinos dentro de las próximas 72 horas”. Este lunes, los agentes han reforzado con cintas y oficiales a caballo los puntos por los que estaban entrando los migrantes, que habían cruzado el río Bravo por una zona de menor profundidad.

Ante el miedo de ser devueltos a su país, después de una travesía que dura meses, algunos grupos y familias de haitianos están volviendo a Ciudad Acuña, en el Estado mexicano de Coahuila, a esperar. Atrapados en un campamento sin agua ni alimentos, durmiendo en el suelo y con apenas unos cuantos lavabos, los migrantes han denunciado durante estos días las condiciones en las que los han sido retenidos por la patrulla fronteriza estadounidense.

EE UU detuvo en agosto a casi 209.000 migrantes, un 2% menos que en julio, pero todavía en niveles que no se veían desde 2000, según la Oficina de Aduanas estadounidense. La Administración de Biden ha estado expulsando a migrantes bajo la norma conocida como Título 42, una excepción en la ley de salud que permite la deportación “en caliente” de los migrantes sin papeles y solicitantes de asilo. Donald Trump la invocó por primera vez en marzo de 2020, con la excusa de la pandemia. El Gobierno demócrata la renovó el pasado agosto.

El Ejecutivo de López Obrador inició con Trump su política de contener a los migrantes centroamericanos desde el sur de México para evitar que llegaran hasta el borde con EE UU. Desde entonces, algunas ciudades mexicanas fronterizas con Guatemala se han convertido en cárceles a cielo abierto donde miles de personas esperan la resolución de sus solicitudes de asilo.

La apuesta del mandatario mexicano es instaurar programas de capacitación y formación laboral, que ya empezaron en México, también en Guatemala, Honduras y El Salvador: “Se podría mantener en sus países de origen a 90.000 personas de todas las que emigran por falta de trabajo”. Para el proyecto pide la colaboración presupuestaria de EE UU. Además, López Obrador ha demandado al presidente estadounidense que ofrezca visas temporales de trabajo. “No perjudicaría a nadie”, le escribió López Obrador a Biden en una misiva que ha dado a conocer este lunes, porque EE UU “requiere de fuerza de trabajo adicional para impulsar su crecimiento económico y reducir sus importaciones de Asia”.

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Sobre la firma

Beatriz Guillén

Redactora de EL PAÍS en México. Trabaja en la mesa digital y suele cubrir temas sociales. Antes estaba en la sección de Materia, especializada en temas de Tecnología. Es graduada en Periodismo por la Universidad de Valencia y Máster de Periodismo en EL PAÍS. Vive en Ciudad de México.

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