Lorenzo Meyer: “El grito a la Independencia fue en puridad un engaño”

El historiador repasa los recovecos del suceso histórico mexicano que este año celebra su segundo centenario

Lorenzo Meyer posa en una entrevista con EL PAÍS en 2019.
Lorenzo Meyer posa en una entrevista con EL PAÍS en 2019.Gladys Serrano

El proceso de Independencia de México fue algo insólito y plagado de contradicciones y paradojas. Mientras que Simón Bolívar o José San Martín lideraron verdaderos ejércitos, el caso mexicano fue un levantamiento genuinamente popular. Campesinos, trabajadores y familias enteras marchando en defensa de la religión católica —”¡Viva nuestra madre santísima de Guadalupe!”— y en nombre del Rey —”¡Viva Fernando VII!”— espoleados por un cura criollo. Un levantamiento que además, tras 11 sangrientos años, fue capaz de triunfar solo porque en el último momento los insurgentes se aliaron con el mismo Ejército que estaba a punto de aniquilarles. El historiador y politólogo Lorenzo Meyer, profesor emérito del Colegio de México, analiza los recovecos del suceso histórico con motivo del segundo centenario de la Independencia de México.

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Pregunta. ¿Cuáles fueron las motivaciones del levantamiento popular?

Respuesta. En primer lugar hay que remarcar que, efectivamente, fue un levantamiento popular, algo singular en relación a las otras experiencias de la región. Hay una carta de Simón Bolívar a un caballero inglés en Jamaica donde le explica cómo está siendo el proceso de independencia en el imperio español de América. Bolívar reconoce que el mexicano es un movimiento sui generis con un fuerte respaldo popular. Aunque ese respaldo popular se da en una región, el Bajío, no en toda la vastedad de la Nueva España. El Bajío era una región con una densidad de población alta para la época, donde se concentraba el negocio de las minas. Era una región ya capitalista, que surtía de plata a España y desde allí a Inglaterra y al resto de Europa. Era parte del capitalismo global de siglo XVIII y XIX y, por tanto, era una sociedad ya no tradicional, sino muy revuelta comparada con las otras regiones de México. Una sociedad en disposición de que algo la movilizara.

P. ¿Ese algo fue el golpe de Estado de 1808?

R. Sí, porque Hidalgo no quería una revolución, un levantamiento. Quería más o menos un golpe rápido, como había ocurrido en 1808 cuando Gabriel de Yermo, un español acaudalado, depone al virrey porque tiene miedo de que se una a la élite criolla. Aquel fue un golpe preventivo, pero que supone también la quiebra de la legitimidad. El nuevo virrey ya no lo puso el rey, lo puso ese grupo de españoles. Hidalgo piensa que se puede hacer lo mismo. Una conspiración, esta vez, de criollos, algunos incluso militares. Un ejército, además, que es muy reciente. Se crea después de que los ingleses tomaran La Habana e intentaran tomar Buenos Aires. Se pensaba que podían tomar también Veracruz y llegar al corazón de la plata que era El Bajío. Ese ejército, que apenas se está formando y está pensado para contener una invasión del exterior, va a ser usado para enfrentar la rebelión.

P. Pero los militares criollos tuvieron un papel crucial durante la rebelión.

R. Sí, Hidalgo está en unión con dos capitanes criollos de la zona, hijos de familias de comerciantes. La rebelión es descubierta y no tienen más que una alternativa: o aceptan que los prendan, los juzguen y los sentencien a muerte; o llaman a una clase que no estaba pensada, que es la clase popular. ¿Y quién hace el llamado? Un cura y oficiales del Ejército. Para los pobladores del Bajío, para las clases trabajadoras es una llamada de la autoridad. No es otro indígena, otro igual, son sus superiores los que les están llamando a la rebelión. Pero a la vez, la llamada es en nombre del Rey, de Fernando VII. No es una llamada a la Independencia. El grito es en puridad un engaño. Y prendió como no prendió en ningún otro lugar. Así que es indudable el carácter popular, pero no fue pensado así. Brotó de manera sorpresiva para todos.

P. ¿Cuáles fueron las razones para que se levantaran en defensa del Rey?

R. Por la amenaza protestante, que realmente no era para tanto. Pero se supone que desde afuera, en particular los franceses, querían introducir un elemento inaceptable en la colonia: el protestantismo, que retaba a dios y al rey a la vez. La rebelión es en favor de lo más tradicional que hay. Aunque, y esto complica más las cosas, es contra las autoridades existentes, precisamente porque están traicionando al rey y poniendo en peligro a la religión. Van a pasar años, ya muertos Hidalgo y Aldama, hasta que, con Morelos, la Independencia tiene un contenido realmente de separarse de la Corona. Pero, eso sí, asegurando siempre de una manera tajante que se defienda a la Iglesia, que no hay mas que una religión que es la católica. La América española se separa de España pero no de su religión. Es muy ilustrativo que el estandarte del levantamiento es la Virgen, algo que no sucede en otros movimientos. Aquí el levantamiento se hace religioso desde el primer momento, parte del fanatismo religioso.

