Luz verde a la presa de El Zapotillo: tres pueblos se salvan de la desaparición

Un acuerdo entre las comunidades y el Gobierno mexicano limita el nivel de agua almacenada y permite finalizar la construcción paralizada desde hace un lustro

La obra de la presa El Zapotillo ubicada en las inmediaciones del Rio Verde, Jalisco.
La obra de la presa El Zapotillo ubicada en las inmediaciones del Rio Verde, Jalisco.Fernando Carranza (CUARTOSCURO)

El pueblo de Temacapulín no será engullido por la presa de El Zapotillo, en Jalisco. Después de 16 años de resistencia y una batalla legal de más de un lustro, los habitantes del lugar han logrado evitar la inundación de milpas, casas y campanario. Un acuerdo con el Gobierno federal, anunciado este miércoles, permite terminar la construcción de esta importante presa a cambio de limitar el nivel de almacenamiento de agua. “La lucha la hemos ganado nosotros, con nuestro esfuerzo”, ha celebrado Marichuy García, representante de la comunidad, entre gritos de “¡Temaca vive, la lucha sigue!”.

La cuenca del Río Verde ha estado en la mira de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) desde finales de los años 90. El paso del caudal por Temacapulín es estratégico, a mitad de camino entre León, una ciudad con una industria floreciente, y Guadalajara, la segunda mayor zona metropolitana de México. La presa de El Zapotillo se pensó para abastecer originalmente a León, pero en 2007 se elevó la altura de la cortina, la barrera de la presa, de los 80 metros originales a los 105 metros. Así se abastecería también a Guadalajara, matando de un tiro dos pájaros con una creciente demanda de agua.

Las víctimas iban a ser 700 habitantes repartidos en tres localidades. Palmarejo, Acasico y el pueblo de Temacapulín, con su iglesia lateranense del siglo XVIII, iban a quedar bajo el agua. Las comunidades denunciaron no haber sido consultadas y rechazaron los planes de reubicación impuestos por las autoridades. El caso llegó a la Suprema Corte de Justicia, que en 2013 invalidó el proyecto de elevar la cortina a 105 metros. “Tuvimos que salir a arañar y a defendernos como Dios nos ha dado a entender las cosas porque hemos sido tratados con la punta del pie”, ha dicho este miércoles Marichuy García.

Desde la sentencia, la construcción de la presa, en la que se han invertido unos 6.000 millones de pesos, ha quedado paralizada. Tampoco se ha terminado el acueducto que iba a llevar el agua a León. La necesidad apretaba. En verano, después de una sequía histórica, el gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro, insistió en la finalización de la presa para aliviar la escasez de agua en la zona metropolitana. Pese a ser de otro signo político, el presidente Andrés Manuel López Obrador coincidía. La obra ya estaba prácticamente concluida y él, partidario de la austeridad, no quería que se echara a perder la cuantiosa inversión. Faltaba, sin embargo, el acuerdo de los pobladores.

Tras una larga negociación, las comunidades y el Gobierno han cerrado este miércoles el trato. La Conagua ha bajado el límite de llenado máximo extraordinario a una altura de 1.598,1 metros sobre el nivel del mar. Es justo por debajo de la casa menos elevada de Palmarejo, a 1.598,5, determinó un estudio topográfico en el que participaron los pobladores. Además, en la cortina de la presa se construirán seis grandes ventanas, de nueve metros de altura y 12 de ancho, para evacuar el agua que sobrepase el límite máximo ordinario. Conclusión: Temacapulín y sus dos vecinos se salvan de la desaparición.

Las comunidades han aprovechado la presencia de la plana mayor del Ejecutivo para enumerar una lista de 15 demandas, abstractas y concretas: disculpa pública del Gobierno a los reubicados, declaración del Río Verde como área natural protegida, nombramiento de Temacapulín como Pueblo Mágico, restauración del panteón viejo y de la basílica, un nuevo andador hasta la glorieta, escuela secundaria… Todas las peticiones se han leído junto al nombre y apellido del secretario considerado responsable.

Vista de la Presa "El Zapotillo".
Vista de la Presa "El Zapotillo".GOBIERNO DE MÉXICO

El acuerdo soluciona el conflicto comunitario, pero solo resuelve de modo parcial el problema de escasez de agua. De repartir 8,6 metros cúbicos de agua por segundo a Guadalajara, los Altos de Jalisco y León, la presa pasará a abastecer solo tres metros cúbicos por segundo. Se descarta llevar agua a León y Guadalajara se queda como principal beneficiada. “Nos hace muchísima falta”, ha valorado este miércoles el gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro.

Las últimas obras hídricas para abastecer a Guadalajara se remontan a 1991. Mientras, su población ha crecido en 1,5 millones de personas. Esa combinación ha dejado a la ciudad con un déficit de tres metros cúbicos por segundo, según un informe publicado por Conagua en 2017. Con El Zapotillo este organismo esperaba cubrir la demanda para los siguientes 30 años. Sin embargo, la nueva capacidad de la presa, estima el Gobierno estatal, asegura el líquido para los próximos 12 años.

Las proyecciones se enfrentan, en cualquier caso, a un panorama de precipitaciones cada vez más irregulares. En abril, el 83% del territorio sufría de una sequía de moderada a severa. “Las previsiones para México no son alentadoras y esto se va a trasladar en una extensión de la temporada seca”, indica el investigador Omar Arellano, de la UNAM. “Las presas al norte de Guadalajara este año sufrieron un desabasto muy fuerte por la falta de agua. Estuvieron casi en números rojos”.

Inaugurar nuevas presas como la de El Zapotillo son “respuestas a corto plazo”, advierte Helena Cotler, investigadora del CentroGeo, quien llama a las autoridades a buscar otras opciones para asegurar el abasto. “Desde los años 50 siempre se ha apostado por las presas como iconos para el desarrollo. Ahora en el contexto del cambio climático hay que visualizar otras alternativas, una es el tratamiento del agua en las ciudades, que es muy bajo”, apunta la experta.

Mujeres caminan en Temacapulín, Jalisco.
Mujeres caminan en Temacapulín, Jalisco. Andrea Murcia (CUARTOSCURO)

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Jon Martín Cullell

Es redactor de la delegación de EL PAÍS en México desde 2018. Escribe principalmente sobre economía, energía y medio ambiente. Es licenciado en Ciencias Políticas por Sciences-Po París y máster de Periodismo en la Escuela UAM- El PAÍS.

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