El Ejército monitoreó a Guerreros Unidos durante el ataque contra los normalistas de Ayotzinapa

La comisión presidencial que investiga el caso divulga dos conversaciones que los militares interceptaron al grupo criminal el día del ataque y la semana siguiente

Militares recorren la barranca de la Carnicería en Cocula, Guerrero, el 22 de septiembre.
Militares recorren la barranca de la Carnicería en Cocula, Guerrero, el 22 de septiembre.Nayeli Cruz

Como colofón a una semana extraña en el caso Ayotzinapa, la comisión presidencial que investiga el ataque ha divulgado este viernes dos documentos con conversaciones entre integrantes de Guerreros Unidos y policías de la zona. Se trata de diálogos interceptados por el Ejército, uno el 26 de septiembre de 2014, la noche del ataque, y otro días más tarde, el 4 de octubre. Hasta ahora se ignoraba que la Secretaría de la Defensa (Sedena) hubiera monitoreado a Guerreros Unidos durante o después del ataque. No se sabe qué uso hizo el Ejército de esta información, o qué cantidad de comunicaciones interceptó antes, durante o después del ataque. Se desconoce igualmente si Sedena compartió esta información con autoridades civiles durante el ataque o en las semanas posteriores.

La difusión de ambos documentos ha sorprendido, más por la falta de contexto en que se ha producido. La comisión ha publicado un comunicado de tres párrafos a media tarde en que explicaba que se trata de información que Sedena ha entregado a los investigadores en los últimos meses. Son “comunicaciones realizadas entre Francisco Salgado Valladares [segundo al mando de la Policía de Iguala] y una persona denominada Gilberto Gil [jefe de una de las células de Guerreros Unidos en Iguala y actual testigo protegido de la Fiscalía], así como Alejandro Palacios Cholo [cabeza de una célula del grupo criminal en Huitzuco] y otro más denominado Ramón [al parecer, policía de Tepecuacuilco]”, decía el texto.

El comunicado terminaba prácticamente ahí, obviando la importancia de cada uno de los actores involucrados, callando sobre un hecho difícil de ignorar: el Ejército supo mucho más del ataque de lo que siempre ha reconocido, en parte porque interceptaba las comunicaciones de importantes actores criminales locales. Hasta este sábado, la Secretaría de la Defensa no ha reaccionado a la difusión de estos documentos. Aunque oficialmente no se ha pronunciado, la unidad especial de la Fiscalía General de la República (FGR) para el caso Ayotzinapa ha visto con preocupación lo ocurrido. Antiguo integrante de Guerreros Unidos, El Gil es uno de los testigos protegidos de la agencia investigadora. Su papel ha sido importante en el hallazgo de los restos de los dos normalistas identificados en los últimos dos años.

Con estos documentos, la comisión presidencial trataba de atajar una polémica surgida a principios de semana, cuando el diario El Universal publicó que la FGR ocultaba las declaraciones de 30 militares sobre el caso. El diario señalaba que el Instituto Nacional de Acceso a la Información (INAI) había ordenado a la Fiscalía que entregara las declaraciones. El problema fue que cuando las recibieron, los reporteros descubrieron que la mayoría de hojas venían testadas, tachadas. En rueda de prensa, periodistas preguntaron por el asunto al presidente, Andrés Manuel López Obrador, que ordenó a la comisión transparentar las declaraciones de los militares. Lejos de acceder a la orden del presidente, conscientes de lo delicado de difundir información de una investigación en proceso, la comisión ha divulgado las dos comunicaciones entre policías y criminales que los militares interceptaron.

Sobre El Gil

Las dos comunicaciones tienen que ver con Gildardo López Astudillo, alias El Gil. Una la protagoniza, la otra trata sobre él. Detenido en septiembre de 2015, liberado años después por irregularidades de los propios investigadores, El Gil se acercó a la actual Administración de la Fiscalía para aportar información como testigo protegido. Su testimonio ha sido divulgado ampliamente por la prensa mexicana en este tiempo, primero por la revista Proceso y luego por el diario Reforma.

Antiguo operador de Guerreros Unidos en Iguala y los pueblos de alrededor, el testimonio de El Gil resulta problemático. Primero, porque se trata de una de las personas que supuestamente organizó la desaparición de los normalistas. Y luego, porque hay partes de su testimonio que resultan difíciles de creer. Por otro lado, la información que ha aportado y la gente que ha convencido para hablar han ayudado a los investigadores a dar con los restos óseos de dos de los 43, Christian Rodríguez y Jhosivani Guerrero, en un paraje marginal en las investigaciones hasta hace tres años, la barranca de la carnicería.

Conversaciones interceptadas por el Ejército mexicano a Guerreros Unidos.
Conversaciones interceptadas por el Ejército mexicano a Guerreros Unidos.sedena

De momento, El Gil es el testigo que más claramente ha señalado la participación activa de los militares en el ataque contra los normalistas. Según su testimonio, un grupo de estudiantes fueron conducidos al cuartel de Iguala para ser interrogados, antes de ser entregados a una célula de Guerreros Unidos para su asesinato. Sus declaraciones ayudaron igualmente a detener a un militar del cuartel de Iguala, el capitán José Martínez Crespo, uno de los jefes operativos castrenses en Iguala durante la noche del ataque. Además de otros testigos, El Gil señaló que Crespo colaboraba con Guerreros Unidos.

En una de las comunicaciones interceptadas por el Ejército, El Gil habla supuestamente con el segundo al mando de la Policía de Iguala, Francisco Salgado, durante la noche del ataque, el 26 de septiembre de 2014. El Gil le dice que le lleve a un grupo de estudiantes de la cueva a la colonia Pueblo Viejo, donde tenía su casa. Salgado habla de un grupo de 17 estudiantes. Según fuentes de la investigación, la cueva sería el depósito de Barandilla, una instalación de la policía de Iguala a donde llevaron presuntamente a un grupo de los estudiantes desaparecidos.

En la otra cadena de mensajes, El Cholo Palacios, un cabecilla de Guerreros Unidos de Huitzuco, y un policía de Tepecuacuilco, pueblos cercanos a Iguala, hablan de El Gil. Es el 4 de octubre de 2014, el escándalo por el ataque es ya inmenso. El Cholo dice que las autoridades han encontrado una fosa en Pueblo Viejo. Luego añade que “ya le encontraron al Gil todas sus fosas”. El policía dice que un agente de la Fiscalía, supuestamente de Guerrero, encargado de las pesquisas en Iguala, le ha pedido a El Gil que entregue al menos 10 cuerpos para calmar un poco las cosas. Luego, el policía le dice al Cholo que le va a llevar a El Gil, para esconderlo. Mientras tanto, parece que el policía lo esconde en una cueva.

Ambas comunicaciones aparecen en documentos entregados por Sedena a la comisión estos meses. La intercepción de ambas comunicaciones refleja un conocimiento detallado de las andanzas de El Gil en la época por parte de los militares. Pese a ello, las autoridades no lo atraparon hasta septiembre de 2015. Las dudas sobre el uso que el Ejército hizo de esta información se suman a las que surgen sobre sus estrategias de intercepción de comunicaciones. Y sobre todo, a los criterios que dirigían estas estrategias.

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Sobre la firma

Pablo Ferri

Reportero en la oficina de Ciudad de México desde 2015. Cubre el área de interior, con atención a temas de violencia, seguridad, derechos humanos y justicia. También escribe de arqueología, antropología e historia. Ferri es autor de Narcoamérica (Tusquets, 2015) y La Tropa (Aguilar, 2019).

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