Germán Martínez: “Se necesita arrojo para generar historia y la oposición está aturdida y muda”

El senador del Grupo Plural, exdirigente del PAN y exlegislador de Morena, acusa a López Obrador de haberse desviado de sus promesas: “Lo elegimos por dos cosas: acabar con la corrupción e igualar al país”

El senador Germán Martínez Cázares en su oficina de Coyoacán.
El senador Germán Martínez Cázares en su oficina de Coyoacán.CLAUDIA ARÉCHIGA

Germán Martínez Cázares (Quiroga, Michoacán, 54 años) es uno de los políticos mexicanos que mejor conoce los engranajes del poder. Hoy ha optado por criticar a sus principales guardianes, tanto las fuerzas tradicionales como el movimiento de Andrés Manuel López Obrador. Apoyó el proyecto del presidente y al principio del sexenio estuvo al frente del Instituto del Seguro Social, organismo que acabó dejando tras denunciar la injerencia de funcionarios de Hacienda. Se integró entonces a la bancada de Morena en el Senado, aunque el pasado noviembre rompió con la formación oficialista y pasó a formar parte del Grupo Plural. Pero antes de su etapa en la Cuarta Transformación estuvo casi tres décadas en el Partido Acción Nacional (PAN), donde ocupó varios cargos y llegó a ser su máximo dirigente. Antes, Felipe Calderón le había nombrado secretario de la Función Pública.

El senador, abogado de formación, recibe a EL PAÍS en su despacho de Coyoacán. En la mesa, tres volúmenes sobre su tierra natal: la Relación de Michoacán de fray Jerónimo de Alcalá, un libro sobre el volcán Paricutín y una historia breve del Estado. Martínez no escatima críticas contra nadie. Del presidente a sus adversarios, hila una impugnación a la práctica totalidad de las dinámicas políticas del país y a la falta de iniciativa. A pesar de todo, se dice optimista: “Estoy convencido de que un día el coyote de las caricaturas agarrará al correcaminos. Un día lo vamos a atrapar”.

Pregunta. Empezó este mandato en las filas de Morena y al lado de López Obrador. ¿Qué ha cambiado desde 2018?

Respuesta. López Obrador llegó con una poderosísima bandera que abandonaron el PAN y el PRI. “Por el bien de todos, primero los pobres”, con el ánimo de pagar una deuda social con la igualdad que tenemos en este país y con una convocatoria a reconciliar al país. Esa reconciliación no se ha dado y, al contrario, han crecido los pobres. Y la oposición no tiene ninguna bandera de deuda social ni de igualdad. López Obrador es creíble en ese discurso, aunque no ha sido eficaz. Yo me adelanté. Ese es el momento de mi ruptura. Pero esa bandera sigue viva, la deuda social sigue abierta, la herida de la desigualdad sigue abierta y no la ha tomado la oposición ni ha sido eficaz López Obrador.

Germán Martínez Cázares en su oficina.
Germán Martínez Cázares en su oficina. CLAUDIA ARÉCHIGA

P. Lo que ocurre es que, al menos discursivamente, esa bandera sigue siendo del presidente.

R. El gran fracaso de la 4-T es que se está derrumbando lo público. Y lo público es lo único que tienen los pobres para salir de pobres. En la educación se ha ampliado la brecha entre quienes van a la escuela pública y quienes van a la escuela privada, entre quienes tienen acceso a las tecnologías de la información y quienes no tienen acceso a esas tecnologías. Y la pandemia la profundizó más en salud. La salud pública se ha achicado. Un partido de izquierda ha privatizado los servicios de salud, hay más consultorios adyacentes a farmacias, por lo tanto privados, y más compra de medicinas y más bonanza en la industria privada farmacéutica que en la industria pública. Tercero, se está privatizando lo más público que tenemos, que es la calle: la privatizan el crimen y el narco, la privatiza el miedo o la delincuencia. Y digo más, no hay crédito público. Yo no confundo lo público con lo estatal ni gubernamental. Lo público es de todos y yo lo abrazo.

P. Ha mencionado una de las grandes crisis que sufre el país. ¿Qué está fallando en la estrategia?

R. Dos respuestas. La primera es que hay una insensibilidad del Gobierno con las víctimas de delitos. Los abrazos deben ser para las víctimas y los balazos, legítimos y en el límite de los derechos humanos, para la delincuencia. Pero hay una insensibilidad terrible a la desaparición forzada, al secuestro, a la extorsión, al asesinato. Se está normalizando el asesinato de periodistas. La segunda respuesta es que para combatir el crimen hay que fortalecer a los jueces locales que están a merced de los gobernadores y del crimen. Nadie los ha tocado, nadie los ha reformado.

P. Usted dejó la bancada de Morena. ¿Hay margen de acción para la oposición desde el Congreso?

R. El margen está en mantener la división de poderes. Desde la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 no hay Constitución si no hay garantía de derechos y división de poderes. Mientras algún juez se atreva a dar un amparo contra el Tren Maya, hay división de poderes. Mientras haya un senador o un diputado que critique, que mantenga la división de poderes, hay República. Entonces, hay margen para contener, ya se vio con la reforma eléctrica. Para crear una nueva realidad legal es muy difícil. Además, ya estamos en una sucesión adelantada que resquebraja o debilita a la propia mayoría. Ahora, yo creo que la verdadera reserva, el margen, nos lo da una ciudadanía crítica. Las universidades, sobre todo las públicas. Y las mujeres. No hay ningún partido político, organización política en México o sindicato capaz de organizar una manifestación como las que han exhibido las mujeres. No hay una reserva crítica e intelectual como la de la UNAM o como la de las universidades públicas para oponerse.