La América española se separa de España pero no de su religión

P. ¿Por qué es tan importante Morelos?

R. Porque es un cura mestizo, ya no criollo. Y además, era de la gente de a pie. Antes de ser cura fue arriero y trabajador. Se hace cura ya de viejo como un salida para la movilidad social. Uno de los 14 puntos de la Independencia dice que es disminuir la distancia que separa a la opulencia de la indigencia. Parece simple y sencillo pero es realmente un principio revolucionario para una colonia como la Nueva España que estaba basada en la diferencia racial de grupos sociales. Era brutalmente clasista. Un objetivo central es que el peón gane el salario adecuado. Este énfasis en reducir la desigualdad social también es singular. No lo tenían todos los procesos independentistas. Y esto viene de Morelos, que proviene de las clases bajas y que siente como suyo ese reclamo en un país de gran concentración de riqueza. Porque a diferencia el resto de América, salvo Perú, en México había gran riqueza.

P. ¿De dónde venía el miedo a la clase baja?

R. El miedo de la clases altas y medias a la baja viene por la naturaleza inicial del levantamiento. Se genera un pánico porque inmediatamente se toma el corazón de Guanajuato, el centro de la riqueza y hay un matanza de españoles y de gente rica criolla. La matanza de Guanajuato horroriza a todo la clase alta, criollos y españoles, y parte de la media. Se genera una reacción muy dura que no necesariamente fue la que enfrentó Bolívar o San Martín en Sudamérica. Aquí se hacen muy conservadores por miedo. Se vuelve una guerra civil particularmente dura: reaccionarios contra insurgentes. Y van a ser derrotados inicialmente porque los criollos en su gran mayoría se niegan a seguir con la Independencia. Algo que no sucedió en gran parte de Sudamérica, donde sí continuaron con la guerra. Las clases populares fueron metidas poco a poco en Venezuela, en México llegan de golpe e Hidalgo no los puede controlar.

P. Otra paradoja es el acuerdo con el Ejército cuando la rebelión estaba ya casi condenada.

R. La Independencia la gana la parte que no quería la Independencia. Agustín de Iturbide es un coronel que ha sido durísimo con los insurgentes y que no es precisamente muy honrado. Pero en España viene el levantamiento de Riego y la idea de que los liberales tomarán el Gobierno. En América, y en particular en México, esto provoca otra vez el miedo. ¿Estamos peleando para que lleguen lo liberales? Es la oportunidad de Iturbide, al que le habían encargado que buscara a Vicente Guerrero para acabar con él y su guerrilla. Iturbide ve la posibilidad de ser no un peón militar más sino el que tome el poder. Se lo estaban poniendo en bandeja de plata. Con el apoyo de los que no deseaban para nada que los liberales españoles impusieran un gobierno liberal aquí después de una guerra tan dura, se da la vuelta. Es una decisión muy inteligente porque los insurgentes no tenían ya la capacidad por sí solos de llegar al poder. Ante esa situación de debilidad, Iturbide les ofrece una alianza por la que les da la posibilidad de ser partícipes, pero manteniendo él el poder. Una vez ganada la guerra, se creará Ejecutivo conjunto donde hay incluso presencia española, pero el militar pronto se deshace de esos colegas y se asume Emperador. En ese mundo tan revuelto se le fueron las cabras al monte.

La Independencia la gana la parte que no quería la Independencia.

P. En esa época ya habían sucedido las revoluciones americana y francesa. ¿Qué influencia hay de las ideas ilustradas en el proceso de Independencia mexicano?

R. Mucha. Hay dos naciones que nacen antes de que empiecen los movimientos de independencia aquí: Haití y Estados Unidos. Tiene mucha influencia la idea de que se puede hacer nación de una colonia, que no es una utopía. La experiencia norteamericana, sobre todo, es más ejemplo de su experiencia que de su ideología. La creación de instituciones, por ejemplo. EE UU inventa la presidencia, algo que hereda México. La imagen de EE UU de una nación que se inventa a sí misma, que tiene éxito económico además de éxito militar contra Inglaterra es poderosísima.

