Cuatro años de impunidad y amenazas por buscar a su hijo: la desaparición de Jonathan Romero tras cruzarse con la policía de Guerrero

Su madre, que continúa la búsqueda desde Ciudad de México, vio por última vez al joven de 26 años a finales de 2018. Denuncia el hostigamiento y la indiferencia de las autoridades

Socorro Gil durante una jornada de búsqueda en Acapulco, Estado de Guerrero, el 22 de febrero de 2022.
Socorro Gil durante una jornada de búsqueda en Acapulco, Estado de Guerrero, el 22 de febrero de 2022.Carlos Alberto Carbajal

La vida de Socorro Gil dio un vuelco el pasado 5 de diciembre de 2018. Una amiga le contó por teléfono que su hijo, Jonathan Guadalupe Romero, de 26 años, y otro joven estaban siendo registrados por la policía cerca del Zócalo de Acapulco, en Guerrero. Gil le llamó: “Le pregunté qué pasaba. Me dijo que no lo sabía y que me regresaría la llamada más tarde”. Las palabras de su hijo a través del celular fueron las últimas que tuvo de él. Dos días más tarde, abrió un acta por desaparición forzada. Desde entonces, la madre fue amenazada y extorsionada, por lo que se vio obligada a cambiar de ciudad y refugiarse en Ciudad de México. El caso aún se encuentra impune.

Gil defiende que fue la policía la que se llevó a su hijo y a Carlos Ignacio Rojas, un amigo del joven al que también registraron y cuyo cuerpo apareció sin vida un día después. “En la Fiscalía encontraron un video de cuando fueron a tirar al otro chico y desaparecieron ese video, ya no está en la carpeta [de la investigación]. En Guerrero no tenemos justicia, no tenemos ley”, dice sentada en un parque de Coyoacán, al sur de la capital, después de una tarde entera dedicada a pegar carteles con la cara de su hijo.

Asegura que no conocer la situación de Jonathan es lo peor que le podría haber pasado como madre. “Ya son cuatro los años que vivimos [ella y su familia] en la oscuridad, en la total desprotección. El Gobierno no nos apoya. Muchas veces salimos a buscar con nuestros propios recursos”, cuenta Gil. Afirma que, dos años después de la desaparición de Romero, consiguió que las autoridades realizaran una batida de búsqueda, aunque siente que “faltó mucho” por hacer. Ahora, indica, acaban de aprobar otra nueva búsqueda, aunque aún faltan trámites para realizarla.

Socorro Gil y dos compañeras durante una búsqueda en el cerro de la Estrella, en Ciudad de México, en marzo 2022.
Socorro Gil y dos compañeras durante una búsqueda en el cerro de la Estrella, en Ciudad de México, en marzo 2022.

El tiempo y los recursos se focalizan como un punto clave para continuar con las búsquedas. “Las madres que no están buscando están trabajando”, afirma Gil, que señala que en su tiempo libre vende dulces para poder pagar los costes de las búsquedas. Llegó a Ciudad de México tras haber sufrido amenazas y extorsiones en Guerrero. Llamadas anónimas que la presionaban para que dejara de insistir en la Fiscalía estatal. Más tarde, se unió a las brigadas para ayudar a encontrar a los desaparecidos de otras familias. El número de desaparecidos en México ha superado la cifra de los 100.000 desde 1964, año en el que comenzó el recuento.

La directora de SIMO (una institución especializada en análisis sociales) y coautora del análisis Estructura y Función de la Impunidad en México, Azucena Cháidez, asegura que el panorama judicial en el país “es preocupante”. Con cifras oficiales, defiende que los fondos en esta materia son “escandalosos”. “El presupuesto que hay en este país para procuración de justicia es de 14 pesos per cápita. No es nada”, señala la directora. El estudio del que es coautora destaca que, en México, ninguno de los Estados imparte justicia de una manera óptima.

En un índice que va del cero (territorios con menor impunidad) al 100 (en los que hay mayor impunidad), el estudio sitúa al Estado de Guerrero (con 60,36 puntos) por encima del promedio nacional (60,08), aunque lejos del territorio con mayor índice, Estado de México (74,55). Cháidez defiende que la impunidad no se puede pensar como un concepto “aislado”, sino que es parte de un todo. “El hecho de que no tengamos policías suficientes, de que no tengamos personal en las procuradurías... Es lo que va construyendo la posibilidad de que los delitos queden sin castigo”, cuenta la investigadora, que considera importante entender la solución para esta situación no se puede basar en una respuesta única y sencilla.

Fotografías de Jonathan Guadalupe Romero, a la izquierda en la glorieta de los desaparecidos en Ciudad de México, y a la derecha en una playera de su madre, Socorro Gil.
Fotografías de Jonathan Guadalupe Romero, a la izquierda en la glorieta de los desaparecidos en Ciudad de México, y a la derecha en una playera de su madre, Socorro Gil.

Gil recuerda a su hijo como un joven “muy tierno y cariñoso”. Romero había terminado la carrera de Derecho: “Tenía muchos sueños y proyectos por hacer y se los truncaron”. Pensar en su hijo le lleva a emocionarse y, pronto, las lágrimas comienzan a caer por su rostro. “Hubo tardes en las que me sentaba en la orilla del mar y le hablaba para preguntarle si lo habían arrojado ahí. Quería encontrar aunque fuera un pedazo de su playera, de su short o su gorra. Algo que me indicara que mi hijo había quedado por allí”, rememora la madre.

Han pasado cerca de cuatro años desde que su hijo le dijo que le regresaría la llamada tras ser registrado. Antes de dormirse, habla, besa e incluso riñe en algunas ocasiones a una foto de Jonathan Guadalupe Romero. “A veces llorando, a veces enojada, le digo: ‘¿No me quieres, por qué no me das una señal de dónde estás para ir por ti? Dímelo en mis sueños, dime dónde estás. Necesito encontrarte para seguir viviendo, esto no es vida’”. En algunas ocasiones, la madre abraza sus propios brazos como si estuviera abrazando a su hijo y, en otras, le da las buenas noches a su fotografía.

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