P. ¿Y tiene la política, según usted, una manera de capitalizarlo?

R. No soy muy religioso, pero no hay que poner vino nuevo en odres viejos. Los viejos partidos están repudiados y deben hacer autocrítica. En mi expartido todos los líderes nacionales se salieron. Mi maestro Carlos Castillo Peraza se salió del PAN, murió fuera del PAN. ¿Por qué se salen? Ya no se habla de sindicatos, de cooperativas, de participación, de utilidades de los trabajadores. Nadie reclamó que no se invitara a los trabajadores a la firma de un pacto contra la inflación. Yo no veo más que a un viejo PRI corrupto sin autocrítica, donde Alito [Alejandro Moreno, presidente del partido] se destapa mil veces y sigue igual de tapado, o donde Marko Cortés [presidente del PAN] destapa a diez y siguen igual de tapados. Mientras no se rehaga la bandera de una socialdemocracia, mientras no se rehaga la bandera de pagar la deuda social, veo a a la oposición paralizada, aturdida y muda. No dicen nada. Se necesita arrojo, como el que tuvo López Obrador, como el que tuvo Fox, aunque no me cae muy bien Fox. Como el que tuvo Calderón cuando Fox lo regañó a él. Se necesita arrojo para para generar historia y yo veo que la oposición no quiere hacer historia, quiere hacer nómina.

P. ¿Le gustaba más el proyecto de López Obrador como opositor?

R. A mí me gustaba la reconciliación a la que llamó en la campaña. No me gustó su cosmovisión personal de la historia de que los españoles y la Iglesia nos pidan perdón. Que nos pidan perdón los norteamericanos que se robaron la mitad del territorio. A López Obrador lo elegimos por dos cosas y nada más: para acabar con la corrupción y para igualar al país.

P. Cuando dejó el cargo en el Instituto del Seguro Social, dijo que ya estaba detectando disputas internas dentro del Morena. Ahora estamos en una carrera electoral anticipada.

R. Hay dos López Obrador. Uno es el el persistente, el tenaz, el terco. Y otro que también existe es el realista, el pragmático. ¿Cuál de los dos va a decidir el candidato? Si es el tenaz, será Claudia Sheinbaum. Si es el realista, será Marcelo Ebrard. Así de sencillo.

Germán Martínez posa para un retrato en su oficina.
Germán Martínez posa para un retrato en su oficina. Claudía Arechiga

P. Una de las críticas más frecuentes al Gobierno es la militarización. ¿Qué opina?

P. Están muy contentos los generales que están haciendo el Tren Maya e hicieron el aeropuerto Felipe Ángeles porque están en las sombras. Pero a los que les toca estar en la frontera de Jalisco y Michoacán no creo que estén igual de tranquilos. Esto está generando una división entre militares privilegiados y militares no privilegiados dedicados al combate del crimen. Segundo, no estamos fortaleciendo nuestras capacidades policiacas, ni nuestra Inteligencia. No pierde soberanía México si se coordina con la DEA, si se coordina con el Mosad o con la Guardia Civil española.

P. ¿Qué le parece la posición de López Obrador ante la Cumbre de las Américas?

R. México debería liderar las presencias, no las ausencias. Hay que decirle a Joe Biden o al presidente que sea de Estados Unidos que se acabe el bloqueo a Cuba en su cara. Frente a frente. No liderar las ausencias de la mano del asesino Daniel Ortega. Yo creo que México debió jugar un papel de puente geopolítico entre América del Norte y Latinoamérica. ¿Por qué? Porque se olvida que nuestros mayores ingresos son turismo, petróleo y las remesas de mexicanos trabajando en Estados Unidos.

P. Acaba de dibujar un panorama desolador bajo muchos aspectos. Si tuviera que identificar un motivo de esperanza, ¿cuál sería?

R. El dinero está llegando a América del Norte. Si lo aprovechamos, si hacemos cadenas productivas, si generamos desarrollo, si no despreciamos a las universidades, si fomentamos las buenas relaciones con Estados Unidos y con Canadá... Ahí hay un punto de optimismo. Yo soy optimista y por eso estoy en política, no para ser un agorero de los desastres. Estoy convencido de que un día el coyote de las caricaturas agarrará al correcaminos. Admiro al coyote, esa rebeldía, es como en el mito de Sísifo, una y otra vez subiendo la piedra. No se equivoca el pueblo. Ni cuando votó por López Obrador, ni cuando votó por Fox, porque ya no quería al PRI y ahora no quiere al PRI ni al PAN. Hay suficiente coraje cívico para volver a subir la piedra y atrapar al correcaminos. Un día lo vamos a atrapar, estoy seguro.

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Francesco Manetto

Estudió Filosofía y Letras y en 2006 empezó a trabajar en EL PAÍS tras cursar el Máster de Periodismo del diario. En Madrid se ha ocupado principalmente de información política y, como corresponsal en la Región Andina, se ha centrado en el posconflicto colombiano y en la crisis venezolana. Actualmente trabaja en la redacción de Ciudad de México

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