P. Sin embargo la consolidación del proyecto nacional tardará el llegar.

R. La república llega pronto, el sueño de Iturbide dura apenas un año. Lo que va a tardar montones es la creación de una nación. Porque al inicio están muy separados los grupos políticos. Uno es monárquico, conservador y tiene a España como foco. El otro mira al lado liberal norteamericano y francés. Son dos bandos muy polarizados. Y en una sociedad que tiene decenas de pueblos indígenas que no son compatibles entre sí. No era una materia prima para hacer una nación muy rápido. Además, a diferencia de otros territorios sudamericanos, no tiene comunicaciones. Aquí no hay un río de la Plata, o un Orinoco que puedan ser navegables. Aquí hay sierras, desiertos y ríos pequeñitos. Hacer de eso una nación fue difícil. Iturbide después de todo no está tan loco, porque lo único que había de tradición, lo que unía era la religión y la Corona. Ni siquiera la lengua. El español no era mayoritario, eran las lenguas indígenas. Muchas lenguas que no se entendían ni simpatizaban entre sí. La idea de una nación solo la tienen entonces las élites. Va a costar muchísimo trabajo que llegue hasta las bases sociales. Quizá hasta principios del XX.

P. ¿Por qué la celebración oficial de la Independencia es el grito de Hidalgo de 1810 y no la victoria final de Iturbide de 1821?

R. Porque es Iturbide. La visión que va a triunfar es el esfuerzo del cura que levanta al pueblo, a la masa. Iturbide es un cambio de chaqueta. Eso no tiene nada de glorioso. Es oportunismo puro.

P. ¿Es cierto que fue el emperador Maximiliano quien fija el Grito como el hito a celebrar?

R. No, se celebraba desde antes. Pero Maximiliano es el que hace la primera pintura de Hidalgo. Nadie sabe cómo fue. No había ningún retrato hasta entonces. De esa pintura, que se la imaginó alguien, salieron todas las demás. Pero no tenemos ni idea que cómo era, solo su edad, y cabello blanco. Su imagen la inventamos.

P. El famoso grito de Independencia tenía también una coletilla final que se ha ido perdiendo: “¡mueran los gachupines!” (nombre despectivo de los españoles en la época colonial). ¿Cuánto tiempo dura esta confrontación tan directa?

La visión que va a triunfar es el esfuerzo del cura que levanta al pueblo, a la masa. Iturbide es un cambio de chaqueta. Eso no tiene nada de glorioso

R. Cuando me fui a los archivos españoles me encontré que, ya entrado el siglo XX, la fiesta de la Covadonga la tienen que suspender. El ambiente nacionalista y el hecho de que la colonia española apoyara el golpe contra Madero hace que durante un buen tiempo no se celebre la que era la fiesta nacional española.

P. ¿Esa animadversión tan prologada tiene que ver con que España mantuvo durante mucho tiempo la pretensión de reconquista?

R. En parte sí. Siempre se les vio como enemigos de la Independencia y la culpa la tuvo Fernando VII que no quiso nunca reconocer la Independencia. Se murió sin que la reconocieran. Los ingleses siguieron otro camino. Tras años de enojo lo reconocieron y volvió el comercio. México ofrecía un tratado comercial a España pero el Rey se negó. No fue hasta que se murió y la regente María Cristiana lo reconoce. Lo antiespañol también nace de que era una minoría muy rica y de que se metieron incluso para que el Vaticano no reconociera la Independencia. Si el Vaticano no lo reconoce entonces no hay obispos. Y si no hay obispos, ¿quién ordena a los sacerdotes? Querían ahogar lo eclesiástico que tan importan era para los mexicanos.

P. ¿Qué objetivo cree que busca Andrés Manuel López Obrador con las reiteradas peticiones a España para que pida perdón por los abusos de la Conquista?

R. Con esas declaraciones también está asimilando la parte de pedir perdón como mexicano y para los mexicanos en su conjunto por los abusos del México independiente contra las comunidades indígenas, sobre todo en el norte y Yucatán. Él se se pone por delante y diciendo que hay otros que también deben hacer lo mismo, como el Papa y España. Quizás no vaya a tener una respuesta positiva. Pero esto es secundario, porque lo que busca es recordar la parte durísima de la Colonia que involucran también a los mexicanos posteriores. Busca que la memoria colectiva sea olvidada.

P. La historia y lo símbolos tienen una papel central en el discurso de López Obrador. ¿Cómo cree que capitalizará el aniversario de la Independencia?

R. Va a volver a poner el énfasis en que su Gobierno está completamente comprometido con esos intentos a medias de rehacer la estructura social heredada de la colonia. La estructura de unos pocos explotando a uno muchos es vista como una herencia colonial. Los otros tres momentos de crisis social y política son vistos como esfuerzos por modificar esa herencia. Quizá el más serio es el penúltimo, la Revolución, aunque la tarea también quedó inconclusa. Lo que López Obrador está diciendo con su discurso y la política de gasto social es que todavía queda mucho camino por andar antes de que esa pirámide que todavía conserva los rasgos de colonia se convierta en otra cosa. No está claro en qué, pero desde luego, en una sociedad menos clasista, menos racista, menos desigual, algo que es una tarea de Hércules.

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