Una terraza de letras, activismo y baile de México para el mundo

Más de un centenar de novelistas, científicos, y premios Nobel se reunieron este fin de semana en el Hay Festival de Querétaro. Muchas pasaron por la misma azotea de la ciudad mexicana

La activista Tawakkol Karman, en Querétaro.
La activista Tawakkol Karman, en Querétaro.Daniel Mordzinski

Alma Guillermoprieto está bailando. Son movimientos elegantes que duran unos segundos y la periodista mexicana regresa a sus formas contenidas. Tiene auriculares en los oídos –se los dio un periodista– y no es posible saber qué escucha, quizás es parte de la entrevista. Acaba de presentar La vida toda (Debate, 2022), una recopilación de crónicas de autores estadounidenses que ella antologó. En el encuentro con lectores, contó que desde hace un tiempo, cuando empieza a ver una película, no consigue terminarla. Dice que la va a seguir viendo otro día y eso nunca pasa. Como le ocurre a cualquiera.

Guillermoprieto, cronista de América desde hace medio siglo –también bailarina profesional durante casi una década–, está en la terraza de un hotel céntrico de Querétaro, en México. Este rectángulo color ocre es el lugar al que llegan los autores que participan hasta este domingo del Hay Festival cuando bajan del escenario para que la prensa les pregunte. Aquí, sin las luces apuntando de frente, novelistas, poetas, científicos, músicos y activistas vuelven a ser las personas normales que son. Aunque ya lo había avisado por la mañana Rosa Montero: “La normalidad no existe. Todos somos divergentes. Claro, algunos son más raros que otros”.

La cronista Alma Guillermoprieto, en Querétaro.
La cronista Alma Guillermoprieto, en Querétaro.Daniel Mordzinski

Cuando llega la activista Tawakkol Karman a la terraza, el fotógrafo Daniel Mordzinski la hace posar con su hija, que corre al baño a peinarse. Karman fue la primera mujer árabe en obtener el Premio Nobel de la Paz por su liderazgo en las protestas de 2011 en Yemen. La hija regresa y el padre de la joven les da un abrazo que las contiene a las dos. Más tarde sube otro premio Nobel, el nigeriano Wole Soyinka, que presenta su libro más reciente, Crónicas desde el país de la gente más feliz de la Tierra (Alfaguara, 2021). Salió de su charla, firmó libros y acá está. El público le había hecho preguntas que le costó responder, como de dónde saca la inspiración o cómo acabar con la corrupción:

–He luchado contra esa cosa toda mi vida y no he conseguido nada hasta ahora– bromeó primero y siguió. –Creo que, como el poder, la corrupción es una toxina que no puede ser totalmente erradicada.

La terraza los iguala en un lugar y en una situación: las entrevistas. Hay una decena en marcha y la azotea es inesperadamente silenciosa.

Margo Glantz lleva más de una hora en el mismo rincón del sofá y sostiene un vaso con café que se enfriará mientras habla sin apenas cambiar el gesto. Rosa Montero tampoco se levanta por un buen rato hasta que tiene un hueco y encuentra, entre los aperitivos, una bolsita con garbanzos enchilados. El poeta Paul Muldoon, ganador del Pulitzer, se estira mientras espera a que pase el siguiente reportero y bosteza. Wilfried N’Sondé presentó esta mañana su libro Un océano, dos mares, tres continentes (Elefanta editorial, 2022) y ahora el escritor congoleño responde con la ayuda de una traductora en francés. La narradora Dahlia de la Cerda se levanta y sigue respondiendo mientras va andando a su charla porque si no, no llega.

La ensayista Margo Glantz, en Querétaro.
La ensayista Margo Glantz, en Querétaro.Daniel Mordzinski

Jarvis Cocker sale a esa hora al escenario de un teatro a 500 metros de la azotea. Un hola, así en español, le vale una ovación al líder de la banda de pop británico Pulp. Muchos de los que estaban en la terraza están ahora acá. Él no pasó por el segundo piso del hotel céntrico, tal vez habría causado demasiado escándalo. La periodista Mariana H. lo presenta así: “Él nos hizo sentir importantes. Y cuando digo ‘nos’ me refiero a los indignos, a los perdedores, a los de corazón roto… La gente común, como tú dices”. Mariana H. lo menciona por ese himno de la banda que es la canción Common people, sobre una rica heredera griega que quiere vivir como las personas corrientes.

Cocker trae consigo una bolsa de basura color negro y empieza a sacar cosas que recuperó del desván londinense donde las había tirado. Un pedazo de jabón viejo o el cuaderno en el que a los 15 años garabateó una guía ilustrada del atuendo que usaría Pulp. Todo lo cuenta en el libro que presenta, Pop bueno, pop malo (Sexto piso, 2022). Tras la firma de libros, Cocker se va de la forma más común que puede, acompañado por un equipo de seguridad que lo escolta hacia el exterior por una puerta lateral con su familia.

Para llegar hasta ahí atraviesa, por un costado, la sala oscura en la que están conversando Vivian Gornick y la locutora Elvira Liceaga. Los días previos a la charla, la escritora neoyorquina, una de las voces más relevantes del feminismo en Estados Unidos, se cayó y en la terraza se comentaba que quizás se suspendería el evento. Pero aquí está, con 88 años y varios puntos en la boca. “La equidad entre géneros es una de las cosas que más temor genera en el mundo”, dice la autora de Apegos feroces y La mujer singular y la ciudad, “y esa es mi buena noticia de la tarde”.